UPN reunió ayer a sus cargos municipales para hacer una demostración de fuerza

UPN ha contestado a la crisis creciente en el Ayuntamiento de Pamplona con una pretendida demostración de fuerza. El dirigente regionalista, Javier Esparza, reunió ayer en Marcilla a buena parte de los cargos locales de la formación, a los que juntó en una foto bajo el icónico castillo de la localidad y a los que lanzó mensajes de optimismo y reivindicación de la sigla.

Un acto nada inocente y que llega justo cuando el debate sobre la continuidad de Cristina Ibarrola como alcaldesa de Pamplona está más en duda, sobre todo después de las reiteradas denuncias de la oposición –que tiene mayoría holgada en el Consistorio– acerca de lo insostenible de la situación. 

En el acto, el todavía presidente de UPN –que no ha aclarado si se presentará al congreso del partido– quiso sacar músculo y presumió de ser la “principal fuerza municipal y municipalista de Navarra”.

Esparza recordó que los regionalistas “no solo” gobiernan “para una mayoría de navarros y navarras a nivel municipal”, no solo tienen “una implantación territorial a lo largo y ancho de Navarra como ningún otro partido tiene”, sino que llevan “el municipalismo en el ADN” de la formación, y actúan “en consecuencia”.

Sobre esto último, Esparza pidió a los asistentes “que ejerzan esa función de partido líder en Navarra y sean generadores de políticas municipales sensatas, moderadas y útiles, alejadas de extremismos y sectarismos, y centradas únicamente en la mejora del bienestar de los ciudadanos”. “Nosotros somos distintos a otras formaciones y tenemos otra forma de hacer política, gobernamos y hacemos nuestra labor municipal para nuestros vecinos sin mirar qué votan o qué ideología tienen”,añadió.

Marejada interna

El partido, que dio cuenta de la asamblea en un comunicado, admitió que “a UPN nadie se lo va a poner fácil”, porque siguen siendo “el enemigo a batir, no ya únicamente por EH Bildu, sino incluso por el propio PSN, como se está demostrando en un intento de excluirnos para ocultar la Navarra real”.

“A los alcaldes y concejales de UPN les digo que no se dejen llevar por esta provocación y los animo a trabajar con responsabilidad, valentía y compromiso, respetando y escuchando al que piensa diferente”, enfatizó Esparza. Un mensaje que es difícil no interpretar en clave pamplonesa, ahora que la continuidad de Ibarrola está más en entredicho que nunca. Incluso el PP, en el último pleno celebrado en la ciudad, recomendó a la alcaldesa ir haciéndose a la idea de que su continuidad es más que cuestionable.

Esparza, en clave de reivindicación interna, presumió de que “ya quisieran para sí” el resto de partidos la representación municipal que tiene UPN. “Nos podrán apartar de algunas responsabilidades, pero saben que somos necesarios y determinantes”, aseguró. Es una frase que da pie a la doble lectura y que parece apuntar que en el cuartel de los regionalistas ya se asume que la moción de censura sobre Ibarrola puede ser real.

El encuentro llega pocos días después de que el comité local de UPN en el Valle de Egüés, la tercera localidad más poblada de Navarra, haya sufrido una purga de críticos con la apertura de varios expedientes y la citación de algunas personas –como la exalcaldesa de la localidad, Amaya Larraya– a dar explicaciones ante los órganos del partido por comportamientos que la dirección ha creído censurables. La crisis se ha saldado con la imposición de algún expediente y con la baja como afiliado de algunos de los involucrados.