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Los Pirineos registran avalanchas cada vez más pequeñas, pero más frecuentes que alcanzan actividades humanas

Un estudio científico analiza 57 casos en el valle de Canfranc y vincula la inestabilidad del manto nivoso con el cambio climático tras un invierno con ocho víctimas

Los Pirineos registran avalanchas cada vez más pequeñas, pero más frecuentes que alcanzan actividades humanasOriol Travesset

Un trabajo de cinco científicos publicado por la revista Cold Regions Science and Technology en su número de marzo, ha llegado a la conclusión de que en los Pirineosse registran avalanchas cada vez más pequeñas, pero a la vez también más frecuentes. Han estudiado 57 episodios de aludes registrados entre 1910 y 2014 en el valle de Canfranc y han comprobado que la variabilidad del clima (definida por la Oscilación del Atlántico Norte (NAO)) condiciona las precipitaciones y temperaturas, y con ello la probabilidad de avalanchas.

El estudio se ha elaborado en el marco del proyecto europeo Pyrenées4clima, en el que participan las 7 regiones que abarca la cordillera (Andorra, Aragón, Cataluña, Euskadi, Navarra, Nueva Aquitania y Occitania) y está liderado por el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC-CTP). Se ha partido de la base que los Pirineos se encuentran entre las regiones de criosfera de montaña con los niveles más altos de actividad de avalanchas en el mundo. El trabajo lo firman cinco expertos: Jaime Boyano Galiano, Alberto Muñoz Torrero, Juan Antonio Ballesteros Cánovas (MNCN-CSIC); Juan Ignacio López Moreno (IPE-CSIC), y Osvaldo Franco-Ramos. Este informe llega tras un invierno especialmente trágico, en que las avalanchas se han cobrado la vida de al menos ocho personas en los Pirineos, la última este pasado 18 de marzo.

El estudio proporciona información valiosa para la evaluación de riesgos y el desarrollo de estrategias adaptativas de gestión de peligros en entornos montañosos afectados por el cambio climático. En concreto, se ha analizado la relación entre el cambio climático y la actividad de avalanchas de nieve en los caminos de Estiviellas y Rinconada. Utilizando registros históricos, análisis dendrocronológico, mapeo geomorfológico y datos climáticos, se reconstruyeron 30 eventos de avalanchas en Estiviellas y 27 en Rinconada. Los resultados muestran que las avalanchas más grandes ocurrieron con mayor frecuencia en la segunda mitad del siglo XX, mientras que en las últimas décadas se han registrado eventos más pequeños, pero más frecuentes, confinados a las pendientes superiores.

La investigación también subraya la importancia de las prácticas de reforestación y las medidas de mitigación estructural implementadas en el área desde principios del siglo XX, que han reducido la severidad de los riesgos de avalanchas, lo que demuestra la eficacia de las mismas.

Juan Antonio Ballesteros, uno de los cinco firmantes del estudio, explica cómo han comprobado la tendencia a que “las avalanchas de menor frecuencia, situadas en las partes más altas, cada vez son más frecuentes, y pueden afectar a las infraestructuras de salvaguarda (diques, redes…) que sirven, precisamente, para mitigar los efectos de los grandes aludes”.

“El cambio climático genera situaciones más variables y extremas”

En las avalanchas, “la variable de la temperatura afecta. Hay una tendencia al incremento del número aludes pequeños, es decir, que son más frecuentes. Eso sí, los aludes grandes, aunque con menos frecuencia, seguirán llegando. En el siglo XX ya ha habido varios grandes aludes que han llegado hasta el fondo del valle. Cada 20 o 30 años hay una avalancha de cierta importancia”, destaca Ballesteros.

El cambio climático “genera situaciones más variables y extremas, como ocurre tanto con las lluvias o con la temperatura, también con la nieve. De este modo, el manto de nieve es más inestable, y afecta sobre todo en la parte final del invierno. Un manto de nieve más inestable puede afectar, especialmente, a las actividades deportivas de invierno”.

En una línea similar se expresa Juan Terrádez, responsable de proyectos en el OPCC: “En determinadas altitudes del Pirineo todavía hay poco instrumental instalado, y las series de datos disponibles sobre estos fenómenos son relativamente cortas y heterogéneas. El cambio climático y la variabilidad climática influyen de varias maneras en la dinámica y el riesgo de avalanchas en los Pirineos. Cambia la frecuencia, el tipo y el momento del año en que se producen. Dependiendo de cómo se estructuren las distintas capas de nieve, pueden aumentar los problemas de deslizamiento entre ellas”.

Terrádez concluye que “el cambio climático en el Pirineo tiende a reducir la cantidad total de nieve, pero al mismo tiempo puede aumentar la inestabilidad del manto nivoso aún existente y, por tanto, la variabilidad estacional y tipológica de las avalanchas: habrá menos eventos en cotas bajas, pero mayor incertidumbre y episodios en altitudes altas con mayor proporción de avalanchas húmedas que secas”. El conocimiento es la base para poder actuar más eficazmente y debemos avanzar para definir medidas de adaptación al cambio climático.

Otros estudios

Otra de las organizaciones que trabajan en el proyecto europeo Pyrenées4clima es Météo France. Su director adjunto científico, Jean Michel Soubeyroux, apunta a que existen “muy pocos estudios específicos sobre los aludes en Pirineos”. Dentro del proyecto Pyrenées4clima, se están trabajando dos líneas de trabajo: “la creación de unas bases de datos de espesores de nieve que permiten construir series históricas más completas de la evolución del manto nivoso en los Pirineos” y, por otro lado, “la actualización de las proyecciones climáticas de la capa de nieve en los Pirineos”.

Otra de esas entidades participantes en las investigaciones del Pyrenées4clima es la Agrupación Europea de Cooperación Territorial Pirineos-Pyrénées (AECT), que tiene competencia en la seguridad de los pasos transfronterizos de El Portalet y el Túnel de Bielsa-Aragnouet. Santiago Fábregas, miembro de la AECT, recalca la “importancia de tomar, interpretar y difundir datos nivometeorológicos, compartidos con los diferentes actores implicados en los Pirineos, para detectar sitios y situaciones que pueden suponer riesgo por aludes; trasladándolo a servicios meteorológicos, gestores de carreteras, estaciones de esquí, servicios de rescate en montaña, etc.”.

Además, apunta el interés por conocer y registrar las causas y efectos que provocan los aludes, “especialmente si este ha provocado daños personales y/o de manera significativa a bienes y/o servicios. Se trata de realizar algo parecido a la autopsia de un alud” y aprender de lo sucedido para prepararnos mejor para el futuro inmediato.

En el marco del proyecto Pyrenées4clima, todos estos expertos siguen trabajando en ampliar el conocimiento sobre las nevadas y las avalanchas en los Pirineos, de modo que se puedan aumentar las medidas de adaptación y mejorar las condiciones de seguridad para las actividades humanas en la zona.