Santiago Abascal, el hombre sin sombraEP
Santiago Abascal es una de esas personas a las que no se le conoce ni oficio ni beneficio en su vida laboral que no sea ajena a los círculos de influencia del Partido Popular y más recientemente de Vox. En ambos partidos ha ido modelando su perfil intransigente con gestos desaforados, mensajes estrafalarios y xenófobos y descalificaciones que destilan odio. Pese a opositar de distintas maneras, no encontró hueco en el partido conservador y se puso manos a la obra para construir un proyecto político a su medida.
Así alumbró Vox, la casa de la ultraderecha española escriturada a su nombre. Se rodeó de una camarilla a la que sedujo para fundar y liderar un proyecto político ultranacionalista español que pusiese coto a los excesos de la democracia. En el camino su corte dirigente se ha hecho mayor y con voz propia, lo que no agrada a Abascal, pues no le gusta que nadie le haga sombra. Y como todos los sátrapas, aislado en su burbuja, donde antes veía un aliado y compañero ahora percibe un díscolo que amenaza su liderazgo. Así empezó una lista de expulsiones y purgas de sus más directos colaboradores y que ha tenido en la figura de Javier Ortega Smith el penúltimo exponente.
El todavía portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid y hasta hace poco fiel escudero de Abascal es el último purgado por el de Amurrio. Ortega Smith ha declarado que la dirección de Vox está “obsesionada” con la idea de que se está construyendo “una organización paralela a Vox”.
Vox se registró como partido en diciembre de 2013 y se presentó públicamente poco después. Abascal ya era entonces uno de los dirigentes y fue elegido meses después presidente del partido. Fue él quien colocó a Ortega Smith, entonces amigo, como secretario general del partido.
Una década después, el partido lo ha expulsado y le ha quitado la condición de afiliado por negarse a acatar su relevo al frente del grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid. Ortega Smith, uno de los fundadores de Vox y que ha presumido de ser el afiliado número 6 del partido, ha caído en desgracia por criticar a Abascal y su cúpula, y tras protagonizar episodios que Bambú, la sede central del partido ultra, percibió como provocaciones. La relación entre ambos ha pasado de la amistad de los primeros años de militancia a la desconfianza cuando en 2024 se divulgaron informaciones que apuntaban a que se planteaba disputar el liderazgo de Vox a Abascal. Desde entonces, ha estado en el punto de mira del presidente del partido hasta que ha encontrado la excusa para quitárselo de en medio.
Abascal ha colocado al frente de la operación de limpieza de los “traidores” a Garriga, que de momento sigue siendo su lugarteniente. Tirando de manual, el secretario general del partido primero ha construido una justificación política para llevar a cabo la purga basada en la endeblez ideológica y la falta de compromiso.
Es el mismo guion que se escribió en las primeras escaramuzas internas del partido con la indómita Macarena Olona o el ácrata Iván Espinosa de los Monteros como protagonistas de una pugna entre el ala liberal al que representaban frente al flanco duro del partido. Ortega Smith asistió a una conferencia de Espinosa de los Monteros, con este ya fuera del partido, alegando que “fue a abrazar a un amigo” y también se dejó ver en la tribuna de autoridades en el desfile militar del 12 de octubre, después de que Abascal rechazara acudir por no coincidir con el Gobierno. Fue la puntilla.
Antes de la marcha de Espinosa de los Monteros y de Ortega Smith, a finales de 2024 Rocío Monasterio probó la medicina de Abascal para los díscolos. Dejó el partido antes de que la sangre llegara al río, pero en su adiós reprochó al líder haber seleccionado “a dedo” a la dirección provincial de Vox y le acusó de “dejar en el olvido la democracia interna”.
Los purgados han criticado la deriva autoritaria del sector duro de Vox, a lo que se añaden las dudas sobre el “tercer sueldo” de Abascal
Otra de las líderes indiscutibles de Vox a la que la dirección de Abascal le enseñó la puerta de salida fue Macarena Olona. “Me marché de Vox porque tenía claro que iban a apagar mi voz”, explicó tras declarar que se convirtió en un “obstáculo para la actual deriva” del partido.
La conspiración contra el líder del partido ultra también aparece como telón de fondo de las depuraciones de otros históricos del partido como Iván Espinosa de los Monteros, Macarena Olona o Rocío Monasterio. De un plumazo no queda uno solo de los fundadores del partido, salvo Abascal y Garriga. Todos los demás han sido expulsados, laminados o se han ido por su propio pie.
Santiago Abascal y su número dos, Ignacio Garriga. Son los únicos dos supervivientes de la foto de Vistalegre en 2020 en la que la formación de extrema derecha .se presentó como una alternativa real. El presidente de Vox y su círculo político actúan como si estuvieran dirigiendo un club privado con el culto al líder como única razón de ser. Toda amenaza al liderazgo conlleva el señalamiento o la expulsión, un mecanismo eficaz para mantener un control férreo y evitar la aparición de figuras con peso propio.
LOS PURGADOS
Javier Ortega Smith. Hasta la fecha es el último dirigente de Vox purgado por Santiago Abascal. El hispano argentino fue secretario general de partido de la extrema derecha, formación de la que fue uno de sus fundadores. Fue diputado en el Congreso y hasta su depuración fue portavoz de su partido en el Ayuntamiento de Madrid. Hasta que a principios de febrero fue suspendido de militancia por la dirección de su partido.
Macarena Olona. Fue diputada de Vox en el Congreso y portavoz del partido en el Parlamento andaluz. Su caída comenzó cuando confesó que sus problemas con la dirección del partido eran por el “machismo” interno y porque consideran a los homosexuales ser “desviados”. También confesó que en el partido se desviaba dinero a la Fundación Disenso que preside Santiago Abascal.
Rocío Monasterio. Fue una de las fundadoras de Vox e íntegro el círculo de confianza de Abascal en los albores del partido. No fue expulsada pero abandonó el partido tras ser su presidenta en Madrid acusando a Abascal de “olvidar la democracia interna” en el partido..
Iván Espinosa de los Monteros. Ligado a Vox desde su fundación en 2013, su recorrido en el partido fue amplio ya que ejerció diferentes cargos políticos e institucionales. Encarnaba, junto a Olona, el sector liberal del partido confrontado con el sector falangista abanderado por Abascal. Finalmente, abandonó la política activa en agosto de 2023 tras sentirse “ahogado” por el sector duro del partido representado por el líder de Vox, Garriga y Buxadé.
Guerra sucia
Los purgados de Vox han cargado contra la deriva autoritaria de Abascal y en algunos casos han puesto en entredicho la financiación del partido y de su líder. Lo ha hecho esta semana el exvicepresidente de la Junta de Castilla y León que ha denunciado que, antes de su dimisión, descubrió que Abascal “se estaba embolsando un tercer sueldo en la cuenta corriente de su mujer” por valor de 60.000 euros. El exlíder de Vox en Castilla y León critica a su exjefe porque “Vox hace guerra sucia a todos los que disienten o discrepan”.
Gallardo, como el resto de los críticos que han salido del partido por la deriva autoritaria del líder de la formación, tras años aceptándola y practicándola, han probado la mano de hierro de Abascal, una deriva autoritaria que a Gallardo le ha llevado a aseverar que, del partido del que se afilió, en un futuro “solo va a quedar el plan de pensiones de Abascal”.