Una niña de 12 años recibe un mensaje en Instagram. El remitente dice ser el representante de su cantante favorito. Le explica que está organizando un concurso: el fan que consiga más puntos ganará entradas para el próximo concierto. Solo tiene que mandarle un vídeo de su cara. Luego otro enseñando un hombro. Luego un poco más. La niña no sospecha. El "representante" no existe. Y el vídeo, una vez enviado, ya no tiene dueño.

Este es uno de los escenarios que los investigadores del Grupo de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional de Navarra encuentran con creciente frecuencia en su trabajo diario. Un trabajo que, advierten, ha cambiado radicalmente en los últimos años: la pornografía infantil ya no vive únicamente en los rincones más oscuros de la dark web. Está en las redes sociales que usan los adolescentes cada día.

El riesgo, en la palma de la mano

La pornografía infantil es, en palabras de los propios investigadores, un "delito puramente tecnológico". Su naturaleza cambia al mismo ritmo que cambian las herramientas digitales que usa la sociedad. Y en los últimos años, la herramienta que lo ha transformado todo es el teléfono móvil en manos de menores cada vez más jóvenes.

"Hace siete años era impensable que un niño de 12 años tuviese un teléfono con acceso a Instagram, a Telegram, al mundo entero", explica una agente con años de experiencia en este tipo de investigaciones. "Al poner el móvil a disposición de menores a edades más tempranas, se ha abierto una puerta enorme. El pedófilo antes solo tenía los archivos que compraban en la web. Ahora dice: ¿para qué voy a pagar si puedo engañar a esta niña en Instagram y me va a mandar sus vídeos fresquitos y nuevos?", plantea la inspectora responsable del Grupo 2 de Delitos Tecnológicos de la Brigada Provincial de la Policía Nacional en Navarra.

El resultado es una modalidad delictiva en auge: el grooming adaptado a la producción de material. Ya no se trata solo del clásico acosador que busca un encuentro físico, sino del pedófilo que, mediante engaños, consigue que el propio menor sea quien produce el vídeo. Técnicamente, desde el punto de vista penal, eso se considera producción de pornografía infantil.

La Inteligencia Artificial

Los investigadores advierten de una tendencia emergente que suma complejidad a un problema ya de por sí difícil: el uso de inteligencia artificial para generar o modificar imágenes de pornografía infantil.

El Código Penal español ya recoge esta casuística: si una imagen generada por IA representa de forma realista a un menor en situación sexual, se considera delito, aunque el niño no exista. La razón es doble: alimenta las conductas de quienes tienen estas tendencias y complica enormemente la investigación policial, que puede dedicar tiempo y recursos buscando una víctima que nunca existió. Un caso reciente en Navarra fue el del profesor del instituto de Zizur que tomaba fotografías de menores en redes sociales y las modificaba digitalmente. Ese tipo de conducta está igualmente tipificada como producción de pornografía infantil.

El coste humano para los investigadores

Hay una dimensión de estas investigaciones que raramente se menciona: el coste personal para quienes las llevan a cabo. Los agentes de la Policía Nacional que analizan dispositivos intervenidos pueden encontrarse con cientos de miles de archivos que deben revisar uno por uno. "Un compañero tiene ahora 200.000 vídeos que tiene que ver todos", relata la investigadora. "Los tiene que ver todos, porque igual en uno de ellos el investigado es el producto y eso cambia completamente la responsabilidad penal. Ver ese material, día tras día, deja huella. Te vas a casa con mucho peso. Te afecta a la vida personal, a la familiar. Si tienes hijos, te vuelves mucho más susceptible con todo". Y añade: "Un señor tenía más de 10.000 archivos y me decía que aquí no le hacía daño a nadie. Le dije: a este niño que están violando en este vídeo, le han fastidiado la vida".

La conclusión de quienes investigan estos delitos a diario es contundente: los casos se resuelven, los responsables son identificados y puestos a disposición judicial, y la cooperación internacional funciona. Pero la prevención —la educación de los menores y la vigilancia activa de los adultos— sigue siendo la primera y más eficaz línea de defensa. "Si la gente tiene miedo de denunciar porque estuvo en ese canal, que lo piense: está ayudando a que ese niño no haga dos vídeos más. Está cortando algo. Y eso tiene mucho valor".