Elegir una carrera universitaria con 18 años: un reto para adolescentes y padres
Uno de cada cinco matriculados abandona los estudios antes de graduarse, mientras que el 6,5% cambia de titulación
Miles de estudiantes aguardan estos días el resultado de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) con la sensación de que una nota decidirá su futuro académico. Sin embargo, superar el examen suele ser el menor de los obstáculos: en la convocatoria ordinaria de 2025, el 95,4 % de los estudiantes aprobó la prueba en el conjunto del Estado. La verdadera dificultad comienza cuando se publican las calificaciones y llega el momento de tomar una decisión que puede marcar su futuro: qué estudiar y dónde.
Es entonces cuando aparecen las incertidumbres. Para muchos jóvenes, la elección de una titulación no responde a una vocación clara ni a un proyecto definido, sino a un proceso en el que se mezclan intereses, expectativas, presiones externas y el temor a fallar. ¿Qué carrera encaja mejor conmigo?¿Qué salidas tiene grado? ¿Y si me equivoco?
Son preguntas que, según los especialistas, deberían afrontarse mucho antes de cumplimentar la preinscripción universitaria. “El problema no es solo llegar a la universidad. El verdadero desafío es llegar con una decisión suficientemente pensada, conectada con las capacidades, intereses y madurez del estudiante”, explica Natalia García Campos, psicóloga clínica y coordinadora de Psikids.
Pese a las dudas, la mayoría de los estudiantes consigue acceder a la titulación deseada. Según los principales resultados oficiales del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el 70,7% de los alumnos de nuevo ingreso se matriculó el curso pasado en el grado que había elegido como primera opción.
Sin embargo, eso no garantiza el éxito. Uno de cada tres universitarios abandona sus estudios antes de finalizar la carrera y un 22% lo hace durante el primer año, según datos de la Conferencia de Rectores y Rectoras de las Universidades Españolas (CRUE).
El informe sobre abandono universitario basado en el Sistema Integrado de Información Universitaria señala además que el 12,4% de los estudiantes termina cambiando de carrera, mientras que un 20,8% abandona definitivamente los estudios de grado.
Les estamos exigiendo a los jóvenes que tomen una decisión tan importante demasiado pronto y con la idea de que tiene que ser para toda la vida. Eso puede generarles mucha ansiedad"
Euskal Herria, con las tasas más bajas
Las universidades vascas registran las menores tasas de abandono y cambio de carrera del Estado.Solo el 20,6% de los matriculados deja sus estudios y el 6,5% cambia de titulación, frente al 31,4% y el 11,8% de media estatal, respectivamente. El abandono es más frecuente en la EHU (22,3%) que en las universidades privadas (16,3%), una diferencia que también se aprecia en los cambios de grado (7,8% frente a 3,7%). Además, la CAV presenta una de las tasas más bajas de abandono durante el primer año, con un 12,7%, frente al 22% registrado en el conjunto del Estado.
Nafarroa, por su parte, registra una tasa de abandono universitario del 21,1%, una de las más bajas del Estado, solo por detrás de la CAV y claramente inferior a la media española (24,4%). También destaca por su bajo porcentaje de cambio de titulación, 6,7%. Por tipo de universidad, el abandono es mayor en la pública (22,5%) que en la privada (19,9 %). La misma tendencia se observa en los cambios de grado, con tasas del 8,1% y el 5,5%, respectivamente.
Causas por las que se abandona la universidad
El abandono universitario responde a diversas causas, aunque los expertos coinciden en dos factores principales: la falta de preparación académica previa y, sobre todo una elección equivocada por ausencia de orientación adecuada. Muchos alumnos descubren durante el primer curso que el grado no responde a sus intereses reales o que el nivel de exigencia es mucho más alto de lo esperado.
Las carreras STEM —las relacionadas con Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas— concentran algunas de las tasas más elevadas de abandono. La complejidad técnica y las dificultades en asignaturas troncales provocan que numerosos estudiantes terminen desistiendo. También presentan cifras elevadas titulaciones sanitarias como Enfermería o Fisioterapia, donde muchos alumnos desembarcan tras no alcanzar la nota necesaria para entrar en Medicina.
En Humanidades, el fenómeno suele tener otro origen: la incertidumbre laboral. La percepción de pocas salidas profesionales lleva a muchos jóvenes a cuestionar su elección incluso antes de terminar los estudios.
Esa responsabilidad supone una enorme presión para los jóvenes, reconoce Natalia: "Les estamos exigiendo que tomen una decisión tan importante demasiado pronto y con la idea de que tiene que ser para toda la vida. Eso puede generar mucha ansiedad en chavales que todavía están construyendo su identidad porque sienten que pueden hipotecar su futuro”.
"Cuando un estudiante no se cuestiona realmente qué quiere hacer o qué le interesa, existe mayor riesgo de que aparezcan dudas una vez iniciados los estudios"
La presión familiar y las expectativas
La presión familiar y social también desempeña un papel decisivo. Según la psicóloga, todavía persiste la idea de que determinadas profesiones representan el éxito y otras, en cambio, suponen una decepción. “Con dieciocho años una persona es vulnerable y puede verse condicionada por las opiniones y expectativas que otros —padres, profesores— han puesto sobre ella. Muchas decisiones académicas no se toman desde lo vocacional, sino desde el miedo a fallar o a no cumplir con lo que esperan los demás”, relata.
"Los padres pueden tener una idea muy clara sobre lo que consideran mejor para sus hijos y eso puede influir mucho en el proceso. Sin embargo, cuando un estudiante no se cuestiona realmente qué quiere hacer o qué le interesa, existe mayor riesgo de que aparezcan dudas una vez iniciados los estudios. Por eso, desde Mondragon Unibertsitatea tratamos de generar espacios donde pueda reflexionar y expresar sus propias inquietudes", expone Estibaliz Hernández coordinadora del grado MyGade de la Facultad de Empresariales.
Ese peso de las expectativas hace que muchos estudiantes sigan matriculados en carreras en las que ya saben que no quieren continuar. "Hay personas que ya en primero saben que la carrera que han elegido no es lo suyo, pero continúan durante años por no atreverse a dar marcha atrás. Les da miedo decepcionar a sus padres, reconocer que se han equivocado o romper con la imagen que los demás tenían de ellos", explica García Campos.
Para la psicóloga, abandonar una carrera no debería interpretarse automáticamente como un fracaso. En muchos casos, sostiene, supone el inicio de una etapa más estimulante: “En Muchos de los casos lo que ocurre es que el estudiante descubre que la opción elegida no encajan con él y, aunque duela reconocerlo, tomar otro camino puede ser la decisión más sana. Lo preocupante es quedarse atrapado durante años estudiando algo que a uno le hace infeliz”.
“Elegir la carrera pensando en las salidas profesionales puede generar una enorme frustración”
Mercado laboral
Sin embargo, la elección de los estudios no garantiza, por sí sola, un recorrido profesional satisfactorio. Por eso la psicóloga avisa: “La presión externa no debería pesar más que la vocación. Elegir la carrera pensando únicamente en las salidas profesionales, puede generar una enorme frustración”, advierte García Campos.
Esa distancia entre formación y expectativas laborales acaba generando, en muchos casos, una inercia difícil de romper. “Somos muy resistentes al cambio incluso cuando sabemos que no somos felices en nuestro trabajo”, añade.
De ahí que defienda normalizar los giros profesionales a cualquier edad. “Cambiar de profesión con cuarenta o cincuenta años no debería interpretarse como algo negativo. Hay muchísima gente que reconduce su vida laboral cuando se da cuenta de que llevaba años funcionando en piloto automático”, sostiene.
Y reclama una orientación más personal y menos académica: “La orientación académica no debería limitarse a enseñarle a un estudiante un catálogo de carreras y explicarle cuáles son sus salidas laborales. También habría que ayudarle a conocerse mejor, a entender qué tipo de vida quiere y cómo encaja su personalidad con determinadas profesiones”, concluye.