El 12 de abril se cumplieron cuatro años desde que Jon Eceiza Mauri se subió por primera vez a un camión como profesional en Barcargo, una empresa de transporte de Lesaka. Tenía 23 años, acababa de sacarse el carné dos años antes y llevaba una vida entera preparándose para este momento sin saberlo. Su abuelo era camionero y su padre también lo es. Lo llevaba en la sangre.
“Cuando acabé el colegio, en vacaciones me iba con mi padre en el camión”, cuenta Jon desde la cabina de su tráiler, de vuelta a casa en Irun tras estar unos días descargando en Holanda y Bélgica. Ahora, con 27 años, reconoce que su vocación viene de familia.
La pandemia le llegó a Jon cuando estaba preparándose para obtener los permisos para ser transportista. Fue uno de esos contratiempos que no estaban en el plan, pero que pudo sortear y ya en 2022 comenzó a trabajar en Barcargo, la misma empresa en la que trabajaba su padre cubriendo rutas internacionales de mercancías.
Trabajar en el asfalto
La soledad de la carretera es algo que este joven de Irun asume con naturalidad. Dormir en el camión tampoco le supone un problema, aunque reconoce que hay que elegir bien los sitios para descansar. “Para dormir busco sitios cercanos a restaurantes, áreas de servicio”, para añadir que, hasta la fecha en sus cuatro años de experiencia en la carretera, no ha tenido ningún susto, ni sobre el asfalto ni fuera de él.
Aun así, Jon no ignora los riesgos de su trabajo y la experiencia le ha enseñado que la prudencia no es opcional al volante. “Estamos expuestos a que puedan pasarnos cosas mientras conducimos, porque son muchas horas y kilómetros en la carretera”, admite. “Por eso siempre hay que ir con mucho cuidado y, por ahora, no he tenido ningún percance grave”.
El trabajo de transportista internacional, relata Jon, tiene también sus imprevistos agradables y sus experiencia para el recuerdo. “Una Nochevieja estaba a 20 kilómetros de París y coincidió que mi padre también estaba cerca por su ruta ese día. Así que pasamos la Nochevieja en París. Fue una Nochevieja muy especial”, recuerda.
De cara al futuro, Jon tiene claro que quiere seguir al volante de un camión “toda la vida”, aunque admite que si llegara a formar una familia, el transporte internacional perdería parte de su atractivo y se plantearía realizar rutas nacionales. De hecho, ahora que tiene pareja, “los fines de semana apetece estar más libre. Antes me era más indiferente”, reconoce. El transporte nacional o de cercanías serían opciones más adecuadas.
Para quien esté pensando en entrar en el sector del transporte, Jon tiene un mensaje sencillo. “Lo primero es la vocación, es decir, lo principal es que te guste conducir, porque trabajo hay para todo. Hay opciones para todos los perfiles y circunstancias. El transporte internacional está para los que quieren conocer mundo, mientras que también tienes la opción de haber rutas nacionales si quieres pasar más tiempo en casa. Y también está el trabajo de cercanías para quien prioriza la conciliación. Y en todos los casos, hay trabajo”, asegura Jon mientra sigue en ruta de vuelta a Irun. “Yo estoy muy feliz con mi trabajo, porque hago lo que me gusta”, recalca.