PAMPLONA. Los enfrentamientos entre católicos y laicos en Madrid le parecen "pecata minuta" comparados con lo que pasó en España en los años 30. "En Euskadi mataron a 13 curas y es donde menos mataron", refresca la memoria Javier Elzo.

Un menor ha confesado ser autor de la muerte de Amaia Azkue. ¿Qué puede llevar a un joven de 17 años a cometer una atrocidad así?

De este caso concreto no puedo decir nada porque no lo conozco y hay muchas incertidumbres, pero, en general, hay diferentes tipos de explicaciones para la violencia juvenil. Una viene a decir que son personas que han perdido unos valores y no han recibido un suficiente control en la familia, la escuela y la sociedad. Otra es que son jóvenes que han vivido en una determinada cultura, en la cual la muerte se puede justificar. El ejemplo más claro es Colombia.

Nos queda un poco lejos.

No es el caso nuestro, pero esa es una explicación que se da para explicar lo de ETA. La tercera razón es la frustración ante la imposibilidad de alcanzar un objetivo por medios lícitos. Es el caso del robo o la violación. Son tres hipótesis que se dan, y que tenga 17 años, 18 o 16 importa poco en una sociedad, como la nuestra, en la cual la adolescencia empieza mucho antes.

El presunto homicida procede de una familia bien posicionada. ¿Por qué conmociona más a la sociedad que si su entorno fuera marginal?

Porque todos nos consideramos normales. Cuando de pronto surge una cosa que viene de alguien marginal, sea porque es un drogadicto, es una familia desestructurada o es un inmigrante que está sin control ni nada, se entiende, se explica y se justifica, pero si pasa de uno de los nuestros, de los normales, nos afecta y nos duele mucho más. Decimos: ¿Cómo es posible que uno de los nuestros haya hecho eso?

¿El hijo de cualquiera puede acabar cometiendo un crimen?

Desgraciadamente, sí. Nadie está inmune de eso. La historia está llena de gente normal, con una vida normal, de la que nadie podía esperar que de pronto hiciera lo que ha hecho. Hay mil ejemplos donde nos encontramos situaciones de esas.

¿Puede citar alguno de ellos?

Puede ser un hecho absolutamente puntual. Una persona normal que un día se ha pasado de alcohol, ha tenido una reyerta y de repente hace lo que hace. O pura y simplemente un fracaso amoroso. De pronto se produce un fenómeno en el cual se saltan todos los controles que llevamos encima, porque todos llevamos controles. Basta con ver las cosas que pasan por nuestra cabeza cuando dormimos. El sueño, ya lo decía Freud, es la vía real para conocer a la persona. Eso que ni siquiera nos atrevemos a pensar despiertos sale en los sueños y algunos son horribles. Apelo a la experiencia de cada uno. ¿Cómo he podido pensar yo eso? Bueno, pues esa es la condición humana. Es más probable que pase en unos casos que en otros, pero nadie está libre.

¿Cómo es posible quitar la vida a alguien y continuar con la de uno mismo con total normalidad?

Eso desgraciadamente también es frecuente. Dentro de la Policía hay torturadores profesionales, cuya función es esa. ¿Cómo es posible que torture a las diez de la mañana y después vaya a comer con sus hijos tranquilamente? Es un ejemplo extremo. ¿Cómo es posible mantener, como mantuvieron a Ortega Lara, durante 532 días en un agujero en Mondragón y seguir la vida normal? En estos casos es porque han sublimado, evidentemente. ¿Cómo es posible que Galindo hiciera eso con Lasa y Zabala? Pues porque creía que ese era su deber.

En el caso que nos ocupa pasaron cinco meses desde la muerte de Amaia Azkue hasta la confesión.

Ese chaval vete a saber qué tiene en la cabeza, por qué lo ha hecho. No lo sé. Y una vez que lo ha hecho, tiene que intentar seguir viviendo. Probablemente los primeros momentos habrán sido duros y luego habrá hecho de tripas corazón y, a medida que pasan tres o cuatro días, pues a acostumbrarse. Y al final lo han cazado, no es porque él de pronto se haya arrepentido.

Si no, ¿habría seguido con su vida?

Hay crímenes impunes por ahí. ¿Dónde está el asesino, por ejemplo, de aquel hombre que desapareció de ETA político-militar en los años 70? No ha aparecido. Nadie sabe quién lo ha matado todavía. Desapareció y se acabó.

Al presunto autor le faltaban unos meses para cumplir la mayoría de edad cuando sucedieron los hechos. ¿Debe ser juzgado como menor, como dice la ley, o como adulto, como pide parte de la sociedad?

Desde la Ley del Menor del año 2000, que estaba Aznar en el poder, cada vez las leyes son más restrictivas. Yo creo que excesivamente. Hemos hecho una dejación de valores, de ética personal, para delegar toda la responsabilidad a la ley y al cumplimiento de la ley. Y cada vez que pasa una cosa de estas se dice: Más fuerte, más castigo, más duro. Pues no, no sirve de nada. A mí me parece que hay que juzgarlo con las nuevas leyes que tenemos, nada más. Deberíamos de aprender de lo que están haciendo los noruegos.

¿En qué sentido?

Ellos han decidido seguir manteniendo en la sociedad la tolerancia. El que hizo lo que hizo en Noruega probablemente no es un desequilibrado, sino que entra dentro de la categoría de los ideologizados, el equivalente al chaval de ETA o al torturador policial. Aquel se creía que estaba defendiendo una cultura determinada. Los noruegos están dando un ejemplo en este momento. Dicen: No vamos a cambiar nuestras leyes.

Tras la dramática muerte de tres niños discapacitados, presuntamente a manos de su cuidadora, se habló de "crimen por compasión". ¿No son conceptos contradictorios?

Dejemos la palabra crimen a un lado y digamos matar por compasión. Se puede matar y se mata por compasión con mucha frecuencia. Estoy hablando de personas mayores. La eutanasia ¿qué es en muchos momentos? Debajo del término de muerte digna, que acepto, apruebo y sostengo, muchas veces se dice: Por Dios, que se muera. Ese es un ejemplo de matar por compasión, cuando hay una persona que está sufriendo mucho. La película Mar adentro ¿qué era, sino eso? Yo no sé si es el caso de esta señora, pero claro, si a eso le llamas crimen, ahí entramos en terminología legal y yo soy sociólogo. Ahora, ¿que se mata por compasión? Por supuesto.

Al parecer, la cuidadora sufría depresión, ya había intentado quitarse la vida e incluso había dicho que un día cometería una locura. ¿Quienes lo sabían son en parte responsables? ¿Se pudo haber evitado?

¿Tú no conoces a nadie que diga que se va a pegar dos tiros? En la vida estamos constantemente oyendo a gente que tiene depresiones. Ciertamente cuando tienen signos evidentes de depresión o de alteraciones de personalidad y tienen a su cuidado a ciertas categorías de personas, sí parece que hay que tener algún tipo de precaución, pero el límite es muy difícil de poner. Con una cuidadora de una guardería que tenga depresión y que sea conocido por la familia y por el médico ¿qué haces? ¿La sacas de la guardería porque tiene depresiones? ¿Dónde está el límite? ¿Hasta dónde se puede prevenir una cosa como esta?

El 'balconing' se ha cobrado tres vidas y una decena de heridos este verano. ¿Por qué arriesgan su vida con una práctica tan absurda?

Por la necesidad de experimentar. Un joven necesita sentir la adrenalina. Es como los que andan en moto a esas velocidades o los que hacen escalada. Ahí juega un efecto de emoción, de buscar el límite.

Las motos o la escalada tienen su riesgo, pero está más asumido.

Está más asumido, pero yo cuando veo, por ejemplo, fotos de esas personas que se tiran al mar en Acapulco desde 15 o 20 metros, sí que está asumido, pero ya me gustaría saber dónde ha habido más muertos, si tirándose en Acapulco o en balconing. Lo de sacarse fotos ya tiene otra historia. Es que se vea que yo he hecho esto y contarlo. Hay otro efecto de búsqueda de protagonismo. Ahora, si eso lo haces con una copa de más, pues, en fin, es como coger un coche o una moto.

La mayoría son extranjeros, igual que los que se arrojan desde la fuente en Sanfermines...

Ahí aparece de nuevo el afán de notoriedad, de decir: Yo lo he hecho, sacarme la foto y contarlo.

También han protagonizado batallas campales en Lloret de Mar.

Eso se lo han ganado a pulso una serie de establecimientos, que han autorizado un sistema que no podía llevar más que a lo que ha llevado y es el todo incluido a bajo precio. La anterior consellera en el tripartito, Montserrat Tura, ya hablaba de turismo de borrachera. Se han encontrado con lo que era absolutamente previsible. ¿Que eran extranjeros? Claro, porque los autóctonos se van a su casa a dormir.

¿Estar fuera de nuestro país nos lleva a cometer más locuras?

A todos nos pasa cuando estamos fuera: Vamos a hacer una locura, no nos ve nadie. Ahí es donde aparece esa zona oscura de la persona, que solamente aparece en los sueños. Uno se siente más liberado cuando está fuera, donde no le ven. Y ahí ves al señor absolutamente respetable que, cuando piensa que nadie le va a ver, de pronto se va a una casa de putas. Y estos, que son jóvenes, beben como cosacos.

El toro Ratón

Es verdad que hay mucho de lo que decían los romanos: Panem et circenses, Pan y circo. No digo que toda la sociedad actual es Panem et circenses, pero bastante sí. Si a alguien se le ocurriera decir: Vamos a sacar al toro Ratón por Pozas, ahora que estamos en fiestas de Bilbao, descuida que iría un montón de gente a verlo por el morbo que tiene.

Alcohol y drogas aparte, ¿qué le lleva a uno a ser torero por un día?

Salir de lo cotidiano. Se ha admitido siempre, por ejemplo, que en una boda uno se puede emborrachar. En ciertas fiestas y en momentos determinados hacer alguna cosa fuera de lo común parece natural.

¿Se buscan experiencias al límite por puro aburrimiento?

Por hacer algo distinto a lo que se hace todos los días, por saltarse un poco una norma... Y precisamente esto es lo que hace que cuando las normas son muy estrictas, como pasa hoy en día, que cada vez hay más principios, más prohibiciones y más vigilancias, cuando la gente se salta, se salta todavía con más fuerza. ¿Cómo se explica que en Londres chavales de alta posición social, que estaban en grandes colegios y en familias con una educación muy estricta, se dedicaran a robar y romper cristales?