A este vino no se le puede catalogar como tal, para ello debería tener un mínimo de 9,5% grados, pero como Luis Fernández Olaberri, propietario de la tienda La Vinoteca de Pamplona, asegura: "No es un mosto". La principal diferencia entre el mosto y el vino sin alcohol radica en que este último sí ha sido fermentado. De hecho, procede del vino tradicional, al que se la ha extraído el alcohol.
Una botella de vino está compuesta por un 80% de agua, alrededor de un 14% de alcohol y un 6% en el que aglutina unas 500 sustancias que aportan los sutiles matices que caracterizan a cada viñada. "El vino sin alcohol tiene todas las propiedades del vino, incluidas las beneficiosas para la salud; únicamente le han quitado el alcohol", concluye Fernández.
No obstante, la falta de alcohol altera el sabor. "Mantiene los aromas frutales, pero sí es verdad que le falta algo de cuerpo. Son vinos más débiles", comenta Luis Fernández, que explica que con el paso de los años la cerveza sin alcohol ha ido perfeccionándose y aproximando su sabor a su hermana con alcohol, al igual que harán estos nuevos vinos, que llevan en el mercado tan sólo desde 1986. Este es precisamente la marca que vende él, del grupo francés UCCOAR, pioneros en este tipo de bebidas. A nivel Estatal, existen al menos otros dos fabricantes, el del grupo vallisoletano Matarromera, y el del grupo gallego Élivo.
Otro de los aspectos positivos del vino sin alcohol radica en que no sólo mantiene las propiedades sanitarias del caldo tradicional, sino que contiene tres veces menos calorías. En concreto, una botella de vino sin alcohol posee alrededor de 21 kilocalorías, mientras que los de contenido alcohólico ascienden a 70.
"Estos caldos son perfectos para quienes tengan que conducir, para embarazadas, para quienes sigan una dieta o incluso para quienes su religión les prohiba el consumo de alcohol", ratifica Luis Fernández.
Ahora bien, a los clientes, al menos de momento, no les acaba de convencer. "La gente duda mucho antes de comprar vino sin alcohol y cuando se deciden, adquieren una botella para probar", reconoce Fernández, quien, pese a todo, confía en la expansión de estos caldos: "Creo que ocurrirá como pasó con la cerveza sin alcohol, que con el tiempo la gente se fue acostumbrando y hoy copa el 10% del mercado de las cervezas" a nivel estatal.
Antes de decidirse a comprar una botella de vino sin alcohol, que ronda los 6 euros de precio, conviene conocer un par de peculiaridades de esta bebida. En primer lugar, no existen añadas. No busque en los estantes una cosecha concreta. El alcohol es un potente conservante y permite al vino permanecer en las barricas durante años. Sin este elemento, el caldo tiene una vida de un año, aproximadamente. Y una vez abierto, por la misma razón, conviene liquidar la botella antes de tres días. Aunque este no parece un problema que no se vaya a poder remediar.