“Cuantos menos testigos haya en el Mediterráneo más fácil será que hagan una política de represión”

Filippo Aquilino, enfermero y coordinador médico del ‘Aita Mari’, lleva 14 años viviendo en Navarra, donde trabaja en el servicio de Emergencias Rurales de SOS Navarra

08.02.2020 | 16:32
Filippo Aquilino, durante una parada en Pamplona antes de volver a embarcarse en el ‘Aita Mari’.

Filippo Aquilino, enfermero y coordinador médico del ‘Aita Mari’, lleva 14 años viviendo en Navarra.

Pamplona - Tras casi dos semanas de retraso, el Aita Mari soltó ayer amarras de Pasaia para dirigirse a Bilbao, el primer puerto en su camino, aún incierto, hasta la zona Search and Rescue (SAR) del Mediterráneo central. Allí millares de personas continúan jugándose la vida para llegar a Europa a pesar del invierno. Entre la tripulación se encuentra Filippo Aquilino, coordinador médico, logista y enfermero del barco. Siciliano de nacimiento y navarro de adopción, lleva ya años trabajando en el servicio de emergencias Rural de SOS Navarra, una tarea que alterna con la atención sanitaria como voluntario en las costas y campos de refugiados griegos.

¿Cómo está la situación ahora en el Aita Mari?

-Nosotros estamos listos desde hace un par de semanas. Fomento nos ha pedido montones de certificados y titulaciones, hemos aprobado con los inspectores todo lo que nos han pedido y a la hora de zarpar nos ha bloqueado a puerto porque no somos un buque de pasajeros. Entiendo que es una maniobra política, probablemente por las elecciones europeas que hay en mayo. A nivel real no tiene ningún sentido porque la ley internacional dice que cualquier embarcación, da igual de que tipo sea, tiene el deber de socorrer a cualquier náufrago.

Cuando retuvieron al Open Arms unos días antes, ¿pensasteis en que os podía pasar lo mismo?

-En los últimos años la política en contra de las ONG a nivel europeo se ha ido encrudeciendo cada vez más. No nos esperábamos que fuese todo rositas, pero tampoco que nos pararan con una motivación tan blanda. Ahora toca seguir adelante, sobre todo porque hemos visto una respuesta social por parte de muchos diputados europeos, el Gobierno vasco, navarro, ayuntamientos... Este barco no es nuestro, es de todas las personas que creen en este proyecto, que son millones. Me siento responsable de las 160.000 personas que nos han dado una donación, pero también de los 3,5 millones de vastos y 700.000 navarros porque sus Gobiernos nos están apoyando mucho en esta hipócrita política del Estado español. Hay veces que en estas cosas, sobre todo en los momentos difíciles, te sientes solo, pero durante las última dos semanas hemos recibido muchísimo apoyo. Eso te da fuerzas, entiendes que vas por el camino correcto. Yo espero que si algún día mi familia se tiene que meter en una patera haya un desgraciado como yo que les eche un cable para que no se ahoguen.

El PSOE entró al Gobierno central con los brazos abiertos al Aquarius y ahora tiene a dos barcos de rescate retenidos, ¿qué a pasado?

-Me da la impresión que el PSOE está teniendo el mismo fallo que el Partido Democrático en Italia, que lo único que ha hecho es una política cada vez más de derechas hasta terminar con los populistas como Salvini en vez de dar a entender por qué es justo salvar vidas. El primer oficial de mi buque dijo el otro día que una vida humana vale menos que un voto y pienso que muchos políticos lo ven así.

¿Tenéis esperanzas de poder salir pronto a alta mar?

-De momento tenemos posibilidad de poder movernos por los puertos españoles y poco a poco iremos moviéndonos hasta las Baleares, el puerto más próximo a la zona SAR.

Hace casi dos semanas que teníais que haber salido hacia el Mediterráneo, dos semanas en las que el problema no es la espera, sino que la gente sigue muriendo en el mar.

-Si hubiésemos salido igual podríamos haber salvado a algunos de los 170 muertos que ha habido en los últimos días. Nos hierve la sangre al pensar que hay tantos muertos en la mar y nosotros estamos bloqueados aquí por un tema burocrático, esto nos empuja a hacer más para que cuanto antes podamos salir.

Resulta paradójico que el motivo de que no se os deje marchar sea la seguridad de los rescatados y que, sin embargo, la otra opción posible sea dejarlos morir, ¿no?

-Así lo entendemos nosotros. En vez de empujar una respuesta europea e ir en contra de las políticas populistas de Salvini o Malta de cerrar los puertos italianos, algo ilegal según la ley internacional, nos represalian a nosotros con la excusa de que, como los puertos más cercanos están cerrados y no estamos habilitados como buque de pasaje, ponemos en riesgo la vida de los náufragos si tenemos que volver hasta las Baleares. Hay también buques de la OTAN por allá que nos pueden dar respaldo, pero con eso no cuentan.

La respuesta más fácil y, pienso, la más cobarde, es dejarnos en tierra.

¿Quizás la clave está en que, mientras estén en el mar, son invisibles?

-Exactamente. Si no hay nadie para denunciar lo que pasa en alta mar, no ha pasado nada. La Comunidad Europea, la OTAN y la UNHCR contabilizan solo los cadáveres recuperados, así que muchas pateras y embarcaciones que se han hundido sin testigos se han ido al fondo con centenares de personas que nunca serán contabilizados como muertos en el mar. La explicación que ha dado Salvini a los 170 muertos de estos días ha sido que han vuelto las ONG del mar. Esto es falso, en primer lugar, porque allí siguen las mismas ONG que estaban desde hace meses, que son las Sea Watch y Sea Eye. Todas las demás estamos paradas en tierra. Lo único que han hecho estas ONG es denunciar lo que seguramente habrían sido otros 117 muertos a 70 millas de Libia que nadie hubiera contabilizado, porque solo pudieron salvar a tres. Esta es la política que lleva a cabo Europa, la misma que siguieron cuando desalojaron todas las ONG de Grecia. Como querían deportar a los migrantes a Turquía y esto no es muy legal echaron a todas las ONG que no estaban institucionalizadas para evitar denuncias y que den bombo mediático. Lo mismo en el Mediterráneo: cuantos menos testigos haya más fácil será que puedan hacer una política de represión y que incumplan los derechos humanos.

Si no se os pusiese ninguna barrera, ¿qué capacidad de rescate tendríais?

-El Aita Mari puede navegar con aproximadamente un centenar de personas. Puede cargar a unas 180 o 200, pero en ese caso dificultaría la navegación y lo que haríamos sería esperar hasta que otro buque viniese a por ellos. Antes había barcos grandes como la SOS Mediterranée, el Aquarius o la Open Arms, barcos de la guardia costera italiana o la OTAN y hacíamos rápido los transbordos porque lo prioritario era sacarlos del agua, pero ahora no, parece que las prioridades han cambiado. Al final hay que priorizar, lo primero es salvarles la vida. Me da igual que sean 300, si puedo los subo porque no hay más buques de rescate. Si veo a alguien ahogándose, ¿qué hago? ¿Le salvo la vida o le explico que en Europa tenemos muchos problemas y no está permitido llevar a más de 180 personas? En esto hay también un tema burocrático porque, hasta ahora, quien hacía la coordinación era la guardia costera italiana, pero se han inventado la zona SAR de Libia, en la que no podemos entrar. Ni siquiera está contemplada en la Organización Internacional de la Marina porque no tienen dispositivos ni logística para hacer este tipo de trabajo. Se ha sabido que en la patera en la que el otro día murieron 117 personas llamaron a la guardia costera libia y nadie cogió el teléfono. No existe ni siquiera una guardia costera libia capaz de hacer este trabajo, a lo que se le suma que tampoco tienen un puerto seguro. Es un país demacrado en una guerra civil de tribus armadas y financiadas por Europa. Se decidió darles millones de euros para que parara las llegadas, pero estas siguen, no están haciendo nada porque son los mismos traficantes que financió Europa en contra de Gadafi.

¿No tenéis miedo a los guardacostas libios? Porque ya se han dado casos de disparos a barcos de rescate.

-A nosotros nos dispararon el año pasado al aire, subieron a la Lifeline y nos amenazaron, pero estábamos amparados como ciudadanos europeos y había un mínimo de garantía institucional. La verdad es que ya no se si podemos contar con esa seguridad. Estamos listos para lo que haga falta, si esto es Europa prefiero que me hundan en alta mar a decir que me he quedado en casa. Mañana a mis nietos no les quiero contar que he sido uno más que ha participado en este horror, no quiero ir como los alemanes después de la II Guerra Mundial, diciendo que no sabía lo que pasaba en los campos de concentración. El Libia ocurren una cantidad enorme de barbaridades, violaciones y torturas pagadas además con financiaciones europeas. Cosas como violar a una persona o torturarla con su familia al teléfono desde su país de origen para pedirle un rescate o pegarle un tiro en una pierna para ver si llega el dinero antes de que muera. Ya me pueden acribillar en alta mar, que yo no voy a devolver un solo refugiado a Libia.

¿Qué es lo primero que se hace cuando os encontráis migrantes en el mar?

-Lo primero que tienes que hacer es definir la gravedad de la situación y después ir por casos. Como casi siempre somos sanitarios de urgencias tenemos esta costumbre de trabajar bajo estrés y tener que priorizar, pero en un buque tienes una logística más limitada de espacio, stock y material. Si tengo un niño que necesita tratamiento antibiótico le tendré que priorizar a él antes que a un adulto, y así con todo. De todas formas en alta mar si nos encontramos con una emergencia lo que haremos será sobre todo contabilización de muertos.

¿Qué se hace con estos cuerpos?

-Este es un debate ético muy complicado. Antes, cuando estaba la guardia costera italiana, te daban puerto a las 24 horas, así que los cargabas y después hacías el reconocimiento buscando algún documento identificativo, sacando alguna foto, cogiendo alguna muestra de ADN o anotando al menos algún signo característico para que, si un día un familiar denuncia la desaparición, haya un listado que poder consultar. Antes se llevaban a tierra y todo este trabajo lo hacía la policía del país, pero ahora, como no nos dan puerto, se hace la identificación a bordo y después se les suele hacer un entierro marino, que consiste en ponerles una pesa a los pies y tirarles al agua. Es muy duro, pero si tengo diez muertos no puedo dejarlos allí pudriéndose hasta que Europa decida qué hacer, es un tema ya de higiene sanitaria. Tengo sacos de muertos para que, si tengo que tirar al agua al hijo o al hermano de alguien, por lo menos esté embalsamado y no vean como tiramos el cuerpo con una pesa al mar. Todo el tiempo hay que priorizar, nos parezca horroroso o no. Si por lo menos Italia tuviese la decencia de sacar los muertos... pero no lo van a hacer, no quieren gastar dos céntimos en el respeto de la dignidad humana. En Grecia o Libia, detrás de las playas, está repleto de gente enterrada sin nombre porque el oleaje los deriva otra vez a esas costas. Los pescadores de la zona saben lo malo que es morir ahogado y entierran a los muertos que llegan a tierra.

En el Aita Mari hay personal contratado, pero muchos sois voluntarios con trabajos a los que habéis renunciado para poder embarcaron en esta misión, ¿cómo os puede afectar la espera y el tiempo limitado que tenéis?

-Yo, por ejemplo, he pedido cuatro meses de paro por misión humanitaria porque, como no hay colaboración por parte del Estado, no me puedo permitir el lujo de mandar un enfermero y decirle que embarca el 15 de enero y desembarca el 15 de febrero. En el tema sanitario, que es del que yo me encargo, estamos cubiertos hasta la tercera o cuarta misión, el problema es que no puedo atar a más gente hasta que sepamos realmente por donde se van encauzando las cosas. Lo que sí garantizo es que siempre va a haber dos sanitarios, aunque tenga que ir yo a la segunda, la tercera o la cuarta misión. La médico del barco también ha dejado su trabajo porque nos parece más importante hacer esto en este momento y porque nos lo podemos permitir.