La crónica de la semana

Un presupuesto a la carta

17.10.2020 | 23:43
Javier Esparza y María Chivite dialogan en el atrio del Parlamento. Foto: Patxi Cascante

Más allá del recurso retórico, apelar al consenso en el debate presupuestario tiene poco recorrido. Gobernar exige negociar, y para eso hay que elegir

No acaba de encontrar su sitio en la oposición Javier Esparza. Desde hace algún tiempo el líder de UPN y su coalición se debaten entre la oposición de bloqueo por la que el PP ha optado en Madrid, y las posiciones más pragmáticas de Ciudadanos, que busca aparecer ante la opinión pública como un agente responsable y centrado. El último mes ha sido fiel reflejo de la contradicción interna en la que vive Navarra Suma, que ha pasado de dar por roto el diálogo con el PSN y llamar "macarra" a su portavoz, a ofrecer acuerdos. Y de votar en contra de los decretos de urgencia sanitaria porque no se aceptan todas sus propuestas a plantear una abstención gratuita a los presupuestos.

No queda muy claro si la tentadora oferta es una propuesta leal de acuerdo o un simple señuelo para generar inestabilidad, pero la mera proposición implica admitir que la política del cuanto peor mejor que la derecha viene practicando en Navarra desde 2015 tiene poco recorrido, mucho menos en la actual crisis sanitaria. Y aunque la abstención finalmente no se materialice, al líder de UPN siempre se le podrán recordar sus generosas palabras de esta última semana cada vez que el Gobierno foral necesite apoyo parlamentario.

La propuesta no obstante es un movimiento hábil para un partido que había quedado fuera del juego político. Sin margen de alianzas y escorado en la radicalidad, Navarra Suma empezaba a coger un tono excesivamente agrio poco recomendable en un momento en el que la población empieza a mirar con recelo a una clase política cada vez más enfrentada. Había que ofrecer algo para salir del abrazo al que Vox está sometiendo al PP en Madrid y que estaba arrastrando también a UPN, y la respuesta ha sido una abstención presupuestaria que por unos días ha devuelvo la iniciativa a la coalición de Esparza.

El juego de mayorías En realidad, el acuerdo viene vinculado a dos condiciones que no son inocentes. La primera, el fin del diálogo con EH Bildu, el partido que ha sostenido al Ejecutivo durante todo el último año. Y la segunda, el rechazo a cualquier modificación fiscal en un momento en el que los socios del Gobierno reclama nuevas fórmulas tributarias para no atar la capacidad de inversión pública exclusivamente al endeudamiento.

Ambas apuntan en la misma dirección: la ruptura de la mayoría parlamentaria que facilitó la investidura de María Chivite. EH Bildu ya ha subrayado que no dará un aliado en el Parlamento si se le excluye en los presupuestos, por lo que aceptar la abstención gratuita que generosamente ofrece ahora Navarra Suma implica dejar la estabilidad del Gobierno en manos de la coalición derechista. Y no es difícil prever qué ocurriría entonces.

En cualquier caso, el Ejecutivo foral va a tener que definir una posición que hasta ahora ha tratado de evitar. Porque, más allá del recurso retórico, no se puede pretender aprobar algo tan importante como el presupuesto anual por consenso y sin votos en contra. Ni todos los partidos son compatibles ni todas las recetas para afrontar la situación social y económica van en la misma dirección. Ni siquiera sería bueno desde un punto de vista democrático la ausencia de oposición política.

Así que al Gobierno foral le toca tomar una decisión que ha venido esquivando desde la investidura, y que la actitud bronca de la derecha le ha facilitado mucho todo este tiempo. Es lo que indirectamente busca Esparza con su propuesta, que el PSN asuma de forma pública que sus acuerdos con la izquierda abertzale en Navarra son una decisión política, y no por la ausencia de una alternativa.

De alguna forma, la negociación presupuestaria puede convertirse en una oportunidad para que el Gobierno foral, y en particular el PSN, asuman ya sin complejos dónde está su mayoría parlamentaria, consolidando una política de alianzas que puede tener largo recorrido en Navarra, también en los ayuntamientos. Algo que sin duda implica rigor y seriedad en las propuestas, y menos performances como la del 12 de octubre en la puerta del Palacio de Navarra. Ser un actor clave del juego institucional implica también responsabilidades. Para lo bueno y para lo malo. Podemos ya lo ha entendido.

Las dos condiciones que pone Navarra Suma para facilitar los presupuestos implican romper la mayoría que sostiene al Gobierno