Quevedo, Aitana y Bad Bunny, a ritmo de charanga estos Sanfermines
Cuatro músicos de las charangas Ezkabarte, Iraunkorrak, Malatxo y Mutil Gazteak cuentan cómo es tocar para las peñas, elegir el repertorio y sobrevivir siendo los encargados de llenar las calles de música
¿Cuántas veces habrán sonado en fiestas la Potra Salvaje o La Morocha? ¿Y cuántas voces habrán terminado afónicas cantando a pulmón, por milésima vez, Quédate o Sarà perche ti amo? Si algo tienen los Sanfermines es música: en los bares, en las peñas, pero sobre todo, por la calle. Y cada año, un par de canciones del Top 50 de Spotify se hacen un hueco en el repertorio sanferminero; temas que se convierten en banda sonora y que quedan en la memoria de cada edición de San Fermín. Ahora bien, saber qué tiene que tener una canción para volverse un himno de las fiestas, o lograr sobrevivir a nueve noches tocando un instrumento es posible solo para los más talentosos a la hora de poner sonido al blanco y rojo: los músicos de las charangas.
Si bien es cierto que cada banda tiene su propio criterio, la realidad es que Pamplona es una ciudad de tradiciones, al igual que sus fiestas. Por ello, las agrupaciones preparan una selección compuesta por hasta 200 temas entre los que no pueden faltar éxitos de toda la vida que, para muchos, son imprescindibles. Sin embargo, siempre queda un hueco –cada vez más grande– para novedades musicales de los artistas del momento.
Lo viral, en los pasacalles
Este año, decidir qué hits del verano merecían entrar en el listado ha sido especialmente complicado. “Hasta ahora no estaba claro cuáles eran las favoritas y casi hemos tenido que esperar al último momento para hacer los arreglos”, revela Asier Sánchez (29 años, Burlada), percusionista de la Txaranga EZK, que acompaña a la peña La Jarana. Cuando el artista canario Quevedo publicó El Baifo hace apenas tres meses, entonces empezó a definirse cómo sonaría la banda sonora de la temporada.
De esta manera, durante los Sanfermines 2026, la peña de pañuelo y faja azules incorporará a su repertorioLa Graciosay Al Golpito, del grancanario, aunque también Superestrella, la canción de Aitana que lleva meses en boca de todos. Algo similar han preparado los músicos de la Txaranga Malatxo e Iraunkorrak, los grupos que musicalizan los Sanfermines de las peñas Anaitasuna y Oberena. Esta última , en concreto, llenará el Casco Viejo de ritmos latinos con BAILE INoLVIDABLE y un popurrí del resto de temas del famosísimo discoDtMF, del puertorriqueño Bad Bunny. “Aunque no acaba de sacar música nueva, se escucha mucho y todos hablan de él por la gira”, apunta Aritz Ostolaza (40 años, Hernani), saxofonista de los del nº 82 de Jarauta. “Es lo que está sonando y lo que nos pide la gente, así que hay que tenerlo”, resume Eneko Ruiz (22 años, Pueyo), saxofonista que desfila con Anaitasuna.
“Es lo que está sonando y lo que nos pide la gente, así que hay que tenerlo”
Mientras tanto, en la Armonía Txantreana, peña deleitada por el talento de Mutil Gazteak, gustan algo más el rock y la música en euskera. “Hemos añadido canciones de Rotten XIII, Dinamita, Gozategi y también algo de tecno de los 90”, explica Ion Osés (38 años, Rochapea), trompetista en el grupo. En su opinión, parece que las charangas “nos obligamos a interpretar canciones de reguetón”, cuando, en realidad, “nadie nos presiona, porquela gente en San Fermín es muy agradecida y se lo pasa bien con cualquier cosa”. A esto, Ostolaza añade que la clave reside en “saber elegir el momento para tocar cada tema, ver qué público tienes alrededor e intentar contentar a todos los gustos y edades”. Porque es cierto que el cuerpo no pide lo mismo a la hora del vermut, cuando parece imposible remontar el día, que durante los toros o en la ronda nocturna.
Los clásicos funcionan
Ninguno de estos cuatro músicos sabe muy bien por qué, pero existe una serie de canciones que suenan cada tarde del 6 al 14, sin excepciones. Y, en una época en la que la música caduca en cuestión de semanas, sorprende que todavía no se haya dicho que ya están quemadas. El Rey –el himno por excelencia del tendido de Sol– corre a cargo de la Armonía Txantreana. “Hace unos años”, cuenta Osés, “intentamos renovarnos y cambiarlo por Volver, Volver”. Craso error. Los 20.000 asistentes de la Plaza de Toros, que llevaban desde el 14 de julio del año anterior esperando a su rey, se quedaron descolocados. “La plaza se enfrió y la peña no tardó en pedirnos que, al día siguiente, volviéramos a tocar lo de siempre”, recuerda con humor. Y es que, como bien coinciden los artistas, ¿qué sería de los Sanfermines sin esta ranchera, La Chica Yeyé o Ni una sola palabra? Parece que es mejor no intentar averiguarlo.
La vida del músico
No es faena para cualquiera abrirse paso entre la multitud, con un instrumento a cuestas, e interpretar semejante repertorio por las calles de Pamplona en estos días. Por eso, los ensayos comienzan con más de medio año de antelación. En torno a noviembre, diciembre y enero, las charangas se reúnen cada domingo para practicar. Después, la frecuencia aumenta. “En realidad, diría que vivimos para eso. El resto de salidas del año nos sirven para preparar estas fiestas”, admite Sánchez, el de EZK.
Los labios de los trompetistas sufren mucho (terminan con morreras e hinchazón) y la espalda de quienes tocan el helicón se resiente, al igual que la de los percusionistas. En realidad, cada instrumento tiene “su aquel” y las intensivas jornadas musicales de San Fermín, bajo el sol abrasador de julio, pasan factura. “Hay que estar mentalizados para salir de casa a la mañana y volver por la noche. Llega un momento en el que al cuerpo le cuesta seguir el ritmo”, relata Ruiz. Para Osés, el momento más duro son las mañanas, cuando la noche se ha alargado más de la cuenta y “arrancar se hace cuesta arriba”. Entretanto, Sánchez reconoce que es agobiante cuando las calles “están llenas de gente y tienes que buscarte un hueco, pegado a la pared, para poder tocar sin empujones”.
"Las calles están llenas de gente y tienes que buscarte un hueco, pegado a la pared, para poder tocar sin empujones”
Pero los cuatro coinciden en que el verdadero instante de flaqueza es, sin duda, el final de las fiestas, aunque las piernas lleven días pidiendo que terminen. Porque, dejando a un lado los incidentes, que aseguran son minoritarios –seguramente, gracias a la forma en que las peñas cuidan de ellos en cada salida–, los artistas reciben de vuelta todo el cariño y la ilusión con los que afrontan su labor. Algunos podrían llegar a pensar que ser músico les priva de disfrutar de las fiestas. Pero nada más lejos de la realidad. Esto es lo que les gusta. Y lo que le gusta a Iruña.