En nuestro territorio tenemos, además de fronteras físicas para delimitar nuestras provincias, numerosas mugas naturales donde las montañas ejercen esa labor de separación. Por eso muchas veces no queda claro si la cima de un monte pertenece a una u a otra. Depende del ojo con el que se mire, esa cumbre bien puede ser de una provincia, de otra e incluso de ambas.
La ruta que hoy proponemos va un poco de eso, se trata del cordal del Kalamua. Si bien durante una buena parte del camino iremos por tierras guipuzcoanas, hasta Kalamua y desde Urko, el monte situado justo encima de Éibar y Ermua, nuestros pasos discurrirán por la delgada línea que divide los dos herrialdes. De lo que a buen seguro no nos va a generar ninguna duda es de la espectacularidad de los montes por los que vamos a transitar: cimas abiertas, vistas en 360 grados, bosques frondosos y lugares donde contener la respiración nos aguardan en el día de hoy.
DATOS PRINCIPALES
- Kilómetros: 14,07 km
- Desnivel positivo: 1.027+
- Duración: corriendo 2:30h / Caminar - correr: 2:55h / Senderismo 3:30h
En esta travesía, exigente pero también muy reconfortante, vamos a hacer cumbre en tres cimas emblemáticas de la zona: Kalamua, Urko y Arraiza. Partimos del aparcamiento de pequeño núcleo rural de Barinaga, que pertenece al municipio de Markina-Xemein. Hemos venido de mañana y al sonido silencioso de los caseríos se le suma el tímido canto de algún pájaro madrugador. El primer tramo, una calzada de hormigón empinada, marca la exigencia de la salida porque aquí no se regala nada. Pero a medida que se asciende, el paisaje se abre. Robledales, helechos y senderos de piedra nos acompañan en una subida que necesita de piernas, pero también de mirada.
En dicha subida, además de por varios caseríos diseminados en la montaña, pasamos por la ermita de Santamañe, que es como coloquialmente se conoce a la ermita de Santa Marina del Illoro. Data del siglo XVI, como lo demuestran el arco de la entrada y el coro, pero lo que más llama la atención es su torre-campanil de tres pisos. Dicha torre fue construida por el carpintero Domingo Gandiaga en 1.639.
Primera parada
Pasamos por el collado de Arantzamendi y un par de kilómetros después la primera gran parada: Kalamua (771 m). Esta montaña, testigo de batallas y refugio de pastores, ofrece una panorámica que corta la respiración. Desde su cima se divisa el mar Cantábrico en días despejados, y hacia el interior, los valles de Lea-Artibai y el Duranguesado se extienden como un tapiz verde. Aquí, el viento sopla con fuerza, como si quisiera contarnos secretos del pasado. Es un lugar para detenerse y respirar hondo.
CONSEJOS
- Hidratación. Tenemos un par de fuentes, tanto cerca de la cima de Kalamua como en el collado de Ixua, pero como siempre es importante llevar buenas reservas.
- Calzado. Importante llevar una suela multiterreno. Pasaremos por piedra, senda, pista y bosques, muchos terrenos diferentes donde necesitaremos agarre.
- Dificultad. No existe dificultad aparente más allá del desnivel y de algún repecho un poco más exigente de lo normal. Cuidado en caso de estar mojado con la bajada de Urko.
El sendero que une Kalamua con Urko es una delicia para los amantes del monte. Tramos de tierra, zonas rocosas y bosques que parecen sacados de un cuento vasco. El camino serpentea entre crestas y collados, y el desnivel no es extremo, pero el terreno exige atención porque atravesaremos varios puntos a tener en cuenta.
Uno es el collado de Kalamua lepoa, las cimas secundarias de Garagoiti y Arrikurutz. A apenas un kilómetro de la segunda cumbre se encuentra el collado de Ixua, desde donde encararemos la última rampa. Urko, con sus 791 metros, se alza como una atalaya sobre Ermua y Éibar. Desde su cima, la vista se abre hacia el valle del Deba, y el contraste entre lo urbano y lo natural se hace evidente. Aquí, uno comprende la dualidad del País Vasco: industria y monte, acero y musgo.
Descubrir Arraiza
Nos queda la última del día, pero antes una sinuosa bajada desde Urko nos hará pasar por Mundio y Arandomendi. La última cima del recorrido es Arraiza (476 m), menos conocida pero igual de encantadora. Su entorno es más cerrado, con pinares y senderos que invitan a la introspección. No hay grandes vistas, pero sí una atmósfera íntima, casi mágica.
Desde aquí parte el descenso hacia Barinaga, donde ya notamos los efectos de la ruta: el cuerpo cansado, la mente despejada, y el corazón latiendo al ritmo del monte.
Durante la ruta, hay momentos que se graban en la memoria: el primer rayo de sol sobre Kalamua, el crujido de las hojas bajo los pies en los bosques de Urko, el silencio absoluto en Arraiza. Son instantes que hay que vivirlos con intensidad para poder aprovechar todo lo que nuestros montes son capaces de ofrecernos.
Hemos realizado una ruta sencilla, con desnivel importante pero muy fácil de llevar, salvo la primera subida hasta Kalamua, sin duda la parte más dura de la salida. Por suerte, ahí todavía contamos con las piernas frescas. Luego ya, a pesar de los continuos sube-bajas, salvo el último tramo hasta Urko, el recorrido se modera y se hace mucho más amable.
En esta ruta por la frontera natural entre Bizkaia y Gipuzkoa hemos descubierto montes, vistas, senderos y rincones donde perderse. Lugares que nos ayudan a buscar nuestro yo interior, donde la calma y la tranquilidad nos van a servir para desconectar y volver a conectar con nosotros mismos. La misión es fácil, llegar diferentes al final de la salida, tanto física como mentalmente. Aquí es donde el entorno se hace importante y nos ayuda. Mar y montaña unidos así como mente y cuerpo.
Planes alternativos
Visitar la desconocida Bergara
También llamada la ciudad del Wolframio, ya que en su Real Seminario se aisló este metal por primera vez. Incluso dispone de un dulce es su honor como es el wólfram goxoa. Bergara ha mantenido su casco histórico de origen medieval intacto y prueba de ello son sus numerosas casas y palacios de los siglos XVI y XVII, como el palacio de Egino Mallea, el palacio Irizar o la torre Olaso. Podemos acercarnos a ver la iglesia de san Pedro de Ariznoa. Visita obligada es el Museo Laboratorium donde forman parte de la exposición permanente algunos de los objetos más importantes del Real Seminario de Bergara. Colecciones científicas de los siglos XVIII y XIX que guardan auténticos tesoros de química, geología o física.
Más rutas en
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Museo de la Industria Armera
Fue ideado por un grupo de eibarreses a principios del siglo XX. Estos visionarios intuyeron la necesidad de impulsar la industria armera con un centro de formación especializado, donde los nuevos armeros adquirieran los fundamentos teóricos y prácticos del oficio además de conocimientos sobre nuevas tecnologías. El museo se convierte en una herramienta pedagógica además de un escaparate de la evolución adquirida por la industria eibarresa. Actualmente la extensa colección de armas y una gran variedad de productos fabricados en Éibar (bicicletas, motos, máquinas de coser) conforman el eje central del Museo. Su principal objetivo es la conservación y difusión de la memoria histórica y el patrimonio industrial de un pueblo de gran tradición armera, ofreciendo un recorrido por la historia industrial eibarresa, desde el siglo XIV hasta nuestros días. Más info en https://armia-eibar.eus/es