Las I Jornadas LAM (Lengua, Acogida y Migración), celebradas recientemente en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), han puesto de relieve que la acogida del alumnado de origen migrante no puede entenderse solo como una cuestión lingüística, sino como un proceso que requiere coordinación entre recursos educativos, acompañamiento social, mediación intercultural y formación del profesorado. A lo largo de dos días, que reunieron a un centenar de asistentes, el encuentro analizó experiencias educativas, herramientas, propuestas didácticas y líneas de trabajo dirigidas a favorecer una inclusión ajustada a la diversidad de trayectorias y necesidades presentes en las aulas. Esta iniciativa ha sido organizada por María Victoria López Pérez, Magdalena Romera Ciria y Sara González Berrio, profesoras del Departamento de Ciencias Humanas y de la Educación de la UPNA.

La primera jornada se centró en los recursos disponibles y en los retos que plantea su aplicación. En esa sesión, Alfonso del Val Agustín, del Servicio Karibu de Acogida y Acompañamiento a Personas Migradas del Gobierno de Navarra, expuso la estructura del Plan de Acogida a Personas Migrantes y detalló distintos programas orientados a favorecer la autonomía de estas personas. Entre ellos, citó iniciativas de alfabetización y aprendizaje lingüístico, de acompañamiento en vivienda, salud y gestión administrativa, de atención a jóvenes en situación irregular y programas específicos para mujeres y menores vulnerables en la Ribera. Su intervención situó así el punto de partida de la jornada en una idea amplia de la acogida, ligada no solo al idioma, sino también a las condiciones materiales y administrativas que condicionan cualquier proceso de inclusión.

Público asistente a la primera jornada. ©Jesús M Garzaron

Sobre esa base, Miguel Ibáñez Praderas, del Servicio de Inclusión, Igualdad y Convivencia del Gobierno de Navarra, explicó cómo ha evolucionado la respuesta educativa al alumnado migrante desde los primeros cursos de español como segunda lengua hasta un modelo más estructurado, basado en herramientas de detección y planificación. Según señaló, el sistema ha pasado de atender situaciones puntuales en “unos pocos centros” a desarrollar una estrategia más general, apoyada en índices como el de ACNEAE (Alumnado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo) y el de alumnado sobrevenido, que permiten anticipar necesidades y ajustar la intervención. “Buscamos respuestas más estructuradas y personalizadas que conllevan formación, dotación y evaluación continua a través de programas como PROA+ o TC-DUA”, explicó Ibáñez, quien destacó el nuevo proyecto piloto de enseñanza del castellano para alumnado extranjero que se está realizando desde febrero en tres centros navarros.

En esa misma línea, Sara Gutiérrez Monescillo, del programa Transformación de Centros y Diseño Universal para el Aprendizaje del CREENA (Centro de Recursos para la Equidad Educativa de Navarra), presentó recursos como PROA+, las redes de intercambio entre centros, el asesoramiento técnico y un banco de materiales en crecimiento, con especial atención al alumnado que se incorpora sin conocimiento del idioma. Ambas intervenciones incidieron, desde perspectivas complementarias, en la necesidad de consolidar respuestas educativas estables, evaluables y compartidas por el conjunto del sistema educativo.

Mesa redonda de la segunda jornada. De izq. a dcha.: María Victoria López, Arantxa Caminos, Isabel Logroño, Ana Remedios Alemán, Maryem Zouaouine, June Azkarateaskasua y Ángel Pérez.

Mirada crítica desde el trabajo social

La mesa, moderada por Magdalena Romera, incorporó también una mirada crítica sobre los límites de la intervención escolar cuando esta no se revisa desde sus efectos reales. Rubén Lasheras Ruiz, profesor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la UPNA, advirtió de que “la buena voluntad” no siempre basta y alertó de riesgos como “exotizar” al alumnado, proyectar sobre él categorías inadecuadas o proponer actividades alejadas de su realidad cotidiana.

Por su parte, Mónica Aznárez Mauleón, profesora del Departamento de Ciencias Humanas y de la Educación de la UPNA, completó este enfoque con la presentación de las líneas de investigación en translingüismo y competencia comunicativa del alumnado migrante, además de subrayar la función de la Universidad en la formación continua del profesorado y en el apoyo a la comunidad educativa. El coloquio posterior reforzó esa misma idea al abrir cuestiones como la valoración de la lengua materna, el desequilibrio entre centros o la conveniencia de incorporar con mayor peso perfiles del ámbito social al trabajo educativo.

Aprender una lengua sin abandonar otra

Los talleres del primer día trasladaron estas reflexiones al terreno de la práctica docente. Júlia Llompart Esbert, investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona, centró su exposición en los repertorios lingüísticos del alumnado y defendió que aprender una nueva lengua no exige abandonar la lengua de origen, sino aprovecharla como un recurso de aprendizaje. Su taller cuestionó algunos supuestos habituales, como la conveniencia de separar estrictamente las lenguas en el aula o de evitar la traducción, y planteó que las prácticas plurilingües favorecen la comprensión, activan conocimientos previos y refuerzan la autoestima lingüística.

Desde otra perspectiva, Irune Ansa Eguileta, técnica del programa Prometeus de la UPNA, abordó la inclusión en el aula a partir de la heterogeneidad de las trayectorias migratorias y de factores como la edad, la situación administrativa, la clase social, el género o el duelo migratorio. Partiendo de grupos de discusión con estudiantes, su sesión recogió propuestas relacionadas con la sensibilización del alumnado y de las familias, la intervención ante comentarios racistas o xenófobos, el acompañamiento entre iguales y el respeto a los ritmos de relación.

Acompañamiento sostenido

La segunda jornada desplazó el foco hacia experiencias educativas concretas desarrolladas en distintos contextos. Uno de los hilos comunes de la mesa fue el valor del acompañamiento sostenido. En ese marco se situó el testimonio de Maryem Zouaouine, antigua alumna del sistema educativo navarro y hoy monitora en el proyecto Ikaskide de Escolapios, que relató su propio recorrido para mostrar hasta qué punto el apoyo educativo puede condicionar la continuidad de los estudios. Tras participar en el programa Prometeus de la UPNA, cursó el grado en Maestro y, en la actualidad, estudia Psicología.

A continuación, Ana Remedios Alemán Castillejo, docente de un centro público navarro de Educación Infantil y Primaria, e Isabel Logroño Carrascosa, profesora del IES Julio Caro Baroja (Pamplona), describieron distintas formas de intervención con alumnado recién llegado: desde el conocimiento del contexto lingüístico y familiar hasta la valoración inicial de necesidades, la enseñanza específica del castellano, el uso de materiales adaptados y la coordinación con otros servicios. Sus aportaciones mostraron que la acogida educativa eficaz requiere combinar observación, flexibilidad y trabajo conjunto dentro y fuera del aula ordinaria.

Personas asistentes a la segunda jornada.

La mesa, moderada por María Victoria López, abordó igualmente la dimensión comunitaria e intercultural de estos procesos. Arantxa Caminos García presentó el proyecto Ongi Etorri Iruñera, que utiliza el euskera como herramienta de inclusión social y cultural mediante espacios de encuentro intercultural y dinámicas de coaprendizaje. Por su parte, Ángel Pérez Guisasola y June Azkarateaskasua Bakaikoa expusieron la experiencia del colegio San Ignacio (Pamplona), que ha puesto en marcha un aula de apoyo no segregadora, con apoyo de Caja Rural de Navarra, para responder al incremento del alumnado migrante, con especialistas en integración social, profesorado dedicado a la enseñanza del idioma y coordinación con el Departamento de Orientación. En ambos casos, la intervención se planteó no como un dispositivo paralelo, sino como una vía para favorecer la inclusión sin segregación.

La IA en el aprendizaje de la lengua

El programa de las jornadas se completó con dos talleres centrados en innovación educativa y herramientas digitales. Mario de la Fuente García, docente de la Fundación Sierra Pambley, analizó los usos de la inteligencia artificial (IA) en la enseñanza del castellano como lengua de acogida en contextos de educación no formal marcados por la diversidad de niveles y la asistencia irregular. Según explicó, estas herramientas pueden ayudar a resolver dudas, practicar fuera del aula, adaptar actividades y simplificar contenidos, aunque subrayó que su integración exige formación específica y no sustituye la labor docente.

El cierre de las jornadas correspondió a Habiba El Baz y Paola García Bustos, del Servicio de Mediación e Intervención Comunitaria Intercultural del Gobierno de Navarra, que defendieron una acogida basada en la humanización de los procesos, el cuidado del lenguaje y el reconocimiento de la identidad del alumnado. Sus palabras incidieron en la necesidad de integrar sin desarraigar y de evitar que la persona quede reducida a una etiqueta migratoria. “Acoger no es hacer al niño igual a nosotros; es ofrecerle seguridad para que pueda ser plenamente quien es”, señalaron.

Las jornadas se enmarcan en la línea de trabajo e investigación que el Departamento de Ciencias Humanas y de la Educación de la UPNA desarrolla en torno a la lengua, la acogida y la migración, y contaron con el apoyo del Vicerrectorado de Estudiantes, Vida Universitaria y Compromiso Social, la Facultad de Ciencias Humanas, Sociales y de la Educación, las cátedras Aprender Ikasi y Patrimonio Inmaterial de Navarra, y el Instituto I-COMMUNITAS.