Síguenos en redes sociales:

El uso del móvil se reduce en adolescentes en Navarra y preocupa su inicio a edades más tempranas

Uno de cada siete escolares navarros de sexto de Primaria ya tienen teléfono l El 90% de las familias, intranquilas ante el uso que hacen sus hijos del ‘smartphone’

El uso del móvil se reduce en adolescentes en Navarra y preocupa su inicio a edades más tempranasPilar Barco

La asociación Adolescencia Libre de Móviles de Navarra (Almna) ha presentado los resultados de su segunda encuesta anual sobre el uso de los teléfonos móviles entre menores. En esta ocasión, ha planteado diferentes preguntas a un total de 2.487 familias de 117 centros educativos de la Comunidad Foral, en las que se han manifestado de manera clara dos cuestiones: por un lado, que el móvil llega a Educación Primaria por la puerta de sexto –ya que uno de cada siete de los menores que se encuentran ese curso cuentan con un smartphone propio, lo que corresponde a 48 estudiantes de los 323 de ese curso–. Asimismo, en el conjunto de la muestra, el 19,6% –uno de cada cinco– de los menores ya tiene teléfono en contraste con el 17,7% registrado en 2025, lo que supone un ligero aumento; de 319 a 488. Por otro lado, y como consecuencia directa de esta primera conclusión, la preocupación familiar es casi unánime. El 90,5% de las 3.884 que participaron en las ediciones de este año y del anterior (en concreto, 1.805 en 2025) aseguran sentirse inquietas ante la llegada del teléfono móvil a la vida de su hijo o hija.

Aunque esta preocupación no siempre se traduce en una acción efectiva. Apenas seis de cada diez familias (59%) restringen su uso de manera efectiva y continuada. De igual manera, el 10% de los progenitores mencionan que establecen un límite de uso durante el fin de semana y el 22,9% –184 familias– admite que no establece ningún límite. Con todo, la mayoría de ellos también señalan que el 58,7% de las familias estarían dispuestas a plantear junto con otras familias tanto alternativas como diferentes maneras de que sus hijos e hijas utilicen un teléfono móvil.

La progresión en primaria

En los cursos previos a sexto, la presencia del smartphone es todavía simbólico, pero constante y ascendente en todos los tramos: 8 menores en primero, 7 en segundo, 11 en tercero, 17 en cuarto y 21 en quinto. El salto cuantitativo se produce al llegar a sexto, donde la cifra casi se triplica respecto al curso anterior y llega hasta los 48 menores. En ese sentido, también es destacable que, de los 331 encuestados en Educación Infantil, dos tienen móvil propio. Por otro lado, la distribución geográfica no es uniforme. En cuanto a los datos de secundaria, la progresión se acelera conforme avanza la escolaridad. En primero de ESO, el 31,6% tiene móvil –una reducción respecto al 36,8% de 2025–, pero en segundo el porcentaje sube al 67,5% y en cuarto de ESO alcanza el 94,3%, con 50 de 53 encuestados respondiendo que sí. En lo que respecta a la brecha de género, presente pero no determinante en Primaria, se acentúa en secundaria: en el conjunto de menores con móvil registrados en las dos ediciones, 420 son chicas y 380 chicos.

Por qué se compran móviles

Los motivos para dar el paso también dicen mucho sobre cómo se toma la decisión. El argumento más extendido –en el 34,1% de los casos– es la necesidad de localizar al menor. El segundo motivo más frecuente revela algo más incómodo: el 16,8% de las familias reconoce que compró el móvil porque los amigos de su hijo ya lo tienen. La presión del entorno, y no una valoración propia de la madurez del menor, es lo que inclina la balanza en casi uno de cada cinco casos. Asimismo, solo el 5% afirma haber considerado que el menor tenía edad suficiente para gestionarlo. Se trata de un conjunto de razones que demuestran, en la gran mayoría de los casos, tanto la preocupación por saber dónde está el menor cuando no se encuentra cerca de los progenitores como la presión del entorno, de ahí que muchos de los padres y madres se replanteen el uso del móvil si lo hiciera de forma coordinada con otras familias. Y, de alguna manera, se manifiesta así que la voluntad de cambio supera al porcentaje de menores que ya tiene teléfono, lo que apunta a que el problema no es tanto la falta de disposición como la ausencia de un marco colectivo en el que apoyarse. En ese sentido, se demuestra que la lógica que sostiene el modelo de pactos que Almna impulsa en los centros educativos de la comunidad. De esta forma, si una sola familia decide no comprar el móvil, su hijo queda al margen. Si lo decide un grupo suficiente del mismo curso o colegio, la norma cambia. Lo individual se vuelve colectivo, y lo que antes era una excepción pasa a ser una posición sostenible.

'Smartwatch' como alternativa

Por otro lado, el smartwatch ha ganado terreno como solución intermedia ante esta problemática. Un total de 1.108 familias –el 25,8% de los que fueron encuestados entre 2025 y 2026, mayoritariamente asentados en Pamplona y su área metropolitana– han optado por este dispositivo. El 60,5% –seis de cada diez familias– lo justifican por la posibilidad de mantener contacto con el menor; mientras que el 20,7%, reincide en el mismo motivo por el que muchos consideraron la idea de comprar el teléfono móvil, que es la geolocalización. Dicho de otra manera, estas funciones coinciden, en ambos casos, con los dos primeros motivos que llevan a comprar un smartphone: localizar y comunicarse. El reloj empieza a ser habitual desde tercero de Primaria y su presencia decrece en la ESO, cuando suele ser sustituido por un teléfono móvil. Así, lo que en un principio se presenta como una alternativa controlada acaba, en muchos casos, siendo el paso previo al dispositivo que se pretendía retrasar.

Videojuegos

La encuesta aborda también el uso de videojuegos, y los datos muestran que el entretenimiento digital está más extendido de lo que podría parecer incluso entre los menores sin smartphone. El 44,7% –1.907 niños y niñas– juega a videojuegos offline, con una diferencia de género marcada: 1.228 chicos frente a 656 chicas. Los juegos online, aunque menos extendidos, generan una preocupación específica: tres de cada cuatro familias dicen estar inquietas por ese tipo de ocio en particular, una cifra que sitúa los videojuegos en red casi a la misma altura que el smartphone como fuente de alarma parental.