Hace cincuenta años, la siega marcaba el inicio del verano. En muchos pueblos la faena empezaba por San Juan y se estiraba, hoz y gavilla en mano, hasta finales de julio. Una vez terminada, llegaban las fiestas patronales para celebrar la abundancia de la tierra.
Aunque parezca mentira, el aguilucho cenizo (Circus pygargus) y el aguilucho pálido (Circus cyaneus) repiten ese mismo calendario. Estas rapaces llegan a la Península Ibérica hacia finales de marzo y anidan en el propio cereal, donde realizan la puesta. Sus pollos nacen entre finales de mayo y principios de junio y no vuelan hasta un mes más tarde.
Sin embargo, en los últimos años, esta sintonía natural se está viendo alterada. Según varios estudios publicados desde 2020 (revista Nature, JRC, Copernicus), el cambio de las variables climáticas ha provocado una variación interanual en la fecha de cosecha del cereal en el norte de España. El aumento de la temperatura media, acompañado de menos heladas, acelera el ciclo de los cultivos. La cosecha puede adelantarse entre tres días y dos semanas, según los años. Esto, sumado a la selección de variedades de ciclo corto y la mecanización del campo, favorece el adelanto de la siega, con lo que las cosechadoras acaban entrando en los campos cuando los pollos todavía no vuelan.
Para asegurar su salvaguarda, Medio Ambiente del Gobierno de Navarra cuenta con un programa de seguimiento que, con la colaboración del personal agricultor, ha salvado más de mil volantones en los últimos quince años.
La Linterna Verde es una serie de artículos sobre Sostenibilidad de Orekan Gestión Ambiental de Navarra.