Mañana primaveral en el campus de la UPNA. La conversación que proponemos a Patricia Amigot e Ignacio Mendiola promete reflexiones de fondo y no defrauda. Ambos docentes proponen reforzar un pensamiento crítico multidisciplinar, imaginativo y complejo para tratar de hacer frente a un consumo de contenidos que nos hace perder profundidad, abona el individualismo y el desconocimiento. El diálogo, una vez transcrito, se divide en cuatro bloques.

Gaza: asunción de un genocidio 

-Patricia Amigot: A las ciencias sociales hay que concederles mayor importancia. En esta sociedad tienen mucha preeminencia los saberes científico técnicos, y una especie de fantasía con el ‘solucionismo tecnológico’ como dice la filósofa Marina Garcés.

 -Ignacio Mendiola: Hay además una cierta naturalización de la guerra. Se ha ido asumiendo paulatinamente su necesidad. Eso se plasma de forma muy patente y cruel con el genocidio de Gaza, y previamente en Ucrania. Con Gaza se ha asumido esa carga de violencia, que ha pasado a formar parte del ordenamiento de lo cotidiano, con las implicaciones que eso tiene de incremento de gasto bélico y de la idea de seguridad convertida en marco discursivo hegemónico, con la migración como amenaza potencial ante la cual hay que defenderse. El discurso de la seguridad es un gran problema.

-Patricia Amigot: Consecuencia en parte de haber naturalizado la competencia como norma de funcionamiento y haber borrado capacidad crítica ante los procesos de acumulación. En el fondo las normas que trascienden nuestras pequeñas sociedades son las que son, de acumulación sin límites o sin control democrático. Lo que sucede en Gaza, la aceptación general de un genocidio retransmitido en directo con una extrema crueldad, habría sido impensable hace veinte años. Ha habido un retroceso internacional, una erosión simbólica de la solidaridad, de la concepción de los seres humanos como una categoría universal. Se han reforzado los discursos que construyen al otro como una amenaza.  

Un sujeto colectivo frágil

-Ignacio Mendiola: Ha habido también una especie de creación ficticia de un sujeto colectivo que hay que salvaguardar y proteger. Pero junto a eso toda una carga de producción permanente de desigualdades. Nuestras sociedades están más asentadas en una lógica competitiva asumida que naturaliza el conflicto entre las personas y silencia desigualdades y tensiones derivadas de habitar una sociedad capitalista. .

-Patricia Amigot: La naturalización de la competencia como norma social implica naturalizar la precarización, la desprotección y a nivel global la explotación y expropiación de recursos naturales. Todo eso a veces se cubre con una capa de sujeto colectivo, pero es muy débil, con muchas contradicciones con la vida real, con que la gente no pueda comprarse una vivienda o tener un sitio para vivir, por ejemplo. 

-Ignacio Mendiola: La violencia tiene que ser expuesta, hay que describirla, pero también impugnarla. No podemos naturalizar el sufrimiento, pero la crítica debe tener un componente imaginativo. 

-Patricia Amigot: Se dice que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo o su transformación. Necesitamos esa imaginación positiva, pero tiene que partir de un análisis complejo, para comprender lo que sucede en términos de poder, de sufrimiento, de violencias. Para transformar formas de vida injustas y discriminatorias se necesita sociología, antropología, historia, economía, psicología... Mi alumnado se informa -cuando lo hace- siguiendo a no sé que youtuber; hay muchísima fragmentación. Es una sociedad que se ha individualizado mucho. La sobreexposición a las pantallas dificulta pensar de manera crítica y compleja, un cierto deterioro para una generación que ha crecido con TikTok, You Tube o Instagram. Una atención saturada incide en pérdida de concentración y memoria. Hay menor profundidad y capacidad de estructurar, pérdida de habilidades sociales, de manejo de las dificultades. Todo es más plano. El entretenimiento tiene mucha importancia, también en las aulas, porque se aburren fácilmente (se ríe). Hay que hacer clases más cortas, gamificar y ludificar la enseñanza... Pensar cuesta, puede ser supergratificante, pero si en vez de un discurso complejo estamos haciendo juegos... 

Luchas sociales

-Ignacio Mendiola: En Euskal Herria hay un pasado fuerte de activismo, de movilizaciones y de luchas colectivas si lo comparamos con otros lugares. Ese poso permanece en el presente, y el discurso de la extrema derecha es mucho menor que en otros espacios. 

-Patricia Amigot: Estoy muy de acuerdo, hay una trayectoria históricas de organización, luchas y resistencias. El movimiento feminista, por ejemplo, ha sido especialmente relevante desde la Transición. En la última década ha tenido un poquito más nivel de centralidad y capacidad para impugnar. Me parece muy destacable. Para una parte de la juventud, sobre todo de las mujeres, ha sido muy central en su vida, de cara a plantear escenarios alternativos e imaginarnos otros posibles. De manera espontánea ha incorporado una mirada crítica. Por ejemplo en la detección de las violencias y discriminaciones. Tienen muchísima más capacidad de detectarlas que hace unos años. 

Violencias e indiferencias

-Ignacio Mendiola: En mis clases hay presencia de alumnado migrante pero no de forma muy acentuada. Pese a todas las trabas y fronteras que se ponen, nuestras sociedades se van tejiendo y conformando con población que viene de otras geografías. Ese hecho irá a más, asumiendo el derecho a mi juicio innegociable en términos éticos y políticos de venir y quedarse si así lo consideran. Pervive un racismo de fondo y un racismo institucional que crea jerarquías y diferencias, asume la muerte cotidiana en la frontera o estados que torturan, como Libia, que lo hace sistemáticamente a las personas migrantes, y es un país muy estratégico en el control de las fronteras por parte de la UE. En la relación con la población migrante llevamos muchos años de entrenamiento en esa crueldad, para soportar ahora el genocidio de Gaza. Esa crueldad ha entrado a formar parte de lo cotidiano.

-Patricia Amigot: También asistimos con cierta impasibilidad a la violencia contra las mujeres. La punta de esto son los asesinatos. Detrás de casi 1.400 mujeres asesinadas desde 2003, hay maltratos, formas parecidas a la tortura, violencia sexuales... Lo denunciamos, impregnan nuestra organización social e institucionalmente se responde, pero desde muchos prejuicios y sin apostar realmente por una respuesta que atienda, repare o prevenga la violencia. Me parece muy preocupante.

Memoria como antídoto

-Ignacio Mendiola: La memoria de la violencia es muy importante para que no se reproduzca y vuelva a emerger. La violencia tiene que ser impugnada y parada.

-Patricia Amigot: Hay iniciativas para sostener esa memoria y nutrirla contextualizada, reconociendo esas violencias sin olvidar otras que están ocurriendo. Me parece que se han dado pasos muy importantes en reconocer la violencia por parte de una organización armada como ETA, pero también por parte del Estado, por ejemplo sobre personas torturadas. Hay que recordarlo, claro, de manera obviamente crítica. 

-Ignacio Mendiola: Para un pensamiento crítico hay algo muy importante, la necesidad del asombro. El asombro te arranca de lo que está naturalizado. Te lleva -potencialmente al menos- a otras formas de hacer, de pensar y sentir, que se sustraen de las inercias. Pero tiene que ser un asombro colectivo.