Ainhoa Cruz Alzorriz demandante

“Los médicos me han dicho que tuve suerte de no desnucarme”

Su vida cambió en aquellos fatídicos escalones de la Plaza de Toros. Ainhoa Cruz, de 42 años y vecina de Berriozar, llegó a tomar al día 27 pastillas contra el dolor

09.02.2020 | 04:54
Ainhoa Cruz, en el callejón de la Plaza de Toros de Pamplona.

PAMPLONA - Sus informes médicos muestran 5 años de calvario. ¿Cuál es su actual estado de salud?

-Realmente estoy viviendo un calvario y no solo yo, sino que mi situación afecta a mi marido y a mi hijo de 10 años, que cada día viven mi angustia y mi dolor, y eso es algo que me duele tanto o más que mi dolor físico. Han sido muchas las pruebas médicas en estos años, muchísima medicación diaria y ahora me han operado, llevo cable en la espalda para tratar de mitigar el dolor, que me permite vivir con una calidad de vida algo más normal. Me levanto cada mañana con el cuerpo del revés y quiero poner buena cara para que mi hijo lo noté lo menos posible, pero a veces es inevitable.

¿Cómo era su vida antes del 9 de julio de 2014?

-Tenía una vida normal: trabajaba de cajera-reponedora en un supermercado, tenía un hijo de 5 años con el que podía hacer cosas, como ir a pasar el día en San Sebastián, o a Estella, de donde es mi marido. Pero tras la caída no podía pasar ni un día fuera de casa, porque a las 2 de la tarde ya estaba muerta de dolor.

¿Qué recuerda de aquel día?

-Desde que había tenido a mi hijo, hacía unos 5 años, no había salido en Sanfermines y ese día fuimos a la plaza a ver la corrida con mi cuñado y mis amigos, con la peña Oberena. Al acabar la corrida, a la peña Oberena le tocaba salir por el callejón, y yo fui al servicio con una amiga, porque tenía que ir a recoger a mi hijo que estaba viendo a Gorgorito. Al bajar por las escaleras del vomitorio, en el cuarto escalón me resbalé y me caí hacia atrás. Me golpeé la cabeza y noté que el cuello me hacía crash. Me asusté. De ahí me llevaron a la enfermería de la plaza, donde me pusieron un collarín, y luego a Urgencias, donde me hicieron multitud de pruebas.

¿Se percató de la suciedad que había en las escaleras?

-Sí, vi la suciedad en las escaleras y bajaba con cuidado, pero aun así me resbalé y me caí. No había dónde agarrarse. Cuando me llevaron a la enfermería, los policías forales que había allí me aconsejaron que denunciase, que no iban a hacer nada en la plaza para solucionarlo hasta que no se matase alguien en aquellas escaleras. Los médicos me han dicho muchas veces que tuve suerte de no desnucarme.

¿Qué dijo la Casa de la Misericordia cuando contactaron con ellos para explicarles su situación?

-Contacté con mi abogada y hablamos con ellos desde el principio. Queríamos intentar agilizar los plazos de mis tratamientos, para que me derivaran a la Clínica San Miguel o a la Clínica Universidad, pero la Casa de la Misericordia no se responsabilizó en ningún momento de lo que me había pasado. Así que tuvimos que ir a juicio.

La juez culpa de lo ocurrido a quienes tiran comida y líquidos. ¿Usted considera responsables a esas personas de lo que pasó?

-Todos sabemos lo que pasa en la Plaza de Toros, así que visto lo que pasa, la Casa de la Misericordia tendría que haber buscado un remedio para que no suceda, como hizo al poner las barandillas meses después.

Aportó a la demanda un vídeo con múltiples caídas en las mismas escaleras. ¿Cuándo se grabó?

-Un cuñado me dijo que existía ese vídeo. Eran grabaciones de un miembro de la txaranga de Oberena que grabó las caídas de gente porque era muy llamativo. Al saberse lo que me había pasado, las peñas realizaron una reclamación a la Casa de la Misericordia para que pusiera barandillas, que para los Sanfermines del año siguiente ya estaban puestas.

Después de conocer la sentencia que exculpa a la Casa de la Misericordia, ¿qué le diría a la juez si pudiera hablar con ella?

-Le diría que no ha tenido valor de condenar a la Casa de la Misericordia por ser quiénes son. Si no, no entiendo porque me da la razón en todo y no les condené. Le diría también que a ningún familiar le pase lo que me ha pasado a mí y que su familia no sufra como ha sufrido la mía. Es algo que le dije al perito médico de la Casa de la Misericordia cuando acabó el juicio.

¿Va a recurrir la sentencia?

-La abogada me ha dicho que hay base, pero si me condenan en costas tendría que pagar mucho dinero. Por eso he tenido que solicitar justicia gratuita y estoy a la espera de ver si el Gobierno de Navarra me la conceda o no.

¿Está decidida a llegar a la última instancia judicial?

-Todavía no me puedo creer que haya pasado esto. Me han fastidiado la vida, así que no tengo nada que perder. Voy a ir a donde me escuchen. Además de una compensación moral, el dinero que reclamó ya me lo he ido gastando yo en medicación, abogados... He llegado a estar tomando hasta 27 pastillas al día y ahora me gasto cada mes unos 200 euros solo en medicinas. La morfina es muy cara. Espero que ahora me vayan reduciendo la dosis.

Mentalmente, ¿cómo le ha afectado todo lo ocurrido?

-Es muy duro. Mi hijo lo ha pasado muy mal, porque siempre recuerda que me dijo que no fuera a la plaza. "Mamá, no me hiciste caso", me dice. Mi hijo lo ha pasado muy mal, porque me veía mal. Ha repercutido en toda la familia, porque vivir con dolor es lo peor: gritas cuando no deberías gritar, sin motivo...

¿Ha requerido atención psicológica?

-Mi médico de cabecera me derivó al psicólogo, porque me dijo que si subía el estado de ánimo, el umbral del dolor subiría. Fui a una consulta y la psicóloga me dijo que lo normal era como estaba, así que me dieron el alta.

¿Cuál es su situación laboral?

-Estuve casi dos años de baja y ahora estoy de baja por la Seguridad Social. Iniciamos el procedimiento de incapacitación absoluta y el tribunal me lo denegó, así que fuimos a juicio. El juez reconoció que tenía limitaciones, pero no impeditivas. La empresa en la que trabajaba desde 2002 me declaró no apta, así que me fui al paro.

¿Qué limitaciones físicas tiene?

-Hacia el lado derecho solo tengo un 15% de movilidad, y hacia el izquierdo, un 75%. No puedo cargar más de 2 kilos de peso, no puedo levantar los brazos por encima de los hombros. Ni siquiera puedo ir a hacer la compra sola. Me gustaría poder empezar a trabajar en algún sitio, pero no sé dónde en mi estado.

Le acaban de reconocer el 15% de minusvalía. ¿Es una puerta para volver a reclamar la incapacidad?

-Mi abogada me ha dicho que siempre que tengamos informes nuevos que aportar, como es ahora el caso con el neuroestimulador. Así que volveremos a iniciar los trámites.