Una vecina de la calle Fuente del Hierro de Iturrama denuncia las molestias ocasionadas por el ruido de las fiestas universitarias en su bloque. “En lo que llevamos de curso, la policía ha acudido en tres ocasiones por las mismas chicas. Encima, las fiestas son cualquier día, las últimas veces tuvieron que venir un martes y un domingo”, explica.
“Mi marido y yo vivimos en la calle Fuente del Hierro nº23 desde hace casi 50 años. En los últimos tiempos, se están alquilando muchos pisos a estudiantes porque se cobra más dinero por persona y hay empresas que están haciendo negocio con ello. Les vienen a limpiar, les hacen la comida... Están como en una residencia, pero en una comunidad de vecinos”.
Así, asegura que casi siempre ha habido problemas de convivencia. “Gritan, cantan con la guitarra, salen al balcón, tiran colillas y vasos de plástico... En nuestro caso, ahora nos molestan cuatro chicas que viven en el ático. El año pasado, ya tuvieron que echar a las que estaban después de que viniera la policía en múltiples ocasiones. Ponían música muy alta, hacían ruido con los tacones... Mi marido subió alguna vez y se le enfrentaban. Cuando la policía empezó a venir, nos dijo que no subiéramos porque no sabemos quién nos va a abrir. Primero les avisamos desde el telefonillo de abajo para que paren y, si no lo hacen, llamamos a la policía”.
La residente en Iturrama explica que la comunidad tiene unas normas que se deberían cumplir. “En los estatutos, se dice que no se debe molestar a partir de las 23 horas ni con ruidos ni con música. Nosotros, viendo que es gente joven y tal, esperamos hasta las doce y algo, pero luego ya es insoportable”, remarca.
En esta última ocasión, llamaron a la policía a las 2 de la madrugada. “Nos dijeron que ya era el quinto piso al que iban esa noche en Iturrama. Cuando viene la policía, sí que paran realmente. Pero eso, a las 2 y 30 estábamos a nuestros setenta y pico años sin dormir. Encima, esa noche teníamos a dos nietos acostados y evidentemente se despertaron”.
"Es un estrés continuo"
“Es un estrés continuo y un auténtico horror. Después de haber vivido aquí tanto tiempo y de haber construido un barrio, duele mucho que vengan estudiantes de fuera y te miren por encima del hombro. No podemos soportar que les avisemos a las doce de la noche y que siga todo igual”.
Ahora, los vecinos confían en la nueva figura de la policía comunitaria. “Se pone en contacto con los afectados, con los que supuestamente hacen el ruido y con la persona que alquila el piso. Esperemos que el policía comunitario haga de mediador bueno entre las partes y nos ayude a solucionar el problema”.