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Hiperconectados, pero poco formados: ocho de cada diez menores de 14 años en Navarra tienen cuenta en redes sociales

España se encamina a prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años / Dos tercios de los menores de entre 10 y 15 años en Navarra carecen de competencias digitales básicas, según Nastat / El consumo intensivo y la escasa formación impulsan el debate regulatorio sobre las grandes plataformas

Hiperconectados, pero poco formados: ocho de cada diez menores de 14 años en Navarra tienen cuenta en redes socialesPilar Barco / Archivo

La imagen es habitual en cualquier parque, calle o centro educativo de Navarra: adolescentes con el móvil en la mano, conectados de forma permanente a internet y a las redes sociales. Sin embargo, tras esa aparente familiaridad con la tecnología se esconde una realidad mucho más compleja y preocupante. Así lo pone de manifiesto la Encuesta de Capacidades Digitales en Navarra 2024, publicada el pasado año por el Instituto de Estadística de Navarra (Nastat), que revela una paradoja clara: el acceso a la tecnología es prácticamente universal, pero las capacidades para usarla de forma adecuada no lo son. Esta cuestión ha vuelto a saltar a la actualidad después de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara ayer que el Estado va a prohibir que los menores de 16 años accedan a las redes sociales.

Según el informe de Nastat, el 95,9% de los jóvenes navarros de 14 años se conecta a internet a través del teléfono móvil, y ocho de cada diez ya tiene un perfil en redes sociales a esa edad. Sin embargo, cuando se analiza el nivel de competencias digitales, los datos dibujan un escenario muy distinto: el 63,8% de la población de entre 10 y 15 años se sitúa en la categoría de “sin capacidades digitales básicas”. Es decir, más de la mitad de los menores utiliza dispositivos y plataformas digitales sin contar con los conocimientos mínimos para hacerlo de forma segura, crítica y autónoma.

Uso intensivo desde edades cada vez más tempranas

La encuesta confirma que el uso de internet crece de forma notable con la edad, aunque ya desde los 10 y 11 años las cifras son elevadas. La mayor brecha se observa en el acceso a internet a través del móvil: mientras que el 95,9% de los jóvenes de 14 y 15 años utiliza el teléfono para conectarse, en el grupo de 10 a 11 años lo hace el 56,3%. Una diferencia de casi 40 puntos porcentuales que refleja cómo el smartphone se consolida como puerta de entrada al mundo digital en plena adolescencia.

Fuera del horario escolar, el dispositivo más utilizado para conectarse a internet no es, sin embargo, el móvil, sino el Chromebook, presente en el 85,7% de los casos. Le siguen la televisión (79,3%), el propio teléfono móvil (76,4%), el ordenador portátil (57,1%) y, ya a mayor distancia, la tablet y la videoconsola (44,5% en ambos casos). Un retrato que habla del peso de los dispositivos vinculados al ámbito educativo, pero también del consumo digital ligado al ocio doméstico.

En cuanto a los usos, la actividad más habitual fuera de los motivos escolares es la comunicación a través de mensajería instantánea —como WhatsApp— o el correo electrónico, con porcentajes que superan el 70%. A continuación aparecen los juegos online con otras personas (57,8%), una práctica en la que se detecta una brecha de género de más de 40 puntos, con una presencia muy superior de los chicos. También destacan la visita a perfiles en redes sociales (48,1%), la participación en chats o foros online (36,4%) y, en menor medida, el tiempo dedicado a mundos virtuales (16,2%).

Entre quienes afirman participar en redes sociales —el 44,4% del total de la población de 10 a 15 años—, las plataformas más utilizadas son Instagram y TikTok (78,8%), seguidas de YouTube (65,9%), BeReal (25,1%) y Snapchat (10,7%). Un ecosistema digital dominado por el contenido audiovisual y el consumo rápido, especialmente atractivo para los perfiles más jóvenes.

“Sé muchas cosas”, aunque los datos digan lo contrario

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la brecha entre las capacidades reales y la percepción que los propios menores tienen de ellas. A pesar de los bajos niveles de competencia digital objetiva, el 84,5% de los niños y adolescentes de entre 10 y 15 años considera “cierta” o “totalmente cierta” la afirmación: “Sé muchas cosas sobre el uso de Internet y sobre los dispositivos electrónicos”.

Esta autopercepción es aún más elevada entre los jóvenes de 14 y 15 años, con casi 20 puntos de diferencia respecto al grupo de 10 a 11 años. Sin embargo, cuando la comparación se traslada al entorno adulto, la seguridad se reduce: solo el 54,8% cree saber más que sus familiares y apenas el 36,1% considera que tiene más conocimientos que su profesorado. A medida que avanza la edad y la etapa educativa, la brecha percibida aumenta más respecto a la familia que respecto al ámbito escolar, lo que refuerza el papel de los centros educativos como referentes digitales. LEA EL INFORME COMPLETO

Un debate que trasciende Navarra

Estos datos llegan en un momento en el que el debate sobre la protección de los menores en internet ha cobrado una dimensión política y social de primer orden. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que el Estado prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, una medida que se aprobará en el Consejo de Ministros y que obligará a las plataformas a implantar sistemas efectivos de verificación de edad. España se suma así a una tendencia internacional que ya han iniciado países como Francia, Dinamarca o Australia, este último con una de las legislaciones más restrictivas del mundo.

Los principales peligros de las redes sociales para menores de 16 años:

  • Adicción y uso excesivo: las plataformas están diseñadas para retener la atención mediante recompensas constantes (likes, notificaciones, scroll infinito), lo que puede generar dependencia y dificultar el autocontrol en edades con el desarrollo cognitivo aún inmaduro.
  • Impacto en la salud mental: el uso intensivo se asocia a problemas de ansiedad, baja autoestima, alteraciones del sueño y síntomas depresivos, especialmente por la comparación constante con otros y la presión social.
  • Exposición a contenidos inapropiados: violencia, pornografía, discursos de odio o retos peligrosos pueden aparecer sin una búsqueda activa, impulsados por algoritmos de recomendación.
  • Ciberacoso y violencia digital: insultos, humillaciones, difusión de imágenes sin consentimiento o exclusión social se amplifican en el entorno online y pueden tener consecuencias graves.
  • Pérdida de privacidad y uso de datos personales: muchos menores no son conscientes de qué información comparten ni de cómo es utilizada con fines comerciales o de perfilado.
  • Desinformación y manipulación: dificultad para distinguir contenidos fiables de bulos, publicidad encubierta o mensajes ideológicos diseñados para influir en su comportamiento.
  • Alteración de las relaciones sociales: puede sustituir la interacción presencial, empobreciendo habilidades sociales y la gestión emocional cara a cara.


La discusión no es ajena a Navarra, donde el peso de la población joven y el papel de la educación digital han sido históricamente objeto de análisis. Para Charo Sádaba, catedrática y decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, el concepto de “uso problemático” de las redes no es sencillo de definir, aunque puede ser “la antesala de la adicción”. La experta subraya que los riesgos —impacto en el sueño, en la vida social o en la salud emocional— han sido mucho más estudiados que los posibles beneficios, como la sociabilidad o el desarrollo de la identidad en la adolescencia.

Desde una perspectiva más práctica, Puri Vicente, especialista en redes sociales y comunicación creativa, considera que el foco se ha puesto en exceso en el peligro, sin abordar con la misma intensidad la educación digital desde edades tempranas. “Las redes están diseñadas para captar la atención, especialmente la de los más jóvenes”, advierte, comparando sus mecanismos de gamificación con los de las tragaperras. Un modelo que, según señala, beneficia a las plataformas y deja en segundo plano el bienestar del usuario.

Educación, regulación y responsabilidad compartida

La encuesta de Nastat deja claro que Navarra no se enfrenta a un problema de acceso, sino de formación y acompañamiento. La práctica totalidad de los adolescentes dispone de dispositivos y conexión, pero una mayoría carece de las herramientas necesarias para gestionar riesgos como la desinformación, el acoso, la exposición a contenidos inapropiados o el uso excesivo.

Medidas de la futura ley h2>

MedidaDescripción
1Responsabilidad de directivosHacer responsables legalmente a los directivos de plataformas digitales por las infracciones que se cometan.
2Manipulación de algoritmosTipificar como delito la manipulación de algoritmos y la amplificación de contenido ilegal con fines de beneficio.
3Acceso a menoresProhibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años, con sistemas efectivos de verificación de edad.
4Huella de odioCrear un sistema de rastreo y trazabilidad para medir la “huella de odio y polarización”, imponiendo costes legales y económicos a quien difunda odio.
5Investigación de plataformasInvestigar posibles infracciones legales de Grok, TikTok e Instagram junto con la Fiscalía.

Expertas y expertos coinciden en que la solución no pasa por una única medida, sino por una combinación de regulación efectiva, responsabilidad empresarial y, sobre todo, educación digital en familias y centros educativos. Escuchar a los propios menores y dotarles de competencias críticas se perfila como uno de los grandes retos de futuro.

Mientras tanto, los datos son claros: en Navarra, los menores navegan cada vez más y cada vez antes, pero lo hacen, en demasiados casos, sin el mapa necesario para orientarse en un entorno digital que no siempre es seguro ni neutral. Un desafío que interpela a toda la sociedad.