Era una posibilidad. Y ha ocurrido. La división de PSN y Geroa Bai en la votación sobre la concertada propuesta por UPN abre una vía de agua en el Gobierno de Navarra de consecuencias inciertas. Ha sido una mañana frenética, de ir y venir de portavoces, llamadas telefónicas, apartes y reuniones. Contactos al más alto nivel, también con alguna derivada hacia Madrid.
Nada sirvió para evitar una crisis que se veía venir desde hacía días, que se ha dejado que vaya hasta un límite quizá irreversible, y que el miércoles por la tarde vivió unas horas caóticas, solo menos frenéticas que las de esta mañana, rematadas por un debate tenso, de continuos reproches entre socios, y con una intervención final del consejero Carlos Gimeno en la que ha desvelado que poco menos que el acuerdo entre socios pasaba por la prevaricación, acusación que ha negado la parlamentaria Itxaso Soto (Geroa Bai).
Para más adelante el contexto de lo ocurrido. Lo inmediato: la ley de UPN ha salido adelante con los votos de UPN, PP y Vox a favor, las abstenciones de EH Bildu y Geroa Bai y el voto en contra de PSN y Contigo Zurekin, y con tres enmiendas de EH Bildu. Básicamente, sale adelante la ley de UPN sin preámbulo, con otro título y con la retirada de facto de la orden foral de Gimeno. La moratoria, al final, será de un año, tal y como había propuesto UPN inicialmente, al no ser aprobada la propuesta de EH Bildu en este aspecto.
Las enmiendas de EH Bildu aprobadas sobre la base de la ley de UPN empiezan por cambiar el título, que ya es de "Ley Foral de prórroga de unidades concertadas y bajada general de la ratio máxima de alumnado por unidad escolar como consecuencia de variaciones en el número de alumnado en centros sostenidos con fondos público". La segunda enmienda ha suprimido el preámbulo de la ley de UPN. La séptima propone derogar la orden foral que aprobó Gimeno.
El consejero de Educación, Carlos Gimeno, propuso hace semanas el cierre de 14 unidades en la escuela concertada con el pretexto de una bajada demográfica. El movimiento de Gimeno, a su estilo, sin tacto, despertó recelos en la concertada y especialmente en las ikastolas, cuya federación ha seguido este debate muy de cerca.
Geroa Bai siempre abogó por una solución que no implicara cierres ni medidas traumáticas: si baja la demografía, aprovechemos para bajar las ratios. Dinero hay. Las posiciones se enquistaron hasta el límite, hasta que el choque era inevitable: ni Gimeno quería rectificar su decisión ni Geroa Bai estaba dispuesto a cruzar una línea roja, que es ser cómplice del cierre de aulas en las ikastolas en estas circunstancias, allí donde se mantuvo la educación en euskera hasta en los peores tiempos del franquismo. Contigo Zurekin, tercer socio, ha seguido todo desde una cierta distancia. Se han remitido al acuerdo programático y se han mantenido en la defensa de la pública sobre la red concertada. No han querido entrar a la negociación de última hora y han apoyado la medida de Gimeno desde el principio, sin idas ni venidas.
Al margen de la postura de cada partido, la imagen general del Gobierno no es buena. Existe una crisis, es evidente. Las consecuencias son inciertas. Los socios han dejado que diera muchos pasos un problema que luego se ha desbocado. Por posturas maximalistas, por falta de comunicación, por falta de mano izquierda. Por lo que sea. Ha ocurrido y ahora a ver qué pasa.