Los Korniyenko: una familia separada por la guerra en Ucrania y cuyas hijas se refugian en Navarra

Yulia, de 17 años, ha sido acogida en Lekunberri, mientras que sus hermanas Yelena, de 19, y Darina, de 14, lo hacen en Fustiñana. Su madre se encuentra en Polonia y su padre continúa en Ucrania, refugiado por las noches en la despensa de la casa familiar

19.03.2022 | 18:26
Yulia, en el centro, junto con sus hermanas Darina (izquierda) y Yelena (derecha)

Mientras Yulia Korniyenko, de 17 años, atiende la llamada de este periódico sus hermanas, Yelena (19) y Darina (14), disfrutan del comienzo del fin de semana en Fustiñana. A miles de kilómetros su madre, acogida en Polonia, vive el paso de los días preocupada. Su marido y padre de las tres niñas continúa en Ucrania, pasando las noches en una despensa que, de forma improvisada, utiliza como búnker para protegerse de unas bombas que en Plesets'ke, una pequeña localidad a 40 kilómetros de Kiev, suenan muy cerca.

"Estamos todos separados. Mi padre y tío en Ucrania, mi madre en Polonia, yo aquí, mis dos hermanas en Fustiñana€ Esperemos que de aquí a poco tiempo volvamos a estar juntos", suspira Yulia, que ha sido acogida por los Saralegi Sukunza, con la que ha pasado "varios veranos y algún invierno" desde que tenía 6 años. Ahora, esta familia, su "segunda familia", compuesta por Lourdes y Rafael y sus hijos Unai, Aimar y Maider, le acoge desde el pasado 8 de marzo, cuando llegó de Polonia a Pamplona escapando de la guerra.

"Fuimos a Kiev, y de ahí a Lyiv (Leópolis) en tren. Después, cogimos un autobús hasta la frontera con Polonia y allí nos recogió la asociación Chernobil Elkartea, y vinimos en cuatro furgonetas y un coche", relata con pasmosa tranquilidad Yulia un periplo de más de 3.000 kilómetros.

Sin embargo, esta odisea era obligada. Conforme la guerra avanzaba, las explosiones se sentían más cerca. "El bombardeo más cercano fue a 4 kilómetros de mi casa, y en Kiev también se oía perfectamente. La primera noche fue horrible", atestigua Yulia, incrédula por estar viviendo una situación de guerra en primera persona y con la mirada puesta en las noticias que llegan desde su país. "Nosotras estamos seguras, pero mi padre y mi tío se han quedado en Ucrania, y sabemos que puede pasar lo que sea. Además de que no pueden salir (los hombres entre 18 y 60 años tienen prohibido abandonar el país) no quieren dejar la casa", explica la todavía menor, que en dos meses cumplirá los 18.


Las hermanas se funden en un emotivo abrazo a su llegada a Pamplona. Foto: cedida

Como todo padre, el de Yulia no quiere preocupar a su familia, por lo que en sus videollamadas diarias intenta no describir lo que está pasando en la zona. Pero sus hijas se acaban enterando. "Lo más fuerte fue anoche (por el viernes). Fue tranquila, pero a las 6 de la mañana se escucharon bombas cerca y muy seguidas", les relató desde el almacén subterráneo del que no puede salir desde las 8 de la tarde hasta el amanecer, y sobre el que pasan continuamente aviones. "Si te tiene que pasar algo por la guerra te pasará en cualquier sitio", se consuela.

El sonido de los combates es algo que no se olvida con facilidad. Y bien lo sabe esta familia. "Lo pasaba mal. No entendía qué ocurría, y pensaba que si venía una bomba no podía hacer nada, no la podía parar. A mi madre le dolía el corazón, y mi hermana se asustaba mucho. Ahora estoy segura, pero cuando por la noche cuando pasa un avión u oigo un ruido me despierto y me asusta", reconoce Yulia, que asume que eso "se va a quedar en la cabeza mucho tiempo".

La preocupación le invade de la misma manera que a su familia de acogida, que hasta que no la volvió a abrazar no pudo respirar tranquila. "Mi madre biológica no dormía con las bombas, pero la de aquí (Lourdes) tampoco porque soy una más. Todo el viaje estábamos en contacto porque todos lo estaban pasando bastante mal", cuenta, agradeciendo la ayuda humanitaria desplegada. "En Polonia estuvimos viviendo en una casa que no conocíamos a esa gente, nos trajeron ropa, nos dieron de todo€ Es muy importante saber que no estamos solos", destaca, esperando que la vida que vivía antes, entre Ucrania y Pamplona, vuelva pronto.

"No entiendo para qué lo hacen y por qué. Necesitamos ser libres, y todas las personas somos libres. Algunas familias no podrán volver a su casa porque ya no tienen casa. Me fui porque mi padre insistió y tengo otro sitio a donde ir, pero hay gente que se ha ido porque han bombardeado su hogar. Espero que todo esto se acabe muy pronto y no muera más gente; que nuestras familias se junten de nuevo y si se vayan, sea de vacaciones", sentencia.

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