El piso de 11 metros cuadrados en el que puedes cocinar desde la cama
Venden un minúsculo bajo interior en Madrid por 119.000 euros
Vivir en las grandes ciudades, como Madrid, es algo que no todo el mundo se puede permitir. Y menos hacerlo en el centro, en los barrios más demandados. Allí las viviendas llegan a unos precios prohibitivos, tanto en venta como en alquiler. Y por ello surge gente que quiere aprovecharse de la situación para sacar al mercado infraviviendas que antes eran un trastero, el cuarto de las bicis o la portería. Esos pisos zulo acaban anunciados en portales inmobiliarios, lo que provoca la indignación de miles de internautas.
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La arquitecta Laura Pato, a través de su cuenta Le Petit Patito, saca a la luz algunos de esos habitáculos, analizándolos con su humor e ironía, y ha dado con uno que tiene su aquel. “Queréis vivir todos en Malasaña y no se puede”, ha titulado el vídeo en el que muestra el anuncio, que en un par de días ha alcanzado medio millón de visualizaciones y más de 1.000 comentarios.
11 metros cuadrados
Piden 119.000 euros (y eso que lo han rebajado más de 10.000 euros recientemente) por un piso de 11 metros cuadradosconstruidos (con lo que los útiles serán aún menos) que al ser un bajo interior adquiere todavía más esa condición de zulo. Porque en esos metros cuadrados no se puede llevar una vida digna, no hay espacio para ello.
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La puerta de entrada da a la única estancia, minúscula, con un espejo, un zapatero, un par de cuadros y una cama de 90 centímetros a menos de medio metro de la pequeña cocina, que tiene una televisión colgada en la pared, “neverita para birras” (según define Laura Pato), lavadora, placa vitrocerámica con dos fuegos, fregadero y unos cuantos armarios, algunos de los cuales llegan hasta el techo, “para guardar cosas que no utilizamos mucho, como por ejemplo el exprimidor eléctrico, que es difícil de fregar”.
Todo en tamaño miniatura
Sobre la cama hay una pequeña ventana (la única) con rejas que da a lo que parece un rellano interior, con lo que la luz natural y la ventilación (real) brillan por su ausencia. Y al lado una estrechísima mesilla “para pinkies y tangas”. Eso sí, algo tan básico como un armario para guardar la ropa no hay; habrá que dejarla en la cocina junto al pasapurés y los botes de especias o en una estantería que hay en la pared.
Queda el baño, con puerta “tipo acordeón” y un pequeño lavabo orientado hacia la puerta, con lo que “puedes lavarte las manos desde la cocina”. Además, incluye una reducida bañera, “perfecta para bañarnos de cuclillas”, cuando habiendo tan poco espacio lo lógico y sensato habría sido poner un plato de ducha.