Durante años se ha repetido que el desayuno es la comida más importante del día, pero en los últimos tiempos han surgido nuevas corrientes que cuestionan esta idea. Según explica el farmacéutico y nutricionista Javier Fernández Ligero (@nutriligero), más que una norma universal, la conveniencia de desayunar o no depende del contexto metabólico y de los hábitos de cada persona.

En este sentido, retrasar o incluso prescindir del desayuno puede ser una estrategia útil en determinados casos, especialmente en una sociedad donde predominan el sedentarismo y el exceso de hidratos de carbono en la dieta.

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La redacción de DIARIO DE NOTICIAS seleccionará las preguntas de los lectores que se publicarán en noticiasdenavarra.com, siempre acompañadas de la respuesta del nutricionista.

El impacto de desayunar nada más levantarse

En muchas rutinas diarias, el desayuno se realiza de forma automática al poco de despertarse. Sin embargo, este hábito puede provocar un aumento rápido de los niveles de glucosa en sangre, especialmente cuando se consumen alimentos ricos en azúcares o harinas refinadas.

Estos picos glucémicos repetidos a lo largo del tiempo pueden tener consecuencias en la salud metabólica. Tal y como señala el especialista, pueden reflejarse en analíticas con valores más bajos de colesterol HDL (el conocido como “bueno”) y más elevados de LDL y triglicéridos, lo que se asocia a un mayor riesgo de desarrollar problemas como el sobrepeso o el síndrome metabólico.

Este contexto se ve agravado por un estilo de vida cada vez más sedentario, donde la ingesta de energía suele ser superior al gasto diario.

Retrasar el desayuno para mejorar la glucosa

Frente a este escenario, retrasar el desayuno puede ayudar a mejorar el control de la glucemia. Al alargar el periodo sin ingesta desde la cena, el organismo tiene más tiempo para regular los niveles de azúcar en sangre y optimizar el uso de sus reservas energéticas.

Este enfoque, relacionado con el ayuno intermitente, puede favorecer una mejor respuesta metabólica y contribuir a evitar esos picos de glucosa que se producen al iniciar el día con alimentos inadecuados.

Además, permite diferenciar mejor entre el hambre real y el hambre emocional, algo clave para mantener una alimentación más consciente.

Menos ingestas, menos picoteo

Otro de los beneficios de retrasar o eliminar el desayuno es la reducción del número total de ingestas a lo largo del día. En muchos casos, desayunar temprano lleva a encadenar comidas de forma continua: almuerzo, comida, merienda…

Este patrón puede favorecer el picoteo constante y dificultar el control de la cantidad total de calorías ingeridas. Al espaciar las comidas, es más fácil organizar la alimentación y evitar ese consumo repetido de alimentos a lo largo del día.

Escuchar al cuerpo y adaptar la rutina

Aun así, el nutricionista insiste en que no existe una fórmula única válida para todo el mundo. Hay personas que se sienten mejor desayunando y otras que funcionan perfectamente retrasando la primera comida del día.

Lo importante es observar cómo responde el cuerpo y adaptar la rutina a las necesidades individuales, siempre priorizando la calidad de los alimentos y el equilibrio global de la dieta.

Saltarse el desayuno no es necesariamente perjudicial y, en algunos casos, puede ser una herramienta útil para mejorar el control del apetito y la salud metabólica. Sin embargo, no se trata de una solución universal ni obligatoria.

Más allá de desayunar o no, la clave está en mantener una alimentación equilibrada, reducir el consumo de ultraprocesados y adaptar los horarios de las comidas a un estilo de vida saludable.