Habrá quien piense que es ventajista decirlo hoy, tras la sesión parlamentaria más tensa que se recuerda entre los socios en el Parlamento de Navarra. Pero que iba a haber un problema con el departamento de Educación estaba claro. Se veía venir. Y, además, de lejos. La crisis vivida entre PSN, Geroa Bai y Contigo Zurekin a cuenta de la decisión del consejero Gimeno de eliminar 15 unidades en la concertada, también en varias ikastolas, no hay que entenderla como un hecho aislado. Hay que verla como parte de una larga discrepancia, que hunde sus raíces ya en la legislatura de 2015 a 2019 –cuando Gimeno era un parlamentario de oposición– y que ha experimentado una escalada en los últimos meses.
La de hoy es la más ruidosa y la más grave, pero en enero PSN y Geroa Bai volvieron a tener un desencuentro con Educación, en aquella ocasión a cuenta de la incomprensible gestión por parte del departamento de la crisis dentro del Centro de Recursos para la Equidad Educativa en Navarra (Creena), cuya dirección dimitió tras la firma de un convenio entre el departamento y la Fundación Alegría. Ander Domblás, el que era el director del centro que un día dirigió el propio Gimeno, dijo entonces que lamentaba que el consejero no hubiese mantenido ni siquiera una reunión con ellos.
Que Geroa Bai no apoyase al PSN en una moción parlamentaria sobre el tema hizo que los socialistas les cogieran la matrícula y trataran de devolverles la jugada con una propuesta para eliminar el blindaje de los profesores de religión. En esa ocasión también se partió el Gobierno. No hay ningún otro departamento que genere tantos problemas entre los socios. Parte de culpa la tiene el propio Gimeno, desde hace tiempo un hombre señalado por socios y rivales como difícil al trato. De formas bruscas, fiel al partido y poco más.
La altura de la crisis, al nivel más elevado, entre cabeceras de partidos, ha orillado a la verdadera víctima política de todo esto: el propio Gimeno, cuya resolución foral de la discordia, la del cierre de unidades, se ha llevado por delante una ley de UPN enmendada por EH Bildu con el permiso de Geroa Bai. Un fracaso político. Él se sabe quemado y ayer por la mañana, un parlamentario con mucha experiencia advertía: “Cuidado cuando el león está herido”.
La intervención de Gimeno
El león pegó un zarpazo cuando al debate le quedaba la traca final. Los miembros del Gobierno pueden hacerlo en cualquier momento. Pidió intervenir después de que Itxaso Soto, parlamentaria de Geroa Bai, reprochara falta de voluntad política en el PSN para solucionar esta crisis sin llegar al límite. En una intervención insólita salió para dar zarpazos fuera y dentro de la coalición. “Mire, señora Soto, la única propuesta que se me hizo ayer por la tarde fue vulnerar la ley, fue prevaricar, fue resolver un recurso de alzada con inmediatez, estimándolo y soslayando lo que tiene que hacer una funcionaria”, le respondió, en quizá la parte más hostil. Después Soto tomó la palabra para negar que hubiesen planteado algo semejante. Quizá sea un acierto convocar una reunión entre socios para el lunes, unos días después del sofocón de ayer.
De todo lo sucedido ayer también tomará nota Geroa Bai. Seguro. Por encima del vaivén del miércoles, por encima de quedar mejor o peor políticamente –que han quedado mal–, termina con una postura que entienden sus votantes: de la mano de EH Bildu para defender un asunto crucial para ambas fuerzas, que es la defensa de las ikastolas, con toda la dimensión social y militante que eso tiene. Hay algo que todavía resulta inexplicable: qué propició ese error de cálculo que les llevó a anunciar un acuerdo sin calibrar bien el impacto que iba a tener en una federación de ikastolas que compareció de urgencia para decir que no, que ese acuerdo no. Es mejor cometer un error que te pueda llevar a terminar con un Gobierno que cometer un error que pueda acabar con tu razón de ser.