Neurología del HUN constata un "alto" impacto de la pandemia en las personas con párkinson

Detecta mayor afectación física, cognitiva y psicológica en los pacientes en fases más avanzadas | Una experta aboga por un "abordaje integral" de la patología

09.04.2022 | 20:00
Asistentes al acto que organizó el pasado jueves la Asociación Navarra de Párkinson (Anapar) en su sede de Pamplona.

La neuróloga del Hospital Universitario de Navarra (HUN) Itziar Gastón Zubimendi afirmó que el impacto de la pandemia de la covid-19 en "los pacientes con enfermedad neurológica en general y de párkinson –en particular, que son los que más ve en su consulta de trastornos del movimiento–, ha sido alto tanto a nivel físico, como psicológico y cognitivo", teniendo una mayor repercusión en aquellos que estaban en fases más avanzadas de la patología.

Tras reconocer que esta crisis sanitaria "nos ha afectado a todos", la especialista explicó que "aparte de la ansiedad que generó el tener que estar encerrados en casa y con limitación de movilidad, todas las actividades que intentan fomentar en estos pacientes, como la fisioterapia, la estimulación cognitiva o el ejercicio físico, se vieron interrumpidas". Indicó que esta población "no está acostumbrada" a hacer estas actividades por Internet, a pesar de que "muchos empiezan a ser ciber autónomos", por lo que "se perdió muchísimo tratamiento". Igualmente, la consulta también se interrumpió temporalmente, de manera que tuvieron que "recurrir al teletrabajo y a las consultas no presenciales", si bien la actividad presencial ya se recuperó "al 100%".

En esta línea, prosiguió, "la limitación física provocó que algunos síntomas estuviesen larvados y cuando los pacientes empezaron a salir a la calle por mayo-junio –aunque por teléfono les habían transmitido que se encontraban bien–, no estaban tan estables y el confinamiento había reducido su movilidad". Así, concluyó que "vimos más caídas y fracturas de lo que solemos ver y cognitiva y anímicamente les influyó muchísimo".

Lentitud y torpeza de movimientos


El párkinson, explicó la especialista, "es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente, después del alzhéimer, y lo que caracteriza a esta patología es la lentitud y la torpeza de movimientos, que generalmente suele empezar en un lado del cuerpo". Actualmente, hay 2.073 personas con este diagnóstico en las historias clínicas del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea –1.022 mujeres y 1.051 hombres–, con una edad media de 79 años. Así, en los últimos cuatro ejercicios se han registrado una media de 228 nuevos diagnósticos, si bien en 2020 –año en que irrumpió el coronavirus– bajó un poco hasta los 211 casos.

La doctora Gastón indicó que si bien el temblor es el síntoma más conocido popularmente, "no es el más importante, ni el que define a la enfermedad. De hecho, un 30% de los pacientes afectados nunca van a temblar". En cambio, "el que tenemos que detectar y debe de haber es una lentitud y torpeza en los movimientos finos y, luego, puede haber temblor, cambios en la marcha, rigidez... que son síntomas que necesitamos para completar el diagnóstico clínico".

Además, apuntó, hay unos síntomas que con frecuencia aparecen antes de la enfermedad –aunque pueden surgir después–, como son "la pérdida de olfato, el estreñimiento y un tipo muy concreto de trastorno del sueño". Y, finalmente, mencionó otros, como la sudoración profusa e intensa, el dolor, la ansiedad o la depresión.

Con motivo del Día Mundial de esta enfermedad, que es el lunes, la facultativa afirmó que "conocemos más su vertiente neurológica, pero tenemos que empezar a considerarla más sistémica –que afecta a todo el cuerpo–". A su juicio, "esto probablemente nos va a abrir puertas de opciones de tratamiento realmente esperanzadoras", de manera que "podamos conseguir frenar, detener o minimizar la propagación de la proteína alfa-sinucleina, responsable del daño neuronal". En cuanto a las novedades de tratamiento, a corto plazo lo "más factible son formas de administración nuevas –más sencillas, seguras y, en algunos casos, más continuas– de fármacos que ya tenemos", dijo.

También abogó por proporcionar "un abordaje o tratamiento integral, y no sólo farmacológico, porque es mucha la sintomatología y mucha la terapia que puede ayudar a los pacientes". En este sentido, explicó que "damos al cerebro lo que le hace falta, que es la dopamina, pero no podemos poner una alfombra roja a la enfermedad". Así, destacó la importancia de una vida activa: "Toda actividad física es necesaria y muy útil. Lo mismo estimulación cognitiva, terapia ocupacional... Tenemos que dar un abordaje integral y ahí las asociaciones tienen un papel fundamental".

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