Pasear por la calle o por un parque y ver a un perro con un lazo amarillo atado a la correa no es un detalle decorativo. Es, en realidad, un mensaje claro: ese animal necesita espacio.
El lazo amarillo se enmarca en una iniciativa internacional conocida como The Yellow Dog Project, impulsada en Suecia en 2012 y difundida desde entonces en numerosos países. La propuesta nació con un objetivo claro: avisar a otros paseantes de que algunos perros no toleran acercamientos imprevistos, con el fin de prevenir situaciones de estrés o posibles incidentes tanto para el animal como para su propietario.
La cinta o pañuelo amarillo, visible en la correa, el collar o el arnés, indica que el perro puede sentirse incómodo si alguien se acerca demasiado. No implica necesariamente que sea agresivo, sino que, por distintos motivos, necesita mantener cierta distancia.
Entre las razones más habituales están el miedo o la ansiedad, especialmente en animales adoptados que han vivido experiencias traumáticas; problemas de salud o dolor; procesos de adiestramiento en los que se trabaja la obediencia o la socialización; o el caso de cachorros que aún no han completado su calendario de vacunación. También puede utilizarse en perras en celo o en perros de edad avanzada que no toleran bien el contacto brusco.
El distintivo funciona como una advertencia preventiva. Busca evitar acercamientos impulsivos —como el de un niño que corre a acariciar sin preguntar o el de otro perro que se aproxima sin control— que pueden generar estrés o una reacción defensiva. En muchos casos, estos episodios terminan en sustos que podrían evitarse con algo tan simple como respetar la distancia.
Veterinarios y educadores caninos subrayan que la iniciativa promueve una convivencia más responsable. Recomiendan pedir siempre permiso antes de acariciar a un perro desconocido o permitir que nuestra mascota se acerque. El lazo amarillo refuerza precisamente esa idea: respetar los tiempos y las necesidades de cada animal.
Aunque la campaña ha ganado visibilidad en redes sociales y medios de comunicación, todavía no es universalmente conocida. Por eso, expertos en bienestar animal insisten en la importancia de difundir su significado. Reconocer esta señal puede evitar situaciones incómodas y contribuir a paseos más seguros tanto para los perros como para las personas.