Difícil convivencia con el oso en Pirineos

Los pastores denuncian ataques del plantígrado contra sus rebaños y piden al Elíseo que tome cartas en el asunto

10.02.2020 | 02:37

El malestar, el enfado y la preocupación son más que palpables entre los pastores que viven en Baja Navarra y Altos Pirineos, que llevan meses criticando la decisión del Gobierno francés de repoblar el área con osos eslovenos. Este pasado lunes se manifestaron ante la delegación del Gobierno galo en Baiona, hasta donde llevaron decenas de cadáveres de ovejas, según dicen, víctimas de ataques cometidos por los plantígrados.

Los pastores bajonavarros de Bunuze y Jutsi, Paxkal Harispuru y Romain Jaureguiberry respectivamente, tenían en total mil ovejas en la zona montañosa de Cauterets, en Altos Pirineos. El pasado fin de semana encontraron 15 animales muertos y tuvieron que sacrificar a otros 36 que "estaban muy malheridos", algunos con la mandíbula totalmente destrozada, describieron. Además, otras 250 ovejas siguen desaparecidas. "Es muy doloroso perder el rebaño en estas circunstancias porque los dos tenemos menos de treinta años", explicaba Harispuru. "El Gobierno tiene que entender que el pastoreo y la presencia del oso no son compatibles", añadía. Y exige que las áreas donde haya osos se limiten a determinadas zonas, en las que no haya actividad ganadera.

"Esta política no defiende la biodiversidad. Es nuestra agricultura sostenible la que garantiza la tan deseada biodiversidad", subrayaba por su parte el portavoz de Euskal Laborarien Batasuna (ELB), Panpi Sainte Marie. Por primera vez, los sindicatos agrarios FDSEA y ELB se han unido en torno a la defensa de los pastores. "El oso no solo ataca ovejas, también mata caballos y vacas", añadía Sainte Marie.

En octubre de 2018 se soltaron en Pirineos dos osas eslovenas, Claverina y Sorita, que hace unos meses dieron a luz a dos oseznos, algo inédito en los últimos quince años. La decisión gubernamental provocó una fuerte ola de contestación entre los pastores, que recibieron el apoyo, además, de gran parte de los cargos electos de Iparralde y del Béarn. Muchos de ellos participaron en la manifestación contra la reintroducción del oso celebrada en L'Ainsa el pasado mes de agosto.

Sin fronteras Además, los osos no saben de fronteras y también han atacado rebaños en el norte de Aragón y Navarra. Los pasados meses de diciembre y mayo, Claverina mató una quincena de ovejas en la localidad de Uztarroze, en el valle del Roncal. Por su parte, Goiat, otro oso que fue reintroducido en Catalunya, ha protagonizado también varios ataques en la vertiente francesa de los Pirineos. Entre los detractores se encuentra Nicolas Bengoetxea, pastor en Larraine, Zuberoa. "En mayo fuimos a manifestarnos a Pau porque estamos muy enfadados ya que la osa Claverina acabó con la vida de una de mis ovejas, y además, a escasos metros de mi explotación agrícola", se queja el zuberotarra. Exige que el Ministerio de Ecología francés retire todos los plantígrados de Pirineos. El malestar es cada vez mayor porque además se ha detectado la presencia de lobos en algunas comarcas pirenaicas.

En la actualidad hay cuarenta osos en la zona pirenaica que se extiende del noreste de Navarra hasta Catalunya, pasando por el valle de Arán, Andorra y los departamentos del sur de Francia. En 2017 nacieron siete cachorros, seis de ellos en el Pirineo catalán. En la zona noroccidental, que une el Béarn, la Comunidad Foral y Aragón, en cambio, tras la muerte de Cannelle, la última osa pirenaica, tan solo quedan dos machos: Cannelitto y su progenitor Néré. Entre 13 y 17 osas estarían en disposición de dar a luz nuevos cachorros, según los guardas forestales, que en 2018 encontraron una osa muerta, Mellous. Otros tres ejemplares continúan en paradero desconocido,

La población cantábrica de oso pardo, por su parte, se encuentra dividida en dos subpoblaciones separadas geográficamente con características genéticas diferenciadas y con un incipiente y reducido intercambio demográfico y genético entre ambas. En la primera zona que se extiende entre Cantabria, Palencia y León se registran entre 30 y 40 ejemplares, mientras que en Asturias, León y Lugo hay unos doscientos.