Tres generaciones en el corazón de Argia

Maite, lorea y Ekiotz simbolizan el espíritu de izan argi! de este oinez 19

10.02.2020 | 08:44
Maite Ollabarren, su hija Lorea Jiménez y el pequeño Ekiotz Jiménez Lacalzada.

"Fue difícil, arriesgado pero viendo el resultado es para estar muy satisfechos". Maite Ollabarren, junto a su marido Alfredo Jiménez, es una de las cinco parejas que en 1984 decidieron crear un centro de enseñanza en euskera en Tudela. Con tres hijas, las tres han sido estudiantes de Argia, representan la historia y el espíritu que ha tenido este centro en sus 35 años de vida. La mayor, Lorea, fue una de las pioneras que empezaron las clases un mes de octubre en los locales de la peña Beterri, gracias a la colaboración de la Federación de Ikastolas. Ella terminó a los 14 años en la vaquería del camino viejo de Murchante y no llegó a a estudiar en el actual centro de Fontellas, donde sí lo hace su hijo Ekiotz, nieto de Maite y Alfredo y que vivirá su segundo Oinez. "Es un orgullo y una satisfacción tremenda porque mi hija tenía muy claro que quería este centro para él y nosotros encantadísimos", sonríe Maite. Aquel proyecto de ikastola en Tudela "nació entre gente que éramos de distintos ámbitos y sensibilidades pero todos teníamos en común que estábamos interesados por el euskera y queríamos recuperarlo en la Ribera". Algunos apostaron fuerte y otros se retiraron por el vértigo de la aventura, "era arriesgado y claro que había temor a que no funcionase bien". De hecho, la primera profesora se fue a los pocos meses, pero pronto contaron con otras dos e incluso cocinera para el comedor. Aquellas cinco familias pronto se convirtieron en siete, luego en nueve, y el centro fue creciendo. "De Beterri pasamos a Peñuelas, que también tenía patio, varios espacios y se quedó pequeño enseguida. Luego ya en la vaquería donde hicimos mucha obra y había varias aulas. Era otro nivel, ¡nos parecía la releche!", exclama Maite. Con el cuarto Oinez en marcha, viendo el currículum de muchos estudiantes, alumnas que ya son profesoras y el conocimiento que existe de Argia el orgullo de los pioneros es evidente, "si lo piensas parece hasta increíble lo que es ahora. Empezamos por convicción pero con cierto temor. No te llegabas a creer que fuese a conseguirse un centro para toda la Ribera como el de ahora que es tan respetado".