Una generación perdida: el precio social de la crisis
la recesión se ha cebado con los actuales jóvenes y niños que por primera vez en mucho tiempo vivirán peor que sus padres
Una generación perdida. Eso es lo que se está jugando Navarra con la actual crisis, según opinan Miguel Laparra y Begoña Eransus. Un riesgo real a tenor de los últimos datos sobre pobreza infantil y emancipación de la juventud y que puede pasar una factura muy cara al conjunto de la sociedad a medio plazo en términos de reposición, desarrollo.... Por primera vez en varias décadas, es probable que estas generaciones vivan mucho peor que sus padres.
"Los mayores de 65 años, un eslabón en ocasiones débil, la están llevando relativamente bien porque los demás tramos han empeorado su situación. Incluso se ha revalorizado su papel al convertirse en sustento de otras partes de la familia mediante sus pensiones, su tiempo libre, el apoyo a las hipotecas de sus hijos...", detallan.
Por eso, estos dos expertos ponen el foco en el otro extremo de la pirámide de edad: jóvenes y niños. "Lo grave -comentan- no es sólo que la crisis esté siendo muy dura con este sector de edad sino que se trata de un periodo vital desde un punto de vista social y a futuro, ya que son los años en los que la gente se forma, tiene hijos, se compra una casa.... Si llega ese momento y la crisis impide todo este desarrollo a miles de jóvenes, se pagará muy caro en términos sociales. En otros casos se ha hablado de una generación perdida".
De hecho los datos que tienen que ver con el tramo de edad de los menores de 30 años son ilustrativos. Aunque se viene de una época de una escolarización al 100% y de que casi uno de cada dos navarros ha ido a la universidad, es posible que esta tendencia se trunque por los recortes, el incremento de las tasas universitarias, la bajada de las becas... "Se están formando aquellos que tiene dinero, como antes", comenta Begoña Pérez Eransus. Supondría un cambio de ciclo que se pagaría en términos de una generación frustrada con menos formación "a la que además se le responsabiliza y culpabiliza con el discurso de que deben ser emprendedores, buscarse la vida en el extranjero..."
Laboralmente, el paro se ha convertido en algo cotidiano ya que por ejemplo el 48% de los jóvenes entre 20 y 24 años no tiene trabajo. Son tasas de desempleo que triplican a las de 2005. La dificultad para acceder al mercado laboral complica otros pasos naturales como la compra o alquiler de una vivienda y a la propia emancipación ya que solo uno 25% viven de sus propios ingresos. De hecho, se ha producido un retroceso de casi diez puntos en la tasa de jóvenes que abandonan el hogar de sus padres. El último dato hecho público por el Observatorio Navarro de la Juventud habla de que tres de cada cuatro jóvenes viven con sus padres. A esto hay que añadir un caso muy habitual que ha surgido en esta crisis de nuevo cuño como es la de una pareja de jóvenes que se ha independizado y tiene intención de formar una familia pero el brutal desempleo les ha llevado a los dos o a uno de ellos al paro mientras siguen sujetos a una hipoteca sobredimensionada.
Y esto lleva al siguiente sector de edad más castigado con la crisis como es la infancia. Hay varios estudios (Unicef, Caritas...) que vienen alertando del incremento de la pobreza infantil y sobre todo de la subida del número de niños y niñas que crecen en hogares en situación de pobreza. "Es una edad muy compleja porque se debe producir la socialización básica y se transmiten las principales pautas de conducta. Se puede producir un fenómeno conocido como la reproducción social ampliada de la pobreza y la exclusión. Los chavales que crecen en hogares con problemas sociales y económicos tiene muchas posibilidades de ser los excluidos del futuro", comenta Laparra.