Gema de la Nava, la navarra a la que su hermano le regaló un riñón: “Mi madre me trajo a la vida y mi hermano me la ha devuelto”
Pacientes trasplantados relatan el cambio que supuso en sus vidas el “regalo” de recibir un órgano de un donante
Gema de la Nava dice que ha nacido dos veces, una cuando su madre la trajo al mundo y otra cuando su hermano decidió donarle un riñón. “Mi madre me dio la vida, pero mi hermano me la ha devuelto”, relataba este miércoles tras el acto que organizaron varias asociaciones con motivo del Día Nacional del Donante.
A Gema le detectaron una enfermedad renal hace 25 años y empezó a recibir diálisis para poder vivir, hasta que unos pocos años después su marido y su hermano se ofrecieron para donarle un riñón. “Creo que no hay un regalo mejor”, apuntaba.
Fue entonces cuando iniciaron el proceso de pruebas para la compatibilidad y al final fue su hermano el más idóneo para el trasplante. “Al principio tenía miedo por él, porque al final le quitas un riñón a tu hermano y si te falla te queda esa responsabilidad de que una persona te ha donado un órgano y no has podido disfrutarlo. El caso es que ya llevo 14 años trasplantada y estamos estupendamente tanto yo como mi hermano. Él es muy deportista, le gusta mucho ir al monte y no tiene ningún problema”, comentaba Gema, que actualmente es la presidenta de Alcer Navarra.
Asegura que nunca podrá agradecerle lo suficiente el gesto tan altruista que tuvo, porque, además, reconoce que “la donación es algo que cuesta”. “A los donantes vivos les surgen muchas dudas: ¿cómo estaré si me quitan un riñón? ¿Irá bien la operación? Y claro, cuando es donación de cadáver es muy difícil comunicarle a la familia a ver si quiere donar, son momentos muy duros”, reflexiona.
“O te trasplantas o te vas”
A Miguel Ángel Bonel su médico que se lo dejó bien claro: “O te trasplantas o te vas en poco tiempo”. Entró en la lista de espera y en tan solo una semana recibió la llamada: “Me dijeron: ‘vente para aquí, que tenemos un hígado para ti’. Me dio un vuelco el corazón”. Ahora, Miguel Ángel, de 69 años, celebra dos cumpleaños: el día en el que nació y el día en el que le trasplantaron el hígado, el 2 de noviembre de 2022.
Aquel gesto altruista de alguien anónimo le salvo la vida, porque Miguel Ángel arrastraba 3 o 4 años con muy mala salud. “Entre julio y agosto de 2022 me sacaron de la tripa unos 40 litros de líquido, tenía un tripón enorme. Se conoce que el hígado ya no me funcionaba bien y me echaba el líquido a la tripa. También me salieron varices esofágicas y la verdad que casi no podía moverme. Cuando salía a pasear andaba todo el rato buscando bancos para sentarme, porque no me aguantaba”, rememoraba este miércoles este paciente en el acto que han organizado en el Paseo Sarasate.
Ahora camina sin problema, ya no se cansa como antes y hace una vida normal, “tengo que tomar una medicación y tener cierto cuidado con algunas cosas pero por lo demás no tengo más problemas”, relata.
“Tenemos un corazón para ti”
La frase más bonita que le han dicho nunca a Regina Blanco fue por teléfono, en una llamada del hospital: “Tenemos un corazón para ti”. Aquellas cinco palabras ponían fin a más de tres angustiosos meses de espera para un trasplante de corazón, algo que cambió la vida de Regina, que nació con una cardiopatía que no se la detectaron hasta años más tarde.
“De pequeña no me la encontraron hasta que tuve síntomas y ya vieron que era una cardiopatía congénita. Me costaba más esfuerzo hacer cosas físicas que al resto de gente de mi edad y con los años empecé a tener taquicardias y arritmias”, recordaba ayer esta mujer natural de Almería pero que se ha criado desde niña en Navarra.
Una vez le encontraron la cardiopatía empezó con la medicación, pero su estado de salud se fue deteriorando hasta que un día se produjo un punto de inflexión: “Tuve un infarto, que hizo que saltaran todas las alarmas y que agravó la enfermedad. Estuve bastante enferma y los médicos me intentaban estabilizar pero ya vieron que la única solución era un trasplante.
La salud de Regina se iba degradando día tras día y, aunque recuerda con angustia aquellos meses de espera, asegura que no perdió la esperanza. Y al final el corazón llegó. “Tenía 36 años y desde entonces vivo con un corazón sano. A los 10 meses del trasplante empecé a correr y ahora sigo haciendo ejercicio. Estoy muy agradecida a quien me dono y a su familia, porque gracias a ellos estoy aquí”, sentenció.
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