Quedan muy pocos: los balcones para ver el encierro de San Fermín rozan el lleno
Unas 4.000 personas seguirán cada mañana la carrera desde las alturas en calles como Mercaderes o Estafeta, impulsadas por una demanda internacional que reserva con mayor antelación
A escasos días de que el Chupinazo marque el inicio de las fiestas, encontrar un hueco privilegiado para ver el encierro de San Fermín es una misión casi imposible. Las reservas de balcones han experimentado este año un notable adelanto en sus fechas de contratación, lo que ha elevado las previsiones de ocupación a cifras récord que confirman el tirón inagotable y la altísima demanda de este evento.
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Ver a los toros y corredores desde las alturas se ha consolidado como una parte fundamental de la infraestructura turística de las fiestas. Según las estimaciones del sector, alrededor de 4.000 personas siguen cada mañana los escasos minutos que dura la carrera desde los domicilios particulares distribuidos a lo largo del trazado. Dentro del recorrido, las calles Mercaderes y Estafeta se mantienen como las zonas más codiciadas y que registran la mayor demanda por parte de los visitantes.
El interés por vivir esta experiencia trasciende fronteras. Los datos de operadores locales como Destino Navarra —agencia receptiva que este año espera superar el millar de clientes durante los Sanfermines de 2026 con una ocupación de 97%— revelan que el mercado estadounidense continúa consolidado como el principal emisor de visitantes. Como novedad en esta edición, el sector destaca un crecimiento específico del turismo norteamericano de habla hispana. Paralelamente, el mercado asiático, con China y Japón a la cabeza, mantiene una evolución al alza, reflejando el atractivo de una de las fiestas más internacionales del mundo que el año pasado atrajo a espectadores de 32 países.
La profesionalización de este servicio de alquiler, que en la actualidad se apoya en una red colaborativa entre propietarios de viviendas, agencias de viajes y hoteles, contrasta con sus inicios. Mikel Ollo, gerente de la citada firma navarra que este año celebra su 30.º aniversario, recuerda que la comercialización de estos espacios nació de forma casi casual hace tres décadas: “Todo comenzó cuando una familia estadounidense me preguntó cómo podía ver el encierro desde un balcón. Gracias a una amiga de la familia pudimos ofrecerles esa posibilidad".
Hoy, aquella iniciativa puntual ha madurado hasta convertirse en una sólida industria turística local que, solo a través de este operador, gestiona cerca de un centenar de plazas diarias, garantizando que el pulso del encierro se viva de forma tan intensa desde el adoquinado como desde los balcones.
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