Los NO Sanfermines 2020

¿Quién me ha robado San Fermín?

06.07.2020 | 09:15
Kiliki llevando de la mano a tres niños por la calle Nueva. Foto: Nicolás Ardanaz

Las circunstancias acabaron por someter una cancelación que se veía venir. ¿Habría sido posible esperar un poco más y valorar con más proximidad la viabilidad de la fiesta? Visto lo visto, irremediablemente no. El escritor y docente Jesús Pérez Artuch, un clásico ya en estas páginas, detalla en el siguiente reportaje cómo ésta "no ha sido la única vez" que nuestras fiestas han sido suspendidas. Aún a falta de virus... ¿dónde quedaron aquellos Sanfermines?

Pamplona – Difícil ejercicio para nuestras mentes el del próximo día 6. Conocer el San Fermín 2020 semanas atrás no se traduce en poder imaginar cómo será el mágico mediodía en que las agujas en punto transforman la ciudad en un segundo, vestidos de calle, en sandalias, de mil combinaciones de color, siempre incomparables al blanco y rojo.

¿Que volverán en 2021? Probablemente sí. ¿Y en septiembre los de Aldapa? Pues veremos cómo va el estío de los brotes, pero se antoja apresurado. Es triste y circunstancialmente gris, pero en este repaso comprobaremos que no ha sido la única vez, y con la conciencia de la tendencia cíclica de la historia probablemente no será la última, que se vaya a experimentar una situación pareja. Podremos recordar en batallitas de bar, o historias de sofá con el perro dormido en los pies, que hubo un año sin Sanfermines. Si alguna vez vuelve a suceder y existe todavía la televisión, ¿adivinan qué opinaría alguna persona mirando al visor?: "Esto no lo había visto nunca en mi vida". Pero le tocará tirar de hemeroteca.

Pues bien, varias generaciones, y por diversas motivaciones históricas, han vivido el paso del calendario sin disfrutar de tan anhelado paréntesis festivo anual.

Hasta que el rey Carlos II no otorgó la celebración de "ferias" y de corridas de toros a la ciudad, allá por 1381, las fiestas se basaban en las recompensas que aportaba el campo en forma de cosecha, sobre todo de vendimia en octubre. Al periodo de feriado de hasta 20 días de duración se le unió un significado religioso con la entrada de San Fermín como obispo en Amiens, el 10 de octubre. Parece ser que las acuosas inclemencias meteorológicas llevaron en 1591 a cambiar de fecha los eventos, para celebrarlos como lo hacemos en la actualidad. Por tanto, ya sabemos que la aldeana mocina del medievo no cantaría aquello de "Pamplona seis de julio, bullicio y alegría€", puesto que había poco que celebrar. Curiosidades de la cartelería sanferminera, sabemos que data de 1876, pero qué se celebra, dónde y cuándo€ será que valía más que mil palabras.

Las fiestas de julio, aunque se han visto al borde de la denegación por infecciones y enfermedades virulentas en numerosas secuencias, han salido adelante. Ni el cólera hasta en tres ocasiones a mediados y finales del XIX, ni la renombrada estos meses gripe española de 1918, lograron colgar la maldición o superstición en las puertas de entrada a la ciudad.

Concibo complicado calibrar o equiparar la capacidad mortífera de una epidemia frente a la violencia que acarrea que las armas pueblen las calles. Los desgarros bélicos son los que más veces han arrebatado la alegría al pueblo. La sangre vestida de miedo, fosas atoradas y escarmientos, entre ocupación francesa y guerras carlistas varias, sesgaron hasta en seis ocasiones el cuerpo de jota en el convulso siglo XIX. Pero, también, en esa centuria se disfrutaban fiestas fuera de fechas u otros acontecimientos de bien social inauguraban los propios festejos. Muy curioso fue 1845, cuando hubo dos corridas de toros en septiembre, una por el cumple de la reina Isabel II en octubre, y el no va más a mitad de noviembre, con un circo que expuso bajo la carpa: tres osos, dos toros, una jaca, un asno, dos monas, un lobo y trece perros de presa. Más allá de aquellos zoo¿lógicos? imposibles, el personal a buen seguro acogió mucho más gustoso la llegada de la luz eléctrica en 1887 o la traída de aguas de Arteta ocho años más tarde, fuera cual fuera el día del acontecimiento, sin poner mucha atención a que lo hicieran efectivo un día 6.

El siglo XX, en el que a gran parte de las personas a los que ahora nos late el pellejo hemos nacido, ha aportado situaciones muy variadas en virtud de prohibiciones, cancelaciones e incluso lapsus temporales.

La Gran Guerra que lijó Europa de 1914 a 1918 quedaba lejana para el goce pamplonés. Curiosamente dos años antes de su inicio, ya acabadas las fiestas, se celebró la Semana de la Aviación donde se desarrollaron concursos de habilidad y altura para conmemorar el séptimo centenario de la batalla de las Navas de Tolosa. En el año 1919 introdujeron... ¡simulacros de combate aéreo!... Divertimentos de la época.

En medio de la contienda, en julio del 16 una potente huelga ferroviaria provocó que se decretara el estado de guerra en la penúltima jornada festiva.

En 1926, un casi anónimo escritor norteamericano plasmó sus viajes y vivencias pamplonicas en un papel narrado al que tituló Fiesta. En una versión de aquel ejemplar, comprado años después en su adorada Cuba, se rememoraba la sensación que sintió cuando "al mediodía la fiesta estalló". Seguramente fue un lapsus calendarius de la traducción, pero ¿y si estaba proponiendo la solución para la masificación? ¿Introdujo el concepto de agostazo? Todo un visionario. Great Ernest!

El Golpe fascista perpetrado entre el 18 y 19 de julio de 1936 venía rumiado en la sombras de una ciudad a la que, en pocas horas, arrancaron el guardapolvos y le endosaron un fusil. El orgullo franquista programaría tres años más tarde, la tarde del 19 de julio, la Corrida de la Victoria en el coso pamplonés.

La Segunda Guerra Mundial también pasó de puntillas por un territorio peninsular que yacía abierto en canal. En el 40, mientras el continente encallaba en un bucle combativo, la cortina de faranduleo traía por primera vez a Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, de profesión torero, a pisar el albero de aquella perla del norte conocida ya internacionalmente. Regresó cinco años más tarde, ya encumbrado como Manolete, vendiendo por primera vez todo el papel en la plaza pamplonesa y protagonizando el cartel anunciador de unas fiestas que no conoció por una cornada la semana previa en Alicante, que dejó al respetable pamplonés a dos velas. ¿Sanfermines? Olé, olé y olé. En Europa, ellos verán.

Como esto va de curiosidades y de fiestas no vividas, al autor del cartel ganador del año 52, la ciudadanía disgustada con su obra original, le exigió realizar otra imagen que representara, a su entender, mejor la singularidad de la fiesta. Antonio Castro Atucha lo cambió y, esta vez, la prensa se encargó de los halagos: "Engendro, chafarrinón, grotesco, irónico y afeminado".

Una década más tarde, cuando el grupo que cambió el rumbo de la música desde la chirriada Liverpool, pisaba suelo en una España que se vendía como different la misma prensa que miraba recelosa sus melenas, lamentaba que no se arrimaran a ver los bulls, bulls, ya que habían actuado en Madrid y Barna tres días antes del Chupinazo del 65. Sanfer€what? No, cenquiú.

En 1969 se publicó una nueva historieta de los viajes del icono de resistencia contra el imperio romano simbolizado en el casco alado y los lingotazos del vigoroso Astérix. En aquella ocasión el destino era Hispania, pasando en su periplo ambientado en el 45. AC., por las jaiak de Pompaelo. Muy lejos de aparecer toros, grandes comilonas o un enorme baile, Goscinny y Uderzo situaron a sus personajes en un poblado que celebraba "la procesión de los druidas", desayunaban en la posada "el turista satisfecho", donde anunciaban que eran bilingües parlando godo y bretón. Obélix, ante la vetada poción, le daba al "tintorro". Literal. Ya es mala suerte vivir en una viñeta y que te planten en una ciudad famosa por sus fiestas y que no te toquen. Y yo que creía que los dibujos animados tenían realmente libertad de elección€

En Iruñea, para muchos/as la velocidad del tiempo se mide según el peldaño de La escalera en la que se encuentre y la posición del talde rojillo luchando por vivir tranquilo en mitad de tabla. Pues bien, Osasuna no podía faltar en este "sinvivir". No acababa de digerir el cambio del viejo campo de San Juan cuando él mismo se amargó las fiestas cayendo a tercera al no poder levantar la eliminatoria contra un Hércules que jugó la tarde del 5 de julio del 70 en El Sadar.

Sanfermines de cine La situación actual, impensable más allá de un salón de cine, se nos ha plantado a ras de portal dejando rastro de incredulidad y la incertidumbre. De entre las miles de horas de metraje que han buscado guardar la originalidad de nuestra semana grande, en el mito erótico La trastienda, de 1975, comentaban que "deberían prohibir ya de una vez esa bestialidad de los encierros". Buen slogan para una peli de dos rombos. ¿Verdad?

La de Cowboys de ciudad, del 91, no tiene desperdicio. Los protagonistas huían al grito de "ándele, ándele" de una estampida de bueyes en un callejero más propio de Tijuana, El Paso, Texas o Mississippi. Cuanto más diferente mejor, y cuanto más mejor, peor. O algo así era. Pero ¡frijoles!, acababan evitando un pinchazo encaramándose a una de las enormes banderas españolas que colgaban de los balcones. En fin€ que todo en la vida es cine, y los sueños cine son.

Las dos últimas suspensiones grabadas en la memoria colectiva son relativamente recientes. Una vez más silbidos de las balas acallaron la música y alegría innata. En el 78 las metralletas policiales, y en el 97 a sangre fría tras un infausto ultimátum por parte de ETA, supusieron dos nuevos socavones en la historia.

Cerraré esta peculiar recapitulación de pestillazos con tres fiestas que sí se vivieron, pero con la ciudad parcheada. La primera nos remonta a 1998, cuando parecía que "No habría Sanfermines sin adoquines" ante la peatonalización de las calles de lo Viejo y la eliminación del empedrado en sustitución de losetas y de las aceras de la antigua calle Tras del Castillo del barrio de San Tirso. En efecto, la calle de la curva de los toros de la tele tuvo encierros.

La segunda, ¿cómo olvidarla?, fue en 2002 y 2003, cuando el cuarto de estar de la ciudad y la fiesta se encontraba completamente excavado y destartalado por un aparcamiento que demolía su entraña histórica, a la espera de una nueva alfombra de mosaicos y arbolado que le devolviera su esplendor. A pesar de las promesas desde alcaldía, hoy dista ampliamente de ser lo que fue.

La tercera y última, y sin soltar la excavadora, las "no ferias" de los feriantes y las txoznas en los años 2005-2006, cuando fueron exiliados los unos al entonces Plan Sur, y anulados los otros desde la prohibición.

Hasta aquí este álbum de recuerdos no festejados en lo que una vez llegó a llamarse normalidad. No era vieja como la nueva a la que nos aclimatamos. Y las mascarillas se usaban en el quirófano de urgencias tras un encierro apretado.

Donde y con quién estés, desde el respeto y la responsabilidad: Sanferminak BIZI!