Jesús Oliva (Talavera de la Reina, 1962) nos recibe en su despacho de la UPNA para hablar de la vivienda, cuestión clave en la conversación pública esté simultáneamente en la agenda de la UE, del Gobierno de España y del Gobierno de Navarra. Oliva aboga por “medidas en diferentes ámbitos porque no hay una solución mágica que lo arregle todo de la noche a la mañana”.

Estamos ante una cuestión sociológica por definición.

—En una tormenta perfecta desde hace tiempo. A escala global. En los años ochenta hubo un cambio, fue el final de una sociedad de capitalismo fordista de Estado que proporcionaba vivienda. Un poco lo que ocurrió también con el franquismo, en esa idea de estabilizar el posible conflicto social accediendo a la propiedad. Pero a partir de los años ochenta el modelo fordista, con una visión paternalista relacionada también con la familia, entró en crisis. 

Donde la mujer ejercía la crianza.

—Exacto. Se fue rompiendo dicho modelo, por la deslocalización de las empresas y la desarticulación del Estado del Bienestar, con el TINA de Margaret Thatcher, There is no alternative. Entramos en otro modelo en el que toda la responsabilidad recae sobre el individuo: encontrar trabajo o tener éxito en la vida. Eso lo asumimos, es parte de la sociedad líquida de la que hablan Bauman y Ulrich Beck, de la sociedad del riesgo, justo cuando entre los años ochenta y noventa se estaba entrando una financiarización de la vivienda.

Y el panorama fue cambiando.

—Con las reformas en el último gobierno de Felipe González y con Aznar, sobre todo con la ley del suelo, el acceso a la vivienda cada vez está más financiarizado, se delega más bien en el ámbito privado la construcción de viviendas y a partir de la reforma de la ley del suelo con Aznar es el gran boom de la construcción privada de vivienda y de crecimiento económico.

“Esta es la tormenta perfecta del modelo global iniciado en los ochenta: financiarización de la vivienda en una sociedad del riesgo”

La propiedad como modelo a seguir.

—Eso es. En años de crecimiento, desde el 98 al 2008, donde, por ejemplo, la economía española fue básicamente la producción de automóviles y de vivienda. Eso coincidió también con el acceso de los boomers al coche y en parte a la vivienda.

Veinticinco años después la burbuja vuelve a inflamarse con los hijos de esos boomers y la llegada de población migrante.

—El crecimiento económico va asociado a la entrada de migrantes. Eso está claro. Ahora vuelve a crecer la economía, pero la crisis de 2008 paralizó la construcción de vivienda.

Parecía que sobraba.

—Con la ley del suelo del 98, todo el mundo puede construir y plantear promociones en cualquier sitio, algo completamente distinto de los planes de urbanismo de los setenta, que eran muy restrictivos. El de Pamplona en el 78 paralizó todas las licencias de obra para hacer un control de qué había pasado al final del franquismo porque parte del régimen estaba haciendo caja con el urbanismo. Así que hubo un planeamiento exagerado.

“Después de Thatcher toda la responsabilidad de éxito vital recae sobre el individuo. Eso lo asumimos como parte de una sociedad líquida”

Y ahora vivimos en un mundo de capitales financieros.

—Con procesos de regeneración urbana que desplaza a la gente de esa zona.

¿Cómo meter mano a todo esto?

—La UE tiene la idea de promover cerca de 600.000 viviendas al año. Aquí no tenemos el modelo de Austria con mucho parque de alquiler. En Navarra seguimos siendo todavía el 70% de propietarios. No tenemos ese contrapeso en vivienda de alquiler ni en vivienda social o pública así que una de las cuestiones es construir, sí o sí. Se están ensayando muchas cosas, pero no hay una receta clara, y cuando tocas una cosa, puedes tener un efecto no deseado.

Al habla de los rentistas hay que separar el grano de la paja, pero para todo el mundo es el gran activo para mejorar su economía.

—En los países sobre todo del sur de Europa, donde el Estado del Bienestar ha sido más débil, todo lo que no tenemos de eso se ha trasladado a la familia. La hucha familiar ha sido la vivienda. Es la gran compra que haces a lo largo de tu vida, lo que transmites a los hijos, con la que les ayudas para una entrada... Otra cosa distinta son los fondos de inversión, los grandes propietarios, o la turistificación que aparece con este urbanismo de plataformas que está dando la vuelta a todo como un calcetín.

“Los planes de urbanismo en los setenta eran muy restrictivos. El de Pamplona de 1978 paralizó las licencias de obra. Fue exagerado”

Sin olvidar el factor demográfico.

—Es un tsunami, no solamente el envejecimiento, sino también los modelos de familia, en Navarra cerca del 29%, de los hogares son unipersonales y un 27% de dos personas. Es una tendencia progresiva a nivel mundial también. Y luego tenemos el envejecimiento, de la población y de las viviendas. Muchas son antiguas, no tienen accesibilidad y hay mucha población envejecida que se queda atrapada, por ejemplo, mujeres viudas en los cascos viejos.

Vaya panorama. El problema es complejísimo y urgente.

—No hay soluciones mágicas. Además se añade el cambio climático. La ventaja es que toda la cuestión ya está en la agenda política. En Naciones Unidas, en la Unión Europea, en el Gobierno Central, en el Gobierno de Navarra, en la calle... Estaba ya con el 15-M, pero ahora ha vuelto a surgir otra vez, y vamos a tener que cambiar por pura necesidad.

Pero el examen es exigente y hablamos de proyectos vitales y hasta de paternidad y maternidad.

 —Hay un retraso natural por la incorporación de la mujer al trabajo, por otra noción de la familia o porque no queremos tener hijos. Pero las tasas tan altas de jóvenes en la vivienda paterna en el sur de Europa son abismales comparadas con el norte.

“No tenemos el contrapeso en vivienda de alquiler ni en vivienda social o pública, así que en Navarra una de las cuestiones es construir sí o sí”

Otro paisaje del presente.

 —Con más de 30 años y sin irte de casa. Puede haber casos de gente que no se quiere ir. El problema es que si eres joven, tienes un sueldo y quieres independizarte pasas directamente a la pobreza.

Eso sacude cualquier visión vertebradora y de futuro.

—Claro. La solución adoptada en Europa es la familia... Hay una solidaridad intergeneracional interfamiliar en la cual los hijos se van tarde pero al mismo tiempo cuidan de los padres.

Con pareja es más fácil.

—Pero con una media de 16 años de ahorro para poder acceder a una entrada a una vivienda más luego después el 30% del sueldo para poder pagar la letra de una hipoteca es imposible.

Hace poco incidía en una charla a no olvidarnos del ámbito rural.

—En Navarra gente joven se está beneficiando del Plan Emancipa, una ayuda del Gobierno de Navarra. 

“En los países del sur de Europa, donde el Estado del Bienestar ha sido más débil, esa carencia se ha trasladado a la familia”

Me hablaba del envejecimiento de las viviendas, ahora además que el calor va a marcar nuestros veranos.

—El cambio climático, unido al modelo de ciudad que tenemos, es una gran amenaza existencial ahora mismo. El modelo de ciudad es como si estuviese pensado para reforzar el efecto de ese cambio climático. Hemos hormigonado, hacemos un uso intensivo del coche, hemos dispersado la ciudad. Hubo unos años donde en España se construyeron el 25% de la vivienda de toda Europa. Con la situación de cambio climático es insostenible.

También se abre una oportunidad para una nueva forma de entender el urbanismo, y dibujar por ejemplo la Pamplona de segunda mitad de siglo. ¿Cómo se imagina las ciudades navarras del futuro?

—Puede haber una aspecto positivo. Probablemente desaparecerán los coches de combustión. Esa va a ser la gran transformación que van a vivir las ciudades, con vehículo eléctrico. Después, en el ámbito de la renaturalización, se están haciendo políticas en todas las ciudades. Por ejemplo, en Holanda la promueven en altura, con zonas ajardinadas en azoteas y techos. Lo ha hecho París también, a partir de los Juegos Olímpicos. O algo tan sencillo como renaturalizar los patios de colegio, que se está haciendo aquí.

Asunto ahora en boga.

—Según una experta nos cementamos porque parecía que los críos no se debían ensuciar en el patio del colegio.

Curioso prisma.

—Hemos creado unas ciudades perfectas para acumular calor y desprenderlo a la noche. Hay medidas muy diversas, desde tasar coches de color oscuro, que acumulan más calor, como en Los Ángeles, o tasar coches de gran tamaño. En Estados Unidos la renaturalización ha venido después de cúpulas de calor de veinte o treinta días.

Renaturalizar tiene un componente estético y de bienestar para el vecindario, manzana a manzana.

—Sí, y eso probablemente lo vamos a ver por pura necesidad. Vamos a tener que buscar huecos donde poder poner árboles otra vez. Ya se está haciendo en muchos sitios, porque no va a ser soportable. Ya lo hemos visto otros veranos y lo vamos a ver este verano también. Por ejemplo, unas zonas peatonales como el centro de Carlos III, en Pamplona, cuando se hizo el parking, creo que la diferencia de 3 o 4 grados respecto a otras zonas de la ciudad.

Con el contraste con la manzana entre González Tablas y Castillo de Maya, que continuó con arbolado.

—Claro, es que hemos hecho 14.000 plazas de parking en el centro de Pamplona en unos años. Hace muchos años ya se hablaba de esto, pero hasta que no llegas al borde del precipicio parece que no lo terminas de ver.

“El cambio climático, unido al modelo de ciudad que lo refuerza, es una gran amenaza existencial ahora mismo”

Como el dicho de Santa Bárbara y las tormentas...

—La pandemia ha tenido un efecto muy importante, porque de pronto nos hemos dado cuenta de que se puede recuperar espacio. El urbanismo táctico en muchos sitios ocupó espacios que eran del coche para que los críos pudiesen correr o para terrazas con distancia...

También está el debate sobre si esto penaliza a quien solo puede comprar un coche económico o no tiene parking.

—Las medidas que van a venir son todas de penalizar a la gente que menos probabilidad tiene de cambiar.

¿Se imagina un cambio de paradigma del coche propiedad a compartido por aplicaciones?

—Se está produciendo ya en grandes ciudades y a nivel generacional. Las generaciones jóvenes no tienen esta obsesión por comprar un coche y tener uno propio. Eso es algo muy de boomers. A nosotros la movilidad que conseguíamos nos servía para hacer movilidad social., del pueblo a la ciudad, por ejemplo.

¿Y ahora?

—La gente joven no decide gastarse tanto dinero en una propiedad, probablemente vive en familias donde tiene coche y además está el coche compartido. Y no necesitan tampoco con ese sentido de liberación que tenía en los sesenta, porque han viajado por el mundo. Se está viendo cómo se reduce el porcentaje de gente joven que tiene carnet o compra coche.