Navarra aboga por reformar el sistema de cuidados ante el reto del envejecimiento: el 23% de la población será mayor de 65 años en 2035
La consejera Maeztu recalca la necesidad de “desnaturalizar el cuidado como algo exclusivo del género femenino”
El incremento de la esperanza de vida es, incuestionablemente, una buena noticia, pero no por ello deja de entrañar desafíos. El hecho de vivir más, sumado a la caída de la natalidad, va dibujando una población cada vez más envejecida que aumenta la demanda de servicios sociales y sanitarios y, por ello, la consejera de Derechos Sociales, Carmen Maeztu, ha abogado por reformar el sistema de cuidados.
“La necesidad de cuidados de larga duración aumenta con la edad y es especialmente necesaria en las personas muy ancianas. Con más personas mayores, la necesidad de cuidados aumentará”, ha señalado Maeztu durante su intervención este miércoles en la conferencia Envejecimiento sostenible: reconocer la interdependencia entre generaciones, organizada por la Universidad de Navarra.
Según ha expuesto, las proyecciones de población que realiza el Nastat (Instituto de Estadística de Navarra) vaticinan que en 2035 casi una de cada cuatro personas (23,4%) será mayor de 65 años en la Comunidad Foral (actualmente son el 20,3%) y casi el 4% tendrá más de 85 años.
Un reto clave, ha proseguido la consejera, será satisfacer “la creciente demanda de unos servicios de cuidados de larga duración de buena calidad, dado el incremento de la demanda y la escasez de mano de obra a largo plazo en el sector asistencial”. “La disminución de la proporción de la población en edad de trabajar dificultará la financiación y el gasto relacionado con el envejecimiento, incluidos los cuidados de larga duración, introduciendo tensión en el sistema de bienestar social y aumentando el riesgo de pobreza para las personas que necesitan cuidados y para sus familias”, ha avanzado.
Ante ello, ha defendido que hay una convicción generalizada en Europa de que es necesario emprender reformas en los sistemas de cuidados de larga duración “y, de hecho, muchos países ya lo están haciendo”, ha matizado.
Desnaturalizar roles de género
Esos cambios a los que se tienen que enfrentar los sistemas de cuidados se fundamentan en cuatro cuestiones. La primera, que “debe cambiar la concepción de la persona para aceptar la vulnerabilidad y contingencia que la caracteriza. El cuidado no será visto como un deber sólo a partir de la consideración de la dependencia ajena, sino de la autoconcepción de todo ser humano como interdependiente. Todos somos, nos guste o no, cuidadores y receptores de cuidados. Esa condición nos iguala”.
Como segundo punto, Maeztu ha defendido que la división del trabajo que ha repercutido en el binomio público/privado debe ser puesta en cuestión: “Si atendemos a la realidad, vemos que la actividad productiva ocupa un espacio cada vez más corto en la vida de las personas, mientras la actividad reproductiva carece de reconocimiento. La relación entre el llamado “tiempo de vida” y el tiempo dedicado al trabajo productivo está dejando de ser la que era por causa del desarrollo tecnológico”.
Asimismo, ha abogado por “desnaturalizar el cuidado como algo exclusivo del género femenino” y verlo como una actividad que concierne a todos sin excepción. Por último, la consejera ha subrayado que el cuidado “no es solo un valor privado, sino también público”. “Las instituciones deben ser también cuidadoras, lo cual significa percibir necesidades y repartir responsabilidades”, sentenció.
"El envejecimiento implica a toda la sociedad"
Abordar el reto demográfico desde una perspectiva amplia que trascienda el ámbito sanitario y el sistema de cuidados y que sitúe el foco en el conjunto de la sociedad es fundamental para afrontar los cambios del futuro. Por ello, Pearl Dykstra, profesora emérita de Sociología Empírica en la Erasmus University de Roterdam, ha defendido que “el envejecimiento sostenible exige mirar a toda la sociedad y a todas las edades, no solo a las personas mayores”.
La experta en envejecimiento también ha participado en la conferencia Envejecimiento sostenible: reconocer la interdependencia entre generaciones, en la que ha recordado que en las últimas décadas se han ido poniendo adjetivos al envejecimiento –exitoso, saludable, activo, etc.– pero que siempre han afrontado este fenómeno de manera parcial.
Frente a esos conceptos, Dykstra ha apostado por “una visión más integral “que tenga en cuenta factores sociales, económicos y relacionales. En este sentido, ha destacado la evolución hacia el concepto de envejecimiento sostenible, que “pone en valor la contribución de las personas mayores a la sociedad, no solo como receptoras de cuidados o pensiones, sino también a través del voluntariado, el cuidado de nietos o su participación en la vida cultural”.
Asimismo, la experta ha considerado fundamental la importancia de las relaciones intergeneracionales, subrayando que “la familia sigue siendo un espacio clave de interacción entre personas de diferentes edades” y ha rechazado la idea de un conflicto generacional generalizado. “Es un mito”, ha señalado Dykstra, que ha apuntado que las decisiones sociales y políticas “responden más a factores ideológicos que a la edad”.
Por último, ha incidido en la necesidad de reforzar las políticas de prevención y cuidados de larga duración “que permitan mantener la autonomía y la dignidad de las personas mayores”. También ha llamado a combatir el edadismo y a diseñar entornos “amigables para todas las edades”, recordando que muchas de las medidas que benefician a los mayores –como espacios accesibles o servicios de proximidad– también mejoran la vida del conjunto de la población.
“Solo incorporando esta mirada global e intergeneracional será posible dar respuesta a uno de los principales desafíos demográficos de las próximas décadas”, ha destacado Dykstra.
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