El movimiento de objeción en Navarra: años 80

09.02.2020 | 00:04
El movimiento de objeción en Navarra: años 80

Los objetores navarros iniciaron la década de 1980 organizados y abiertos a la calle en un doble sentido: practicaban su propia idea de servicio a la sociedad en el Taller Escuela de la Txantrea y difundían la no violencia y el antimilitarismo en charlas o acciones de denuncia y con la oficina de información que abrían cada semana en Navarrería 6-1º. El PSOE, antiguo aliado contra la ley de objeción de UCD, pasó a ser el nuevo adversario político. En diciembre de 1982 Navarra Hoy decía que "50 objetores y objetoras de conciencia encartelados se manifestaron en Pamplona frente a la sede del PSOE, en protesta por el Proyecto de Ley de Objeción de Conciencia que, próximamente, se debatirá en el Parlamento". Si al principio, desde 1980 hasta 1982, se declaraban 10 objetores cada año, entre 1982 y 1984 fueron 76. La promulgación de la ley del PSOE llegaría por sorpresa el día de los Santos Inocentes de 1984, cuando las cifras de la objeción estaban creciendo significativamente, un buen caldo de cultivo para la estrategia de "objeción colectiva" que se estaba preparando. La llamada "carta colectiva" que firmaban individualmente los reclutas para declararse objetores al margen de aquella ley era un boicot (político y normativo) en toda regla. Un año después, el 24 de noviembre de 1985, Navarra Hoy se hacía eco de un balance del MOC que olía a triunfo y a desafío: "En Navarra la Objeción Colectiva ha sido todo un éxito. Nada menos que 167 firmas se han estampado, por ahora, al pie de este documento. Nos hemos situado como la cuarta provincia de todo el Estado español por número de objetores colectivos, y en la primera si atendemos a la relación con el número de habitantes".

Don Liborio del Hierro, subsecretario de Justicia, advirtió al gobierno de Felipe González de que la estrategia de objeción colectiva, si prosperaba, podía convertirse en "el primer caso de desobediencia civil a gran escala en el Estado Español". En efecto, entre 1985 y 1986 se estaba dejando notar el doble efecto (movilizador para los objetores y paralizador para el Estado) de las dos dinámicas rupturistas del movimiento de objeción, una interna y otra externa. La primera dinámica había ocupado la segunda mitad de los 70: hacia dentro, el MOC logró estructurarse como coordinadora de múltiples colectivos, y hacia fuera, se había esgrimido la desobediencia civil para bloquear una ley de la UCD que hubiera sido demasiado temprana para la incipiente movilización antimili (de haberse regulado entonces la objeción de conciencia, otro gallo cantaría, pero Suárez no pudo reconducir el problema por la doble presión, en sentido contrario, de los objetores y de los militares). Y la segunda dinámica rupturista se impuso durante los primeros años ochenta: hacia dentro, el movimiento de objeción se posicionó contra toda conscripción (la del servicio militar obligatorio y la de un servicio civil que, al ser sustitutorio del militar, lejos de ayudar a la abolición de la mili, la afianzaba), y hacia fuera, se acertó con la estrategia de la "objeción colectiva". No nos extrañe que se alarmara el perspicaz de don Liborio y, con él, las autoridades forales, conscientes de que Navarra estaba en la delantera de un reto al Estado.

Tras el referéndum de la OTAN, el movimiento de objeción tomó fuerza y comenzó a recorrer el camino que lo llevaría a la insumisión. Aparecieron nuevos colectivos. La izquierda radical, que había entrado de lleno en el movimiento antimili con la creación en 1984 de los colectivos MILI KK, y que en Navarra estaba bien nutrida de activistas de los movimientos sociales (ecologistas, feministas y pacifistas), promovió también en Euskal Herria la creación de la Coordinadora Antimilitarista KAKITZAT, un colectivo que nació en Navarra en 1986 y que en adelante, además de coordinarse con el MOC, centraría buena parte de sus propias energías en apoyar la objeción de conciencia y en movilizar a jóvenes y estudiantes contra el reclutamiento militar. El movimiento de objeción de conciencia crecía en la Navarra de los 80 a la vez que se diversificaba.

El período 1986-1988 fue un tiempo de paradojas y parálisis legales. La ley no se estaba aplicando. El MOC había interpuesto un recurso de inconstitucionalidad a través del Defensor del Pueblo. Oficialmente se aceptaban las "cartas colectivas" de los objetores como si fueran declaraciones válidas, lo que ayudaba a que su número creciera exponencialmente (en noviembre de 1987 eran ya 570 los objetores navarros que habían firmado la "objeción colectiva"). Se barruntaba una amnistía encubierta, un borrón y cuenta nueva. Pero la movilización callejera no cesó, al contrario, hubo, por destacar algunas expresiones de actividad antimilitarista, protestas con detenciones masivas de activistas de KAKITZAT, sentadas y concentraciones de todo tipo, algunas frente al Gobierno Militar, campañas contra el sorteo de mozos y paros estudiantiles contra la mili, "encartelamientos" contra la prisión militar de objetores sobrevenidos, ocupaciones pacíficas de instalaciones municipales y de la sede del PSOE, quema de cartillas militares, presentación de declaraciones de "reobjeción" (objetores que, para eludir los efectos de la amnistía encubierta, reclamaban su condición de reclutas con la intención de volver a objetar), y un largo etcétera de actividades lúdicas, conciertos... Aquel tiempo de impasse legal estaba sirviendo para tomar impulso. Corría el año 1988 cuando, con el beneplácito del Tribunal Constitucional, el Gobierno quiso aplicar la ley. La amnistía encubierta desactivaba el fenómeno de la objeción colectiva. Pero el movimiento antimilitarista apostó una vez más por la vía rupturista: en principio, con tácticas como la "reobjeción"; después, con el boicot a entidades colaboracionistas con la Prestación Social Sustitutoria; y, por último, con la campaña de insumisión. Hubo de costar mucho preparar algo tan contundente, pero el 20 de febrero de 1989 se presentaron en distintos gobiernos militares del Estado 57 insumisos. ¿Cuántos vendrían después? De momento, una cifra no pasaba desapercibida: 10 de los primeros eran navarros. Se avecinaban tiempos recios.