Un estudio liderado por la Universidad de Navarra revela que los niños con obesidad poseen una menor diversidad de bacterias en su microbiota en comparación con aquellos con un peso normal. El trabajo, publicado en la revista Clinical Nutrition, aporta luz sobre cómo los microorganismos que habitan en nuestro intestino pueden ser indicadores tempranos del riesgo de desarrollar obesidad en edades muy precoces.
Según el Plan Nacional Estratégico para la Reducción de la Obesidad Infantil (2022–2030), en España cuatro de cada diez niños presentan exceso de peso, lo que lo convierte en un problema de salud pública nacional. “Las consecuencias se extienden hasta la edad adulta, por lo que comprender sus mecanismos desde la infancia es clave para diseñar estrategias de prevención eficaces”, señala Natalia Vázquez-Bolea, investigadora del Centro de Investigación en Nutrición, integrado en el Instituto de Nutrición y Salud de la Universidad de Navarra, y primera autora del estudio.
El estudio se ha llevado a cabo en el marco del proyecto CORALS (Childhood Obesity Risk Assessment Longitudinal Study), impulsado por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), uno de los mayores estudios españoles sobre obesidad infantil, que sigue, mediante técnicas avanzadas de secuenciación genética, a más de 1.100 niños de entre 3 y 6 años en siete ciudades españolas.
Menos diversidad de bacterias, mayor riesgo
"Una comunidad de bacterias menos variada en el intestino -conocida científicamente como diversidad alfa- parece estar asociada a un mayor índice de masa corporal, especialmente en niños con obesidad", explica Marta Cuervo, que, junto con Santiago Navas-Carretero, ambos doctores de la Facultad de Farmacia y Nutrición, dirige la tesis de Natalia Vázquez-Bolea.
Además, el equipo identificó "enterotipos" o firmas bacterianas específicas. Por ejemplo, el llamado Enterotipo 3, dominado por el género Segatella, se asoció con mayores probabilidades de sufrir obesidad. Por el contrario, los niños con peso normal o bajo presentaban una mayor abundancia de bacterias como Akkermansia o Alistipes, que suelen asociarse a un perfil metabólico más saludable.
Más allá de "quién vive" en el intestino, el estudio analizó "qué hacen" esas bacterias. Los resultados muestran que, en niños con exceso de peso, las funciones de la microbiota están alteradas. Específicamente, se detectó una reducción en las rutas encargadas de producir vitaminas esenciales (como la vitamina B6) y en la capacidad de degradar carbohidratos complejos.
Los hallazgos sugieren que estos cambios podrían influir en la forma en que el organismo infantil gestiona la energía y los nutrientes, reforzando la idea de que la microbiota no es solo un reflejo del peso actual, sino un actor metabólico que podría influir en el desarrollo de la obesidad desde las etapas más tempranas de la vida.
La importancia de la alimentación en los primeros años
“La microbiota intestinal se forma principalmente durante los primeros años de vida y es muy sensible a factores como la alimentación. Promover dietas saludables y equilibradas desde la infancia puede contribuir a un desarrollo intestinal más favorable y, potencialmente, a reducir el riesgo de obesidad”, explica Navas-Carretero.
Los investigadores destacan el papel de patrones alimentarios ricos en frutas, verduras, legumbres y fibra, fundamentales para favorecer una microbiota diversa y funcional desde edades tempranas.
La financiación del estudio proviene de un acuerdo entre el Instituto Danone y CIBEROBN, que impulsó la creación de la cohorte, de fondos recibidos de EIT-FOOD, cofinanciado por la Unión Europea, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, de la Generalitat Valenciana y del Gobierno de Navarra.
Además de la Universidad de Navarra, en el consorcio CORALS participan el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela, el Institut d’Investigació Sanitària Pere Virgili, el Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, la Universidad de Valencia, y el Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.GRANADA. En este estudio de la microbiota también se ha contado con el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) y el Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA).