Comenzar la formación digital a edades tempranas, entre 9 y 13 años, permite que el uso intuitivo de la tecnología pase a otro consciente, creativo y crítico, mientras que en la adolescencia (14 a 17 años) el aprendizaje se ralentiza, lo que refuerza la importancia de intervenir cuanto antes.

Esta es la principal conclusión del estudio 'Apropiación de la tecnología y percepciones en niños, niñas y adolescentes en España' de la Fundación Cibervoluntarios, presentado este miércoles en el Ministerio de Juventud e Infancia, y en el que han participado 5.685 niños y adolescentes entre 9 y 17 años de todo el territorio nacional.

El estudio, que analiza el impacto de la formación en competencias digitales en menores, demuestra que los niños en la franja de edad entre los 9 y 13 años son los que maximizan más el aprendizaje.

A menor edad, mayor mejora

Deja claro el informe que el uso cotidiano de la tecnología no genera por sí competencias digitales.

Tras la intervención formativa, el grupo de 9 a 13 años pasó de un suspenso (partía de una puntuación de 4,46) al aprobado (6,00), con una mejora de 1,54 puntos.

También revela el estudio que a menor edad, mayor mejora. Los participantes de 9 años suben 1,7 puntos frente a los de 13 años, que crecen 1,09. Por cada año adicional la mejora se desacelera -0,14 puntos.

El grupo de 14 a 17 años, que partía también de un suspenso (3,99) obtuvo un suficiente de puntuación media (5,18), una mejora de 1,19 puntos.

Las niñas son mejores, pero se perciben inseguras

Los resultados también demuestran que la formación tiene un impacto significativo en las niñas, que experimentan una mejora sistemáticamente mayor.

Las niñas mejoran casi el doble que los niños, de 0,58 frente a 0,31, pero se perciben más inseguras en el manejo de la tecnología.

El 78,4 % de los niños dicen sentirse seguros o muy seguros al usar internet, frente al 71,9 % de ellas.

Esta brecha entre conocimiento y vivencia emocional subraya la importancia de complementar la formación técnica con acompañamiento y refuerzo de la confianza.

La formación potencia el bienestar digital

El estudio concluye que la seguridad emerge como un eje central que conecta formación y bienestar emocional. Antes de la formación, un 75,5 % se sentían seguros o muy seguros usando internet. Tras la formación ese porcentaje sube al 80,6 %.

Por áreas temáticas, el análisis revela que la formación es especialmente eficaz en contenidos que requieren más acompañamiento. Las mayores mejoras se concentran en ámbitos como privacidad, seguridad y gestión de riesgos.

De 9 a 13 años, hubo más avances en 'seguridad al navegar' e 'información y noticias en internet' mientras que en la franja de 14 a 17 años la mayor puntuación fue para el ámbito de 'compartir y colaborar online', seguido de 'identidad y privacidad personal'.

Las competencias digitales parte del currículo escolar

Según el secretario de Estado de Juventud e Infancia, Rubén Pérez, las competencias digitales deben formar parte del currículo escolar: "Cuando los niños y adolescentes tienen más herramientas para entender qué riesgos existen y cómo protegerse, no solo saben más, se sienten mejor".

El secretario de Estado ha recordado que hay derechos digitales (lo dice el Comité de Naciones Unidas en la Carta de los derechos del niño) "y hay que hacerlos visibles en la infancia".

Ha apostado por hacer una inmersión digital gradual y "obligar al sector tecnológico a adaptar sus aplicaciones y sus diseños a la infancia".

Pérez ha puesto de ejemplo el whatsapp: "Si forma parte del modelo de socialización y trabajo en las aulas, habrá que adaptar el formato para que el padre tenga derecho a decidir qué adulto interactúa con el menor, y acceso a todo el contenido".

En opinión de la presidenta de la Fundación Cibervoluntarios, Yolanda Rueda, el estudio corrobora que la formación en competencias digitales es clave para el uso consciente y creativo y para reducir desigualdades: "Estamos en el camino correcto y esta formación ha de ser continua en el tiempo".