Destruidas en Navarra el año pasado 1.658 armas, de ellas 1.409 largas y 233 cortas

El 9 de julio es el Día Internacional de la de la Destrucción de Armas de Fuego

10.07.2020 | 00:55
Armas almacenada en el depósito de la Guardia Civil. Foto: Iñaki Porto

PAMPLONA – La Guardia Civil destruyó el pasado año en Navarra un total de 1.658 armas, de ellas, 1.409 armas largas, 233 armas cortas y 16 de otras características, procedentes de titulares que han cesado en su titularidad o de decomisos policiales. La actuación se enmarca dentro de la normativa vigente en España y se suman al Programa de Acción de Naciones Unidas sobre el comercio ilícito de armas pequeñas y ligeras, que tuvo su origen en la Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre el Comercio Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras celebrada en julio de 2001, a raíz de la cual se estableció que el 9 de julio es el Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego.

La competencia en materia de armas y explosivos se materializa por medio de las Intervenciones de Armas y Explosivos de la Guardia Civil. Estas unidades controlan el acceso legal a las armas, para lo cual el reglamento vigente establece unos requisitos, entre los que se encuentran la carencia de antecedentes penales, así como la superación de pruebas teóricas y prácticas sobre el uso y manejo.

Asimismo, para evitar que un arma pueda ser utilizada indebidamente cuando el titular deje de tener derecho a su tenencia y uso, la normativa establece que sean inutilizadas o destruidas. La inutilización de un arma, a partir de 2011, está regulada por una normativa severa, de tal modo que es sometida a un proceso que afecta a todas las piezas fundamentales.

Igualmente, la Guardia Civil, periódicamente, lleva a cabo la destrucción de armas de fuego de diversos calibres, así como armas blancas prohibidas. Algunas de ellas están implicadas en ilícitos penales o administrativos y tras el correspondiente procedimiento se determina su destrucción. Otras, que por cesar sus titulares en el derecho a la tenencia y uso, y no haber sido adjudicadas en subastas, tienen el mismo fin, lo que permite que las armas sean reducidas a chatarra mediante un proceso de fundición o similar.

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