Amaia Nausia Pimoulier | Responsable de proyectos de Eusko Ikaskuntza

"Hay una falta de cultura democrática en Navarra, de costumbre de debate y de llegar a acuerdos"

08.06.2020 | 00:56
Para Amaia Nausia, de Eusko Ikaskuntza, hay un problema de convivencia en Navarra falto de solución.

Eusko Ikaskuntza, con la colaboración del Gobierno de Navarra, lleva dos años estudiando la sociología de la diversidad en Navarra de cara a mejorar su gestión y conciencia democrática

pamplona – "El futuro será de quien conciba adecuadamente lo mixto, lo complejo y la articulación de lo heterogéneo", afirmó en el año 2000 el filósofo Daniel Innerarity. Veinte años después, pese al avance en cultura democrática que se detecta en Navarra, la normalización de su diversidad sigue siendo una cuestión delicada, y con mucho recorrido político y social por recorrer. Eusko Ikaskuntza, con la colaboración del Gobierno de Navarra, se ha puesto desde hace dos años manos a la obra en torno a esta tarea con el proyecto denominado Gestión Democrática de la Diversidad en Navarra. Un estudio que tras una primera fase de identificación encauza su trabajo en 2020 en la mejora de la convivencia. Hablamos con Amaia Nausia, responsable de proyectos de Eusko Ikaskuntza, la Sociedad de Estudios Vascos.

Hicieron una primera cata en la gestión de la diversidad durante 2018 y en 2019 y ahora han dado inicio a una segunda fase de investigación.

–Eso es, quisimos primero impulsar un proceso participativo, y recoger cómo se vive dentro de la ciudadanía navarra la diversidad de nuestro territorio y qué problemas identifican en el ámbito de las convivencia. Para eso organizamos unas mesas ciudadanas, escogimos tres localidades de Navarra que representan esta diversidad, tanto geográfica, identitaria y sociodemográfica, y elegimos Baztan, Berriozar y Castejón. Allá celebramos unas mesas ciudadanas con ayuda de dinamizadores y de un grupo motor de personas expertas en diversidad e identidad. Intentamos centramos en aquello que es propio de la diversidad en Navarra y de la problemática social de aquí. Hicimos una serie de preguntas, desde qué es para ti Navarra, con qué concepto unes Navarra, qué problemas identificas en tu día a día en la convivencia, o qué soluciones ves, tratando de que esas mesas en las que participaron entre 20 y 25 personas en cada municipio, representasen la diversidad, en cuestión de género, edad, ideología o procedencia. Los datos que salieron los contrastamos luego en foros que celebramos en cada municipio, donde invitamos a agentes locales, representantes de entidades, asociaciones, sindicatos, o partidos políticos. Todo eso lo recogimos en un informe.

¿Y qué conclusiones extrajeron?

–Que desde puntos tan diferentes de Navarra se esté tan de acuerdo en el diagnóstico. Se identifican dos grandes problemas que afectan a la convivencia, que serían la polarización ideológica e identitaria de Navarra. Y el euskera como una cuestión que crea conflicto. A veces la polarización identitaria y el euskera van casi unidos, y no se diferencian. Otra conclusión es que se habla muchas veces de la diversidad de Navarra desde un punto positivo pero tal vez de una forma algo superficial, porque hay quien puede entender esa diversidad como el verde de Baztan al marrón de las Bardenas, la diversidad lingüística, etcétera. Pero aun percibiéndose esa diversidad como algo positivo, llama la atención que sea esa misma diversidad la que cree tanto conflicto en la convivencia. También salieron otros temas, como el de la memoria histórica, que en Berriozar se mencionó bastante, o en Castejón el asunto de la inmigración, población con un 30% de inmigración.

¿Y la memoria reciente sobre ETA?

–También se puso sobre la mesa, sobre todo en el sentido de que estamos en otro escenario. Es decir, que hace 10 años esas mismas mesas ciudadanas habrían sido mucho más difíciles de celebrar o casi imposibles. La desaparición de ETA hace que el diálogo pueda ser más fácil. Estamos en otro escenario histórico. Hablo además de un tema generacional. Participantes más jóvenes decían que no sentían tanto conflicto en torno a la identidad, y que seguramente para los jóvenes, la identidad nacional no es algo ya que les defina tanto, sino que se definen a sí mismos en función de otros conceptos, como pueden ser la diversidad sexual, el género e incluso cuestiones medioambientales. Temas más globales en contraste con generaciones anteriores donde igual el peso de la identidad nacional era mayor.

Detectaron dos claves más.

–Sí, aunque hay un diagnóstico compartido de los problemas, la visión o el enfoque sobre esos problemas es muy diferente en Baztan o en Castejón, por ejemplo en el acercamiento hacia el euskera. La otra conclusión es una falta de una cultura democrática, que denota una carencia de costumbre de debate y sobre todo de llegar a acuerdos. Una sociedad polarizada, que ha estado acostumbrada a estar enfrentada, seguramente por el clima político, ha perdido la capacidad de llegar a acuerdos o de dar soluciones a los problemas.

¿En qué va a consistir la segunda fase del proyecto?

–La primera fase ha sido de diagnóstico y de toma de contacto con la ciudadanía y ahora queríamos profundizar, sobre todo en el tema de la convivencia. Así como la fase del año pasado tenía el nombre de 'Gestión democrática de la diversidad en Navarra', este año lo hemos canalizado esa gestión hacia la convivencia, porque hemos visto en estas mesas y foros que realmente hay un problema de convivencia al que no se sabe cómo dar solución. Por esa falta de cultura democrática de saber construir en conjunto. Sobre todo veíamos la necesidad de llegar a acuerdos de mínimos, a partir de elementos que pueden ayudar a solucionar el problema de la convivencia. Una vez identificados los problemas que crispan, ahora se trataría de encontrar acuerdos mínimos.

¿Con qué metodología?

–Tenemos previstos tres puntos de participación. El primero es un grupo experto. Personas del mundo académico y social que ideológicamente puedan estar en las antípodas, pues están representadas todas las ideologías que identificamos en Navarra. Son personas que tienen una relevancia por su trayectoria, y también hemos cuidado el tema generacional y el género. Al mismo tiempo tienen capacidad de diálogo y de llegar a acuerdos. La segunda reunión del grupo fue este viernes y tratamos de ponernos de acuerdo en una definición de convivencia, porque se puede entender de muchas maneras. La convivencia puede ser coexistencia, cohesión, respeto de derechos individuales o de derechos colectivos. Este es el primer punto, después para otoño queremos hacer una mesa de agentes sociales de toda Navarra y estamos identificando cuáles son, donde también estén representadas las diferentes sensibilidades e ideologías de Navarra, y contrastar las líneas de trabajo trazadas por el grupo de expertos. Cerraríamos con una mesa ciudadana, pero esta vez de toda Navarra. Reuniendo en una única mesa a ciudadanos y ciudadanas de diferentes puntos del territorio.

Partimos de una realidad problemática, que es la complejidad pluridentitaria y sociopolítica en Navarra. Pero al mismo tiempo es una oportunidad y un gran capital.

–Seguramente el clima político y la situación de hace 10 años daba lugar a una sociedad mucho más conflictiva y con heridas más abiertas. Es cierto que igual las heridas todavía no están cerradas, pero el clima es otro. Yo creo que eso lo notamos en nuestro día a día en nuestras propias familias o cuadrillas de poder hablar de depende qué temas que antes resultaban más dolorosos. Es verdad que se abre una oportunidad, pero desde Eusko Ikaskuntza entendemos que tiene que ser un proceso de la sociedad civil, impulsado primero por esta. Por eso, la metodología de este proyecto va en ese sentido de horizontalidad. Si este proyecto tiene un largo recorrido, lo ideal sería que se acabase representando en medidas y políticas públicas para la convivencia. Desde el Gobierno de Navarra y la Dirección de Paz y Convivencia, se está haciendo el primer plan en esta materia. Son pasos que se están dando hoy que antes no se daban.

Desde 2015 se ha plasmado una nueva centralidad política, que en 2019 adquirió otros tonos. Esta mayoría variable es significativa.

–Sí, es el reflejo de un cambio sociodemográfico que se ha dado en Navarra en los últimos 10 años . En el tema del euskera se ve un avance generacional, eso se ha comentado tanto en las mesas como en el grupo experto. La situación del euskera en Tafalla o en Tierra Estella en una generación ha habido un cambio de mayor tolerancia o de un cierto avance. Pero todavía hay cosas por trabajar y ahora puede ser un buen momento para ello.

¿Y cómo se puede conseguir una mayor cohesión en una Navarra segmentada por zonas lingüísticas donde en su capital, Zona Mixta, hay tantos centros donde el alumnado no recibe ni noción de euskera?

–Seguramente se ha politizado el euskera como un arma arrojadiza de confrontación, y es verdad que una parte de la sociedad navarra no percibe el euskera como algo propio. Hemos visto por ejemplo en Castejón que se admite que el euskera es algo propio de Navarra, pero de una zona concreta, no como algo suyo. Es difícil sentir adhesión o respeto hacia algo que muchos sienten como algo ajeno y por lo tanto como una imposición. Ahí hay un trabajo de conocimiento, respeto y empatía hacia las posiciones de todos.

La politización ha sido por parte de ciertos sectores la excusa recurrente.

–Es verdad que en las mesas había una parte, sobre todo euskaldun, que sentía un cierto abatimiento, una sensación como de derrota o cansancio cuando se les preguntaba sobre qué estarían dispuestos a ceder en pos de la convivencia en este tema. Defendían que ya habían cedido demasiado, que más sería ya vulnerar sus derechos lingüísticos, y que toca a la otra parte ceder.

Cuestión ligada; la aversión, distancia o prevención de una parte de la población con respecto a lo vasco.

–Hay una asociación en torno a lo político, lo identitario nacional y la lengua. Existe la percepción de que en la medida que el euskera avance, la voluntad nacionalista vasca en Navarra avanzará. Existe un cierto recelo, porque se asocia el euskera a una coierta ideología política o aspiración soberanista. Recuerdo a una participante en Castejón que explicaba que no había tenido la oportunidad de aprender euskera, que sí habían tenido amigas suyas en la zona norte. Ella se sentía discriminada, porque a la hora de acceder a puestos de trabajo tenía menos oportunidades. Por eso era contraria a medidas que puntúen el euskera, por sentirse discriminada y no por su elección, porque si por ella fuera, le hubiera gustado estudiarlo. Es una posición cierta o incierta, pero legítima, porque lo percibe así. Además puede gustar más o menos, pero la realidad es que hay ciertas zonas de Navarra donde durante generaciones y generaciones no se ha hablado el euskera, por lo tanto no lo sienten como algo propio de su zona.

Hablaba de las apelaciones a la diversidad, a veces como un gancho turístico o parte de una retórica que convive con las llamadas a respetar la identidad de Navarra como unicidad cerrada.

–Sí, es una contradicción en sí misma. Por un lado se ha hecho un marketing de Navarra, tierra de diversidad, pero luego también se habla de un única identidad o una única forma de ser navarro. Y claro, esa percepción de la identidad navarra en el norte o en el sur es diferente. Ahí está la cuestión. ¿Cómo encontrar esos elementos unificadores? De todas maneras, muchas veces hacemos demasiado hincapié en la cohesión social, como si fuese un elemento imprescindible para la convivencia. Una sociedad puede ser diversa y no cohesionada pero tener una buena convivencia. Debemos ver que es lo que queremos para Navarra. ¿Queremos un proyecto común como comunidad y en qué tiene que estar basado ese proyecto común? Es en eso en lo que estamos.

Emblemas como Osasuna o los Sanfermines generan un sentimiento compartido, pero en el fondo son demasiado débiles.

–Sí, es algoque llama la atención del informe, cuando preguntamos con qué concepto, idea o imagen asocias Navarra, salían los Sanfermines, Osasuna, el color rojo... Son conceptos que desde nuestro punto de vista no son suficientes para garantizar una buena convivencia de la sociedad. Creemos que tenemos que buscar otro tipo de elementos. Salieron también en las respuestas los servicios sociales, los fueros e incluso el pasado que nos une, que pensamos pueden tener bastante más miga que los elementos anteriores.

Además de la cohesión identitaria, la cohesión económica es determinante.

Sí, por supuesto, los factores socioeconómicos son disruptivos, y también hemos visto reflejado en este proceso es la falta de cohesión o igualdad territorial. Tanto en Baztan como en la Ribera, pero estoy segura de que si hubiésemos hecho una mesa en el Pirineo también se habría hablado de ello. La desigualdad territorial a la hora del acceso a los servicios produce una cierta desconfianza hacia Pamplona y la Comarca, y una sensación de abandono por parte de las instituciones. Sería importante, si queremos trabajar en convivencia, abordar esta cuestión.

Usted es responsable de proyectos de Eusko Ikaskuntza. Hay una cuestión nominal llamativa a la hora de referirse al conjunto de territorios vascos. El uso de Euskal Herria se ha extendido con fuerza, pero en Eusko Ikaskuntza se habla también de Vasconia, un término que a lo mejor merecería más uso.

–Sí, en Eusko Ikaskuntza cuando hablamos en euskera empleamos el término Euskal Herria y en castellano utilizamos Vasconia como un término histórico de largo recorrido que apela a ciertas características culturales del territorio de habla vasca, que es más amplio que el administrativo actual. Sí, nos gusta utilizar ese término.

Lo curioso es que no se ha socializado tanto cuando tiene un uso potencial en castellano.

–Es verdad. Hay términos que despiertan mucho recelo y mucha susceptibilidad por la carga ideológica, política e histórica que han tenido. Lo hemos visto a veces, depende de a qué sectores de Navarra te acerques el hecho de llevar el Eusko ya crea cierto recelo. Por eso en el proyecto hablamos que es importante trabajar la empatía y hablamos de la importancia de crear espacios seguros, para acabar con esa crispación y sobre todo con el recelo en torno a ciertas cuestiones. La palabra Euskal Herria puede ser una de ellas. Se trata de crear espacios seguros y conceptos seguros, que lleven a aumentar el clima de confianza entre la ciudadanía. Creemos que si trabajamos la empatía, la confianza y bajamos ciertas barreras y escudos que tenemos respecto a ciertos temas, el diálogo será más fluido y podremos llegar a acuerdos. Y sí, hay términos que todavía crean alarma en ciertos sectores.