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Amaia Salamanca: “Pienso mucho si estoy viviendo la vida que quiero”

Amaia Salamanca estrenó a finales del pasado año la película ‘Siempre es invierno’, una comedia dramática escrita y dirigida por David Trueba y basada en su novela ‘Blitz’. Con ella hablamos sobre amor, emociones y la búsqueda de uno mismo

Amaia Salamanca: “Pienso mucho si estoy viviendo la vida que quiero”Carlos Lujan /EP

La historia de Siempre es invierno arranca cuando Miguel (David Verdaguer), arquitecto paisajista, acude a un congreso en Bélgica acompañado de su novia Marta (Amaia Salamanca). Allí, su relación se rompe de golpe. Descolocado, decide quedarse unos días más para encajar el golpe y aclarar hacia dónde va su vida. En ese paréntesis conoce a Olga (Isabelle Renauld), cuya compañía le abre un resquicio de calma. Conversación a conversación, paseo a paseo, Miguel empieza a recomponerse y entiende que el verdadero proyecto que tiene entre manos es él. Hablamos con Amaia Salamanca para conocer mejor este nuevo proyecto cinematográfico.

Su personaje decide poner fin a una relación estancada. ¿Qué le atrajo cuando leyó el guion?

Lo que más me atrajo fue trabajar con David Trueba y que pensara en mí. Y luego está Marta, que es un personaje muy realista. Es fácil identificarse con ella porque, en algún momento, todos en una relación hemos sentido que no estamos en el mismo punto. Esa duda de si seguir, de si dar un paso adelante o atreverse a romper. Justo por eso creo que la gente conectará con Marta: porque todos hemos pasado por algo parecido.  

Viendo la película se percibe una distancia física y emocional entre su personaje y Miguel. ¿Cómo construyeron esa desconexión?

Lo bueno entre David y yo es que ya nos conocíamos. No era como cuando trabajas con alguien por primera vez y tienes que empezar a construir esa relación. Nosotros ya nos llevábamos muy bien, habíamos coincidido otras veces y creo que por eso quiso contar conmigo: ya había visto cómo nos relacionábamos y el buen ambiente que había. Por eso sentía que una parte del personaje ya la teníamos medio hecha. Y desde ahí empecé. No me puse a trabajar primero a Marta como personaje aislado, sino que me parecía más interesante empezar desde la relación. Al final, la historia arranca con Marta dejando a su pareja, así que quería construirla desde ese vínculo, desde cómo es la relación, más que desde cómo es ella por separado.

Marta simboliza el final de algo, pero también la posibilidad de un cambio. ¿Qué lectura personal se lleva de ella?

En la vida todo son rachas. Y está bien no quedarse siempre en lo mismo. Puede pasar que ya no estés de acuerdo con algo, que necesites cambiar de fase y empezar algo nuevo. Para mí, eso es la vida: atreverse, mover ficha y dejar que ocurran cosas distintas. 

Una de sus últimas apariciones de la actriz.

¿Le resultó más difícil interpretar a una mujer que rompe o a una que se rompe por dentro?

Al final todo va unido. No es una cosa o la otra. Que alguien deje una relación no significa que esté mejor. La otra persona lo pasa mal, claro, pero no es un “me he vuelto loca y te dejo”, sino que es una relación que ya venía torciéndose. Intuyes que algo así puede pasar. No le pilla del todo por sorpresa, y la película lo muestra muy bien: esas miradas, esos intentos de él por hacer chistes que antes le habrían hecho gracia y ahora, con la relación fría y distante, ya no funcionan. Ella rompe, sí, pero también está hecha polvo por dentro. Le tiene cariño y quiere que todo acabe de una manera en la que, aunque se separen, quede algo de afecto.

Ha compartido escenas con Isabelle Renauld, una actriz con una sensibilidad muy especial. ¿Cómo fue ese intercambio generacional y cultural?

Es verdad que no tuve muchas secuencias con ella y que la parte más íntima de Isabelle es con David Verdaguer. Pero, viéndolo desde fuera, me parece una mujer muy generosa. Vino de fuera, hablaba otro idioma y, además, tenía escenas muy difíciles. Al final tiene que desnudarse, no solo emocionalmente, también físicamente, y hacerlo delante de un equipo sabiendo que se verá en la pantalla grande no es sencillo. Con cierta edad aparecen inseguridades, como nos pasa a todas, y supongo que cuanto más mayor eres, más se acentúan. Me parece que ha hecho un acto muy generoso y que eso se nota en la película, porque hace un papel estupendo.

La historia habla del amor, pero también de la desorientación, de no saber muy bien qué camino seguir. ¿Le ha ocurrido alguna vez sentirse “en invierno”?

Uy, constantemente. Porque muchas veces no sabes lo que quieres. A veces sí tienes claro lo que no quieres, y eso ayuda, pero en otras ocasiones aparecen dudas: qué camino elegir, hacia dónde ir, si estás donde realmente quieres estar. Es una búsqueda continua. Pienso mucho en eso: si estoy logrando lo que quiero, si estoy viviendo la vida que quiero vivir. Y creo que eso también refleja bastante cómo somos como sociedad. Hacernos esas preguntas viene bien para no quedarnos quietos y para seguir buscando otras cosas.

Ya había coincidido con Trueba, pero no en este registro tan íntimo. ¿Cómo ha sido ser dirigida por él en una historia tan emocional?

Lo bueno de Trueba es que, en los ensayos, se centra más en hablar contigo y conocerte que en diseccionar los personajes o imponerte una idea fija de cómo quiere que lo hagas. Te da una libertad absoluta. Respeta lo que propones y, si necesita llegar a otra cosa, sabe guiarte hasta ahí sin imponerse ni ponerse brusco. Nunca te diría “esto lo quiero así”. Te acompaña desde fuera, poco a poco, hasta llegar al lugar que busca.

La película muestra a dos personas que se reconstruyen desde la soledad. ¿A veces hay que tocar fondo para volver a sentir?

Por supuesto. El camino nunca es llano, y la vida va de eso: de equivocarte para entender en qué fallaste y poder mejorar. También de perder cosas para valorar lo que tenías y ahora ya no está. Al final, esas son las experiencias que te van formando. Por eso la película habla de segundas oportunidades… Y de terceras, y de cuartas. Son nuevas oportunidades que la vida te va poniendo delante según los caminos que tomas. Aprovecharlas es lo que te permite seguir aprendiendo.