Esther Echeverría: una navarra, en la ola de frío polar de Texas

28.02.2021 | 00:50
Echeverría, en Del Valle High School en Texas.

La pamplonesa Esther Echeverría, de 39 años, que reside en Austin (Texas) desde hace dos años, ha vivido en primera persona las consecuencias de la ola de frío del Ártico que ha dejado a la población sin calefacción, agua, ni electricidad

Aunque poco a poco la situación va volviendo a la normalidad, Texas todavía se recupera de la ola de frío procedente del Ártico que llegó a marcar -17 grados en los termómetros hace apenas dos semanas y que dejó a tres millones de tejanos sin calefacción, luz, ni agua. Una de las personas afectadas es la pamplonesa Esther Echeverría, de 39 años, que llegó a Austin hace dos años a través del Programa de Profesores Visitantes que gestiona el Ministerio de Educación. Actualmente es profesora de francés y castellano en Del Valle High School, en la capital tejana. Licenciada en Comunicación Audiovisual y con un Máster de Formación de Profesorado de Educación Secundaria, ha trabajado en diferentes empresas y medios de comunicación, entre ellos Diario de Noticias de Álava, antes de enfocar su futuro hacia la enseñanza, primero en Navarra y después en la capital de Texas. Allí, en una urbanización al sur de Austin, comparte vecindad con otros profesores visitantes con los que ha hecho mucha amistad y que en momentos como los vividos hace unos días, cuando la familia está lejos, la ayuda y la solidaridad entre ellos se convierte en algo fundamental.

TORMENTA DE NIEVE Y APAGONESTodo empezó el pasado lunes 15 de febrero, cuando debido a las tormentas de nieve y hielo el sistema eléctrico comenzó a colapsar provocando varios apagones en diferentes barrios y distritos. "Hemos pasado una semana muy rara, como a casi todo Texas se nos fue la luz el lunes de madrugada y las casas enseguida empezaron a helarse por las temperaturas que trajo la ola del Ártico. El lunes, cuando me levanté, la casa estaba bastante fría, vi que no funcionaba nada y tenía muchos whatsapps de compañeros en la misma situación. No pudimos ir a trabajar porque de hecho el instituto se convirtió en un refugio de emergencia para acoger a personas que no tenían calefacción. Hablé con unos amigos y decidimos ir a casa de otra conocida que tenía chimenea y opción de cocinar con fuegos de gas. Encontramos tan solo un supermercado abierto, aunque sin luz, pero no quedaban bolsas de agua caliente y había muchísima gente esperando para comprar comida. Ni siquiera pudimos comprar leña, pero gracias a que encontramos unos palets en la calle pudimos encender la chimenea, comer algo caliente y pasar la tarde. Aunque algunos amigos se quedaron allí, yo decidí volver a mi casa a dormir. El frío era evidente porque son casas de madera y no están muy bien aisladas para situaciones como esta, pero con tres edredones nórdicos, abrigo y gorro, pude pasar la noche. Por la mañana el frío era insoportable, la casa estaba a 6 grados y solo tenía un 1% de batería en el móvil, así que localicé a otros amigos y decidimos ir a casa de otra persona que vive en otra zona de la ciudad en la que no se habían registrado cortes de luz. El problema era desplazarnos hasta allí porque las carreteras estaban completamente heladas y no pasaba ni un solo quitanieves para echar sal. Un amigo mexicano que tiene un 4x4 se ofreció a hacer dos viajes para llevarnos a todos. Al final nos juntamos once personas y pudimos pasar en esa casa varios días", relata Esther Echeverría. "En una ciudad en la que todo está pensado para moverte en coche porque las distancias son kilométricas, desplazarse a otro barrio fue toda una odisea. Era la angustia de quedarte sitiado", añade.

En caso de que les hubiera fallado la casa de esta amiga que acogió al grupo durante varios días no les hubiera quedado otro remedio que ir a un refugio, "pero y tal y como está la situación con la covid-19 era una idea que no nos convencía", añade. "Ha sido todo muy dantesco, pero estoy muy agradecida por haber tenido un techo y una casa caliente", afirma Echeverría.

Toda esta situación se ha debido a varios factores, entre ellos la poca previsión de la ola polar y por tanto de la necesidad de disponer de más energía en las ciudades, y por otro que la mayor parte del estado opera su red eléctrica independiente y por tanto no puede importar energía de los estados vecinos. El sistema energético se vio sobrepasado y ante semejante aumento del consumo se decidió seguir una política de cortar la energía en pequeños intervalos de menos de una hora, e ir alternándola en diferentes tramos de la ciudad, pero el plan salió mal, "empezaron a cortar por algunas zonas, entre ellas la mía, pero ya no se pudo restablecer", afirma Echeverría.

Las fuertes nevadas provocaron la rotura de numerosas tuberías, lo que derivó en la contaminación del agua y la recomendación de hervirla antes de utilizarla. En este sentido, Esther Echeverría relata como los primeros días, cuando todavía no había vuelto la electricidad, la gente cogía nieve en cubos para derretirla al sol para poder asearse mínimamente. "En mi casa la luz volvió el viernes, el agua no porque las tuberías habían reventado por las congelaciones, y hasta el lunes no las arreglaron. A día de hoy ya tengo agua y luz, y ahora soy yo la que comparto mi baño con otros profesores para que puedan darse una ducha", concluye.

"Hemos estado a -17º C, sin calefacción, agua, ni luz. La gente cogía nieve en cubos para derretirla al sol para poder asearse mínimamente"

"Se decidió cortar la energía en pequeños intervalos , e ir alternando en diferentes tramos de la ciudad, pero el plan salió mal"