el mundo televisivo funciona mejor si sus protagonistas son sota Flores, caballo Bustamante y rey Borbón. Del resto de la baraja mejor olvidarse, porque con ellos es difícil crear un juego que entienda la memoria endeble del espectador. Y digo esto porque son precisamente éstos los que inundan la programación pase lo que pase. No hace mucho Lolita Flores protagonizaba un programa Volver con... en TVE donde se vendía no se sabe si su figura de cantante y actriz, la ciudad de Marbella o ambas a la vez. La no publicidad de TVE referida a la promoción personal es un arma que puede volverse contra la cadena y contra sus espectadores si siguen por esos derroteros. Si en TVE nos condenan a contarnos siempre la misma historia, apaga y vámonos. Hace ya mucho que nos la sabemos. Por ahí van los jueves con esos invitados, a través de los cuales se empeñan en repetir los tópicos vaselina con los que hablan del tardofranquismo y se congratulan por la Transición. Siempre la misma historia que acaba, sí o sí, repitiendo el mensaje de Juan Carlos del 23-F.

Y prueba de que los personajes televisivos no se renuevan una vez descubiertos es la presencia de David Bustamante allá donde se le reclame. Uno no sabe si es cantante o su papel de actor de sí mismo da un juego extraordinario en televisión. Se le pudo ver el sábado en La hora de José Mota y en la final de Fama y a bailar. Quizás pensando en el personaje más que en el bailarín el concurso se lo llevó Jonathan, cuya fama de borde y creído le precede. Ya basta de que a los bailarines ganadores no se les recuerde de una edición a otra. Y permítanme una crítica técnica. La realización que sigue las coreografías de Fama continúa siendo tan alejada de la danza que uno no puede pensar sino que, en el fondo, está hecha para destacar el lucimiento de todos menos de los bailarines. Y es una pena.