pamplona. Un trabajador de las instalaciones deportivas de Lagunak en Barañáin, Gregorio V.G., de 49 años, fue ayer condenado a dos años de prisión y a una multa de 2.160 euros. Cometió un delito continuado contra la intimidad tras haber colocado cámaras de vídeo en el vestuario para grabar a las usuarias cuando estaban haciendo uso del mismo. En la condena del Juzgado de lo Penal número 4 se le aplicaron las atenuantes de confesión y de reparación del daño.

El extrabajador de las piscinas, que fue despedido de manera disciplinaria tras 17 años, no ingresará en prisión (al no tener antecedentes penales) a condición de que no delinca en tres años y de que finalice el tratamiento médico que está siguiendo. El acusado se conformó ayer con este acuerdo y no se celebró juicio penal contra él. Reconoció, de esta forma, el relato del fiscal, que decía que "aprovechando su condición y trabajo realizó grabaciones en diversas ocasiones en 2011 con una cámara de vídeo de la zona del vestuario femenino donde obtuvo imágenes de las usuarias. Para cometer tal fin, el acusado accedía al falso techo de un cuarto de cuadros eléctricos contiguo al vestuario. Había hecho agujeros en las placas para captar imágenes de las personas, que las guardaba luego en varios dispositivos.

El acuerdo en la causa penal no imposibilitó que el juicio se desarrollara por la vía civil, dado que una usuaria reclama como acusación particular 60.000 euros al procesado, y como responsables civiles subsidiarios a Lagunak y a su aseguradora. La fiscal defendió que la indemnización para tal denunciante fuera de 3.000 euros, cantidad que ya ha depositado el acusado. La denunciante, que declaró como testigo protegido, confesó que desde que la Policía Foral le comunicó que aparecía en dos vídeos que había grabado el encausado "sentí que habían violado mi intimidad". La víctima, que había sufrido antes diversas operaciones que le causan a su juicio un perjuicio estético, afirmó que antes de las grabaciones no tenía ningún malestar psicológico. "Tenía mucho cuidado de no cambiarme en lugares públicos. De hecho la grabación fue la única vez que me cambié en esos vestuarios (normalmente se iba a casa), y lo hice en uno cerrado con puerta", declaró la mujer. Ahora sigue tratamiento de psicoterapia, padece insomnio y trastorno de ansiedad depresivo, y expuso que su miedo más intenso "es darle publicidad a este asunto. No he vuelto a la piscina desde entonces". Una psicóloga ratificó que la denunciante "se ha vuelto desconfiada y le cuesta mirarse al espejo porque teme que la graben. No puede ni probarse una camiseta en una tienda". El abogado de la acusación particular afirmó que "no hay dinero en el mundo para calcular esto. Internet es incontrolable y el riesgo es infinito".

El resto de las partes no discutieron los daños morales de la víctima, pero sí su reclamación. La fiscal aseguró que no se ha justificado "el riesgo que ella tiene a que se difundan esas imágenes porque se incautó todo el material que existía". La letrada de la defensa subrayó que "no hay intención en el acusado de causar daño a esa persona y esas imágenes nunca se han compartido en la red. Reclamar 60.000 euros me resulta arbitrario y desproporcionado", misma calificación que usó la abogada de Lagunak, que añadió que "no ha habido ninguna difusión de esas imágenes, la víctima estaba condicionada por sus operaciones previas y la conducta de Lagunak ha sido intachable". La letrada de la aseguradora aseguró que "el miedo de la víctima a la divulgación de las imágenes no está acreditado".