En una vivienda cualquiera, una imagen aparentemente inofensiva se convierte en prueba. Detrás de una televisión colgada, una orla en blanco y negro del curso 1966-67 del Colegio Diocesano Nuestra Señora del Puy de Estella-Lizarra revela mucho más que un recuerdo escolar. En ella aparece, entre otros alumnos, Jesús Zudaire. Sobre ellos, el profesorado. Y ahí, señalado para siempre, el sacerdote José San Julián Luna. Para Zudaire, esa fotografía no es nostalgia: es evidencia. Su historia queda reflejada en 'Cruzar la noche': de la denuncia a la reparación por los abusos sexuales a menores en la Iglesia católica, un programa que se emite este martes a las 22:00 horas en La 2 de TVE.
Presidente de la Asociación de Víctimas de abusos de la Iglesia en Navarra, Zudaire no necesita imágenes para recordar. Su memoria sitúa los primeros abusos a los 7 años. A los 12 comenzó a entender lo que ocurría. Cuando intentó rebelarse, la respuesta fue más violencia: palizas, castigos y suspensos. A los 14 años abandonó el colegio. Durante décadas, el silencio marcó su vida.
El punto de inflexión llegó en 2019. Entonces decidió denunciar y dar un paso más: fundar una asociación para visibilizar lo ocurrido. “Sabíamos que no éramos los únicos”, explica. Según el colectivo, durante los años en los que José San Julián Luna ejerció como docente, podrían haberse producido cientos de casos. Algunas agresiones, aseguran, ocurrían incluso en el aula, delante de otros alumnos.
Un patrón de encubrimiento
El caso de Estella-Lizarra no es aislado. Según relata Zudaire, en los años 70 ya existió una denuncia interna contra el sacerdote. La respuesta fue su traslado a otro centro. Nunca compareció ante la justicia y mantuvo su vinculación con la Iglesia hasta su fallecimiento.
Este patrón de actuación —denuncias internas, traslados y ausencia de consecuencias penales— es señalado por las víctimas como un ejemplo claro de encubrimiento institucional. Una percepción que también recoge el informe del Defensor del Pueblo, que cifra en cientos de miles las víctimas de abusos en el ámbito eclesiástico en todo el país.
“Demasiadas décadas de silencio”
En una reunión reciente en Navarra, varios miembros de la asociación compartieron su experiencia. El ambiente, cargado de emoción, mezcla dolor y rabia acumulados durante años. Denuncian no haberse sentido escuchados ni acompañados por la Iglesia. Sus testimonios apuntan directamente a la falta de respuesta efectiva por parte de la Conferencia Episcopal Española.
Critican especialmente el funcionamiento del Plan PRIVA, el sistema de indemnizaciones impulsado por la Iglesia para casos prescritos o con agresores fallecidos. Hasta enero de 2026, se han destinado cerca de 1,8 millones de euros para compensar a 61 víctimas. Una cifra que consideran insuficiente frente a la magnitud del problema.
Nuevas vías, mismas demandas
El acuerdo alcanzado este año entre Iglesia y Estado introduce un nuevo modelo: la Iglesia asume el pago de las indemnizaciones, mientras que la Administración fija su cuantía. Muchas asociaciones valoran positivamente el cambio, aunque insisten en que la reparación no puede limitarse al ámbito económico.
En esa línea, voces como la de Juan Cuatrecasas, presidente de la asociación Infancia Robada, reclaman medidas integrales: terapias gratuitas, acompañamiento psicológico y apoyo para superar situaciones de exclusión social, laboral o educativa.
Navarra, referente en justicia restaurativa
En el ámbito institucional, Navarra ha sido pionera. La Comunidad Foral puso en marcha un ծրgrama piloto de justicia restaurativa dirigido a víctimas de abusos. El objetivo: ofrecer un espacio terapéutico donde poder procesar décadas de silencio.
Jesús Zudaire participó en este programa. Reconoce que le ayudó a avanzar, a encontrar cierta paz. Pero también subraya que eso no sustituye a la justicia: “Un agresor tiene que estar en la cárcel, no en un convento”.
El contexto internacional y la presión creciente
Mientras tanto, la cuestión trasciende fronteras. Casos recientes, como el del obispo de Huesca y Jaca investigado por orden del Vaticano tras la denuncia de una víctima mexicana, evidencian que la presión sobre la Iglesia es global. El debate ya no gira solo en torno a los abusos, sino también a su gestión y posible encubrimiento.
Expertos en derecho canónico reconocen que estas prácticas fueron sistemáticas durante décadas. Sin embargo, también apuntan a avances recientes en protocolos de prevención y atención a víctimas.
Memoria, verdad y justicia
En Navarra, estremecen historias como la de Estella. Relatos que durante años permanecieron ocultos y que hoy emergen con fuerza. La sociedad navarra, cada vez más consciente, asiste a un proceso complejo donde memoria, verdad y justicia se entrelazan. Para las víctimas, el camino no ha terminado. La reparación sigue siendo una asignatura pendiente. Y mientras tanto, aquella orla en blanco y negro continúa colgada, recordando que detrás de cada imagen hay una historia que merece ser escuchada.
