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Con discapacidad, al volante y en marcha

Trece personas con discapacidad intelectual leve o límite se preparan para sacarse el carnet de conducir gracias a un programa de Apana

Con discapacidad, al volante y en marchaPatxi Cascante

Cumplir los 18 y apuntarse a la autoescuela para sacarse el carnet de conducir es un trámite que la mayoría de jóvenes esperan con ansias. Disponer de un coche y de un permiso para conducir proporciona independencia, autonomía y libertad y hace posible desplazarse a donde sea y cuando sea, sin depender de nadie. Sin embargo, los procesos convencionales para estudiar el temario, realizar las prácticas y aprobar los exámenes rara vez tienen en cuenta a las personas con discapacidad, que necesitan tiempos y metodologías distintos, lo que les condena a perder autonomía y requerir de otro conductor para sus desplazamientos. Con el fin de crear unas condiciones que permitieran obtener el permiso de conducción a personas con discapacidad leve o límite, en 2018 se creó la iniciativa Cambiamos de Marcha, a la que este año ya se han inscrito trece alumnos.

En la presentación de la V edición del programa, que ha tenido lugar esta mañana, en el Parque Polo, los alumnos Haizea Satóstegui, Daniel Rodríguez y Aimar Aguirre, que cumplen dichos perfiles, han compartido su experiencia obteniendo el carnet de conducir. Al principio, contaba Haizea, “creía que no me lo sacaría nunca porque el temario era muy complicado”. Con el paso del tiempo, y gracias a la lectura fácil, “las palabras difíciles empezaron a tener sentido y empecé a sentir que podía”. Además, con las prácticas que realizaba en el simulador “podía fallar sin miedo y repetir mil veces si quería”. Ahora bien, cuando llegó el turno de salir a la carretera, la situación se complicó. “Fue la parte más dura.Tenía muchos nervios, había mucho tráfico, coches pasando por todas partes... Se me cayeron varias lágrimas pensando que no lo lograría jamás”, ha relatado. Aunque tuvo que hacer “más clases que los demás”, cada glorieta, cada kilómetro y cada aparcamiento exitoso se fueron convirtiendo en pequeñas victorias que la acercaban cada vez más a su objetivo.

Haizea todavía recuerda cómo le temblaban las manos el día del examen. “Tuve que respirar hondo varias veces antes de arrancar”, ha admitido. A día de hoy, reconocía, “todavía recuerdo la voz de mi profesor cuando me dijo que era apta y la ilusión que sentí por demostrarme a mí misma que sí podía”. En su caso, ella necesitaba el carnet no solo para desplazarse a su antojo, sino también para conseguir un trabajo. Mientras, Daniel, que lleva ya dos años conduciendo, lo utiliza principalmente “para bajar a entrenar a los chavales y para llevar a los abuelos a casa” sin tener que pedírselo a su padre o a su hermano. Aimar, por ahora, ha aprobado la parte teórica y ha empezado, precisamente este lunes, la práctica. “Hasta aquí voy bien”, decía, “y espero sacármelo para que mi padre no me tenga que estar bajando a Tajonar a entrenar”.

Realidad virtual y simuladores

El proceso de obtención del permiso de conducir para personas con discapacidad está dividido en tres fases. Durante la primera, los alumnos estudian el código de circulación en el Centro José María Iribarren, con una metodología que facilita su comprensión, en un proceso que se extiende de octubre a mayo. Después, de julio a marzo, tiene lugar la preparación intensiva del examen teórico, durante la que emplean un simulador de conducción, unas gafas de realidad virtual y hacen prácticas en el Parque Polo.

Las gafas de realidad virtual permiten a los alumnos contestar a preguntas teóricas desde dentro de un coche –lo que permite entender el temario y los enunciados mejor que observando una fotografía–, pero con la ventaja de estar aislados de distracciones. Por otro lado, el simulador recrea situaciones reales que pueden ocurrir en carretera y que pueden generar miedo o angustia, como la salida de un bus, el cruce de un patinete o la incorporación a una vía. De esta manera, ha explicado Nuria Iso, de Nautilus Digital Experiences, “aprenden a relacionarse con el entorno, pero de una forma adaptada a sus necesidades”. Finalmente, cuando ya están preparados, los estudiantes realizan prácticas individualizadas en los coches de la autoescuela hasta conseguir el éxito. 

Según ha apuntado la presidenta de la Asociación Provincial de Autoescuelas de Navarra (Apana), Amaya Echeverría, este innovador proyecto ha atraído a 51 personas a lo largo de cinco ediciones. De ellas, 49 todavía continúan inscritas, tres ya han obtenido el carnet, seis se encuentran en fase avanzada y tan solo se han producido dos abandonos voluntarios y tres finalizaciones por criterio técnico. Es más, Cambiamos de Marcha está demostrando tener un impacto tan trascendental en la vida de estas personas que, tal y como ha revelado Echeverría, “ya se está replicando en Albacete y Galicia”, e incluso en Polonia han mostrado interés. 

Por su parte, el presidente de Fundación Caja Navarra –entidad colaboradora, junto a Fundación la Caixa–, José Ángel Andrés, ha reconocido que el proyecto encajó con los ideales del Programa Innova desde los inicios. “Conducir es mucho más que manejar un coche: es libertad y es acceso al empleo”, ha apuntado. En esta línea, ha añadido Jose Javier Boulandier, director del Servicio de tráfico de la Dirección General de Interior del Gobierno de Navarra, “además de ocupar un espacio en nuestras carteras, el carnet nos permite decidir a dónde y con quién nos desplazamos, así que es fundamental hacer de la carretera un lugar más humano”. Y así lo ha confirmado Haizea. “Hoy conduzco, soy independiente y voy a donde quiero, cuando quiero. Las personas como yo también podemos conducir, solo necesitamos apoyo, tiempo y confianza”, ha concluido.