Javier Remírez (Pamplona-Iruña, 1975) podría decir aquello de ‘Decíamos ayer’, expresión, como él mismo apostilla, atribuida a Fray Luis de León. Remírez explica las claves de su retorno y da señales de un perfil más incisivo para “dar la batalla” comunicativa. Dice que su reto va a estar “centrado sobre todo” en una “comunicación más eficaz”, pues cree que “no es momento de estar a la defensiva sino a la ofensiva”, lo que “no quiere decir igualarse al extremismo de la ultraderecha en sus métodos y formas”, sino reivindicar una política de “diálogo y acuerdo y de derechos y libertades que ahora está en peligro”.

¿Cómo está yendo el retorno al Palacio de Navarra?

–En mi primera etapa la responsabilidad institucional era prácticamente novedosa para mí. Ahora vengo a un Gobierno muy maduro en todos los sentidos, con una orientación política muy clara y asentada, con más de 45 iniciativas legales aprobadas en el Parlamento, además de Presupuestos y medidas fiscales. El Gobierno funciona con una línea muy coherente.

¿Qué le transmitió la presidenta?

–Que no era un cuestionamiento ni de la línea política del Gobierno, ni de las personas, ni de su gestión, tanto del vicepresidente Taberna como de la consejera Amparo López, sino que era necesario un impulso político, renovar fuerzas, cambiar caras para esta última parte de la legislatura donde hacía falta otro tipo de perfiles.

Si se buscaba refrescar caras había otros rostros. Lo suyo se ha leído como señal de confianza máxima.

–La presidenta ha optado, tanto en el caso de Inma Jurío como en el mío, por personas experimentadas para dar certidumbres a la ciudadanía y afrontar esta nueva línea y tiempo político de aquí al final de legislatura.

¿Ha hablado con Félix Taberna?

–Sí, tanto el día de mi nombramiento como después para el traspaso de información. Para mí siempre ha sido y sigue siendo un referente político, y solo he tenido facilidades de él.

Que te cambien en pleno partido significa que algo no funciona.

–Yo de Félix solo he encontrado colaboración, disponibilidad absoluta, también a partir de ahora. He encontrado a una persona en paz, con tranquilidad y afán de seguir ayudando.

¿Y con Amparo López?

–He intercambiado mensajes pero tengo pendiente estar con ella. En la anterior legislatura fue directora general de Interior y tengo la mejor opinión como una servidora pública absolutamente dedicada, muy eficaz, tanto entonces como de consejera.

En 2023 Chivite le comunicó que no continuaría en el Gobierno en esta legislatura. ¿Qué pasó?

–La legislatura anterior fue especialmente intensa sobre todo protagonizada por la pandemia y todo lo que supuso. En el departamento tenía bastantes direcciones generales adscritas con especial peso en ese contexto. Lógicamente eso a cualquier persona le desgasta a nivel personal.

¿Se lo expresó a la presidenta?

–No, lo que expresé es que el volumen de trabajo exigía una reflexión, como se ha producido de hecho en esta legislatura, acerca de distribuir tareas y funciones. Las Generales de 2023 se convocaron al día siguiente de las autonómicas y municipales y en las reflexiones en el partido sobre los mejores equipos para esos comicios, ella estimó convenientes perfiles con experiencia. Yo había trabado una buena relación con el Gobierno de España y mi papel podía ser muy interesante encabezando la lista del Senado. Y acertó, porque los resultados fueron históricos.

¿Qué ha aprendido allí?

–He conocido mejor la España plural. Somos el único grupo con senadores en cada una de las provincias. He trabajado en el impulso de cuestiones fundamentales, como el incremento del SMI o los permisos retribuidos. Y he visto una deriva extremista del Partido Popular absolutamente preocupada por la influencia de Vox. Lo que tiene que ser una cámara territorial se ha convertido en caja de resonancia de la estrategia del PP con una utilización a beneficio único partidista.

Hay quien reduce la labor en el Senado a las intervenciones.

–El Senado y el Congreso tienen dos funciones, de control al Gobierno y de iniciativa o proposición legislativa. La oposición lógicamente tiene mucha más proactividad en el control al Ejecutivo. Sin embargo la función que hemos ejercido los socialistas siendo más callada ha sido mucho más útil de cara a conseguir que Navarra saliera beneficiada en las políticas públicas, y ahí está el Canal, el tren de altas prestaciones, un montón de interlocuciones con agentes económicos y sociales y un largo etcétera.

¿Viene con un colmillo más afilado?

–No, fíjese que he pasado de ser el moderado del Gobierno a que ahora me definan como el radical y una especie de hacedor de trincheras.

Habla de pasar a la ofensiva.

–Mi estilo no cambia. Siempre me he considerado una persona templada y moderada en las formas, trato de buscar en lo posible terrenos de consenso, de diálogo o acuerdo. Pero no me callo ante las mentiras y la injusticia. Lo he demostrado toda mi vida. En los momentos complicados, cuando había que dar un paso al frente, lo cómodo era estar callado, pero cuando he considerado que estaban en juego cuestiones fundamentales como la libertad o la democracia, salíamos al frente y a veces nos partían la cara. Ahora hay una extensión de la mentira como forma de hacer política, donde los bulos campan a sus anchas y se da una auténtica ofensiva de la extrema derecha perfectamente planificada y financiada para suprimir nuestro sistema de derechos y libertades. Ahí sí soy firme. Con educación, argumentos y datos, pero firme. Si eso es ser radical para algunos, pues entonces soy un radical.

En la legislatura previa hacía labor de engrase con Aierdi. Ahora la hará con las dos vicepresidentas.

–Exactamente, he recibido todas las facilidades del mundo por parte de las vicepresidentas Ollo y Alfaro. Es nuestra obligación mantener una interlocución permanente de cara a que el Gobierno fluya al máximo y plasmemos los compromisos programáticos y presupuestarios. El bloque progresista, de Gobierno, ya lo dije en su momento, no solo es una apuesta de presente, es el futuro.

¿Qué principales temas tiene encima de la mesa de aquí a primavera?

–Una es la ley foral de Transparencia, que especialmente incide en el registro de los lobbies. Y la ley foral del Voluntariado, en una tierra como la nuestra. Por otro lado la gestión de las transferencias, lógicamente en colaboración con los departamentos afectados por las mismas. Tenemos en fase de negociación tanto la I+D+I como becas y el jueves el Gobierno d España nos certificó su interés en negociar la transferencia de inspección Laboral y de la Seguridad Social. Fortalecer el autogobierno que ha traído ya a Navarra cuatro transferencias después de 20 años de sequía y estamos negociando otras tres más. Y también en Igualdad, una lucha permanente contra el machismo estructural que existe y más en un contexto de la extrema derecha. Este Gobierno va a seguir impulsando planes específicos al respecto.

El caso Cerdán lo condiciona todo. ¿Dónde debe estar el centro de gravedad del Gobierno ante el desgaste sufrido desde junio?

–Tolerancia cero hacia la corrupción, colaboración total con las autoridades judiciales, aun sabiendo que a día de hoy ninguno de los contratos del Gobierno de Navarra están siendo investigados en el ámbito judicial. Ahora mismo con toda la rotundidad hay que decir que no hay corrupción en el seno del Gobierno. Eso no quiere decir que tengamos que quedarnos tranquilos a la hora de mejorar todos los instrumentos de control de transparencia, como estamos haciendo.

¿Ni tampoco sombra en el anterior?

–Tampoco. Hay un relato que trata de extender la sospecha generalizada. En los gobiernos puede haber a veces cuestiones que son irregulares de manera administrativa. Pero de ahí a hablar de corrupción va un trecho. Ni a UPN ni al PP les interesa que esto se diferencie. En el Gobierno de Navarra nadie se ha aprovechado de su cargo.

Las críticas también plantean una mala gestión. Y un director de Obras Públicas ha sido destituido.

–Pero esa destitución nada tiene que ver con el proceso de adjudicación del contrato de Belate, se centra en un modificado después de la adjudicación no ratificado por la Intervención General, que generó un reparo suspensivo que el Gobierno lo hizo suyo. El director general asumió una responsabilidad política porque firmó la resolución que avalaba ese modificado. El Gobierno actuó con rotundidad. Belate es una obra absolutamente imprescindible. Y mientras el Gobierno de UPN financiaba con 60 millones de euros el circuito de Los Arcos no realizaba esas obras. En 2019 nos encontramos con un expediente sancionador de la UE que nos obligaba a cerrar el túnel, y bajo responsabilidad personal y penal del exconsejero Ciriza, del consejero Óscar Chivite y del director general Pedro López esos túneles siguen abiertos. Recursos había, pero prefirieron destinarlos a los circuitos de los amigos que a cumplir con la normativa europea y salvar vidas de conductores navarros.

¿Se consideraba amigo de Cerdán?

–No en el sentido de una amistad más allá de la trayectoria política, pero tenía una relación muy buena como compañero de partido y diputado en Madrid con el que hablaba desde mi responsabilidad en el Gobierno de Navarra de cuestiones que afectaban a la Comunidad Foral.

¿Se ha cruzado algún mensaje con él o con su entorno desde junio?

–No.

¿Qué mensaje tiene para UPN y PP en todo este contexto?

–Este Gobierno sigue teniendo la mano tendida hacia UPN y Partido Popular, que representan una parte muy importante de la sociedad navarra. Por tanto no queremos dar la espalda a esa parte de la sociedad ni a sus representantes. Mano tendida para llegar a un punto de encuentro y a acuerdos en cuestiones que beneficien a la Comunidad Foral.

No parece que vayan a aflojar. ¿Lo suyo es una llamada elegante?

–Es sincera, porque realmente es lo que la ciudadanía quiere, incluso los votantes del PP y de UPN, que seamos útiles. Evidentemente habrá diferencias claras, porque nosotros tenemos un programa de orientación progresista, pero podemos llegar a puntos de encuentro, sobre todo en cuestiones básicas. Lo creo necesario, para que la convivencia y el progreso de nuestra sociedad sean más sólidos.

Hay quien ve en usted un perfil para un futuro armisticio si cambia el tablero. De consensos más allá de los básicos con UPN.

–La apuesta del Partido Socialista por liderar el espacio progresista de Navarra es irreversible. Estamos dispuestos a acordar con cualquier fuerza política que represente a la ciudadanía, a excepción de los que no creen ni en la convivencia ni en el pluralismo de esta sociedad ni en el autogobierno, que es la extrema derecha. Para todos los demás tenemos la mano tendida a acordar sobre cuestiones concretas. Pero la idea estructural de Gobierno es irreversible.

Miguel Sanz ha planteado la relación que cree que debe tener el PP con Vox, con derivadas para UPN.

–UPN está en una estrategia absolutamente radicalizada. No tiene propuestas para la sociedad navarra. No pone encima de la mesa cuál es la alternativa a este Gobierno en materia de políticas concretas. Es todo no, a los Presupuestos, a las medidas fiscales, un no permanente.

A menudo desde una invocación a mejorar los servicios públicos.

–Todos estamos de acuerdo en mejorarlos, pero que ponga alternativas, solo vemos una posición radical, absolutamente entregada o mediatizada por un miedo demoscópico a Vox. Y no se da cuenta que siendo radical, alejándose de la centralidad está alimentando a la extrema derecha, como también hace el Partido Popular en el resto de España.

Aquí solo había dos parlamentarios de Vox, que encima rompieron.

–Pero ver que Miguel Sanz apuesta por colaborar con quien no cree en la España de las autonomías, ni en el autogobierno de Navarra, ni en el progreso compartido, y quiere cercenar nuestras competencias... No reconozco a esa UPN foralista o que pueda ser más centrada en el actual liderazgo.

¿Y qué pasa si EH Bildu da el sorpasso al PSN?

–Ahora mismo no lo contemplamos.

¿No le han traído pensando en evitarlo?

–No, porque ahora mismo no se contempla de ninguna de las maneras.

¿Y no tendrían que trabajarlo? Tienen un problema de imagen.

–Mire, recuerdo en la campaña de 2019 que al PSN le hacían elegir entre hacer presidente a UPN o a Uxue Barkos, y de repente sucedió lo que sabíamos que iba a suceder, que el Partido Socialista iba a ser el referente dentro del bloque progresista y va a seguir siéndolo en 2027.

Parte de esa hipótesis de sorpasso descansa sobre el resultado que tenga Geroa Bai.

–Yo como socialista quiero que mi partido gane apoyos y como perteneciente a un Gobierno de coalición progresista, quiero que las tres formaciones se fortalezcan. Es mi deseo. Ojalá tengamos los tres los mejores resultados posibles y ojalá sumásemos entre los tres mayoría absoluta.

¿Cuál es su reflexión sobre Pedro Sánchez? A pesar de las críticas nunca termina de caer para desesperación de la derecha.

–Mire, Pedro Sánchez es una persona absolutamente consciente del momento político en el que vivimos en España, que tiene mucho que ver con el que vive Europa y el resto del mundo, protagonizado por una extrema derecha muy movilizada, muy bien financiada y con una estrategia muy clara de desgaste de las democracias liberales. Recuerdo la primera reunión del curso político en 2023, donde ya dijo lo que iba a pasar, una estrategia de acoso y derribo de la figura del presidente del Gobierno por lo que representaba.

¿No han dado bola a la ultraderecha como se decía de Miterrand?

–No, no, el Partido Socialista trabaja en Navarra, en España o en Europa para que la extrema derecha sea irrelevante. Para que no tenga la más mínima capacidad de influencia en las políticas públicas. Es la otrora derecha moderada la que está dándole patente de corso y espacios de influencia y decisión a la extrema derecha. El PP con sus estrategia de elecciones anticipadas genera inestabilidad, al contrario que lo que pasa en la Comunidad Foral de Navarra. El PP solo por alimentar el interés partidista está alimentando al monstruo. Nosotros lo combatimos.

¿Cuál es la evolución desde 2019 en la relación con EH Bildu?

–Las tres formaciones del Gobierno hemos establecido una relación estructural. Primero por incomparecencia de UPN, que no ha querido pactar en clave de progreso. Ha sido EH Bildu la que ha recogido la mano que le tendía el Gobierno de Navarra. Se ha establecido una relación basada en los acuerdos, de confianza y de avance y beneficio para el conjunto de la sociedad. No hemos entrado en cuestiones identitarias ni que dividen a la sociedad, sino que la unen, especialmente a la mayoría social de progreso de esta tierra. Mientras sigamos así, respetando la institucionalidad de Navarra, la pluralidad lingüística, centrándonos en aquellas cuestiones socioeconómicas donde hay más coincidencias que discrepancias, creemos que seguimos avanzando.

Chivite quiere repetir en 2027. Usted no querrá ser un parche.

–Yo soy una persona de vocación pública y de servicio público. Me encanta la política, ahora bien, también me encanta mi profesión. Y por tanto estaré donde la presidenta quiera que esté.

Lealtad absoluta.

–No, estoy haciendo lo que me gusta, pero estaré donde se diga.