Ernai ha reforzado su presencia en la calle ante el crecimiento de GKS, en una pugna que trasciende el ámbito juvenil y evidencia la brecha entre dos modelos políticos: el proyecto institucional que representan Sortu y EH Bildu y la apuesta por organizarse al margen de las instituciones que impulsa el Movimiento Socialista. El choque entre ambos movimientos políticos lo abanderan sus respectivas ramas juveniles, GKS y Ernai, organización que se ha puesto las pilas en los últimos meses tras ver que se le escapa la hegemonía de las manos. Este periódico ha contactado con ambas organizaciones para recabar su valoración, si bien el referente juvenil de Sortu ha declinado participar en este reportaje.

En el ámbito educativo, la ruptura entre Ikasle Abertzaleak y Ernai dejó a la izquierda abertzale sin una estructura sólida en los centros de enseñanza, con una capacidad muy limitada para movilizar al estudiantado bajo sus planteamientos políticos. Para tratar de revertir esa situación, en septiembre de 2020 lanzó, en un acto en Elizondo, Ikama, un nuevo sindicato estudiantil que ha ido ganando adeptos, aunque todavía sigue lejos de poder mirar de tú a tú y disputar la hegemonía a Ikasle Antolakunde Sozialista.

En este escenario, la izquierda abertzale ha tratado de reforzar el perfil de Ernai, que en las últimas semanas ha recuperado protagonismo tras un periodo de menor visibilidad mediante una vuelta a las acciones en la calle. Ese resurgir se ha expresado tanto en actos y pintadas en favor de la independencia como en acciones directas contra partidos políticos y símbolos españoles, como los señalamientos a la sedes del PP de Bilbao y el diario El Correo, o el derribo del último toro de Osborne que quedaba en la Comunidad Autónoma Vasca. Este retorno coincide con una intensificación de la competencia con GKS, que en los últimos años ha logrado romper la hegemonía tradicional de sus competidores en las calles y que ha organizado 130 actos en estas semanas, un proceso que culminará con sendas manifestaciones contra el auge del fascismo el 31 de enero en Pamplona y Bilbao.

Fricciones

Ernai y GKS han protagonizado, en ese tiempo, una dinámica de competencia que se expresa en convocatorias similares, contraprogramaciones y una pugna por atraer militancia y simpatizantes. Ambos colectivos comparten su crítica a la moderación política, aunque esa posición genera fricciones internas en el caso de Ernai, cuya línea más confrontativa convive con la estrategia política de EH Bildu. De hecho, algunas figuras de la formación como Arkaitz Rodríguez o Peio Otxandiano, y también su secretario general, Arnaldo Otegi, se han desmarcado públicamente de determinadas acciones impulsadas por su organización juvenil. Paralelamente, se ha intensificado la actividad del entorno de Sortu en redes sociales, donde se han multiplicado las críticas hacia el Movimiento Socialista y sus organizaciones.

Desde GKS, Edurne Abaigar responde que, a día de hoy, no ve margen para la colaboración con la izquierda abertzale, a la que considera “parte del problema”. Sostiene que “EH Bildu ha optado por integrarse en el Estado, dejando de lado a la clase trabajadora” y convirtiéndose, a su juicio, en un “punto de apoyo del régimen” tanto en Navarra como en el conjunto del Estado. En este contexto, critica que la formación abertzale ha tratado de “atacar o neutralizar cualquier organización o iniciativa que buscara abrir un espacio político a su izquierda al margen de las instituciones”.

En esa línea, interpreta que EH Bildu y Sortu, al haber escenificado su distanciamiento respecto a Ernai, “han dejado expuestos a sus propios militantes” y señala que muchos de los miembros de GKS han vivido situaciones similares, lo que les ha llevado a concluir que “los partidos institucionales no son un espacio válido para combatir las injusticias sociales del capitalismo”. “Algunos militantes de Ernai así lo verán y nosotros estaremos dispuestos a trabajar”, concluye.