Paisajes de agua, tierra y tiempo
el pintor navarro javier sueskun expone su obra más reciente en la galería ormolú de pamplona
Escuchando a Javier Sueskun, uno se da cuenta de lo importante que es en el arte saber mirar. Y saber, a secas. Esa sabiduría que a Sueskun le han dado los años -y en concreto cuarenta dedicado a la labor docente- la ha enriquecido el pintor tudelano con la que él mismo ha cultivado mirando. Sabiendo mirar el arte del pasado, ese que admira y que por lo tanto de una manera lógica late en cierta forma en sus obras, y sabiendo mirar también la naturaleza presente. Otra forma de arte que es un regalo para la vista, y en especial para la del artista que, como él, sabe interpretarla estéticamente.
En el caso de Javier Sueskun (Tudela, 1974), la naturaleza más cercana a su vida, esa en la que de chaval jugaba y correteaba y en la que se bañaba, inspira gran parte de su producción. Aunque en el resultado no sea tan relevante el dónde, sino ese nuevo universo en que, en manos (y en los ojos) del pintor se ha convertido ese paraje determinado, o ese detalle del fluir del agua o de la hojarasca flotando en el río. Un universo poético -y bello- que trasciende lo etiquetable para plantear cuestiones muchas veces misteriosas y enigmáticas como lo es el efecto de la niebla en la naturaleza o el refulgir de la luz del sol o de sus reflejos en el agua: el inevitable paso del tiempo, la permanencia a través del fluir de una existencia fugaz -la impermanencia, por lo tanto-. Metáfora de esta realidad de la que muchas veces no somos o no queremos ser conscientes, son los paisajes de Sueskun, de los que puede disfrutarse ahora en la galería Ormolú de Pamplona.
Bajo el título De agua y tierra, la exposición acerca al público una selección de la última obra del pintor navarro, en un recorrido por 16 óleos sobre lienzo de los que 7 han sido realizados en este 2012. El agua, los reflejos y transparencias, una constante en la obra de Sueskun desde 1998, siguen aquí, y como contrapunto a este tema, la referencia al secano. La fluidez frente a la solidez. La disolución de formas frente a la rotundidad de la materia. El agua (la vida) frente a la tierra yerma (la muerte). La dualidad de la existencia -todo contiene su opuesto- y una oportunidad para emocionarse y sentir, para reconocernos en la existencia que a cada momento fluye y cambia, aspirando a hacer de cada instante eternidad.
¿Y por qué esa metáfora del paso del tiempo? "Porque va pasando. A los 65 años uno se da cuenta de que pasa...", dice riendo Javier Sueskun, quien reconoce que "la naturaleza es en sí un espectáculo hermoso, pero queda ya poca, hay muy pocos lugares vírgenes". Junto al río (el Queiles, el Ebro...), en el recorrido expositivo luce el Canraso. Ese campo raso, sin vegetación -aunque el término también quiere decir collado, montículo- que al pintor se le asemeja muy femenino. "Porque si te fijas el color es rosado o dorado, son paisajes de una temperatura cálida, de una textura suave y esponjosa, y con formas que se abren", dice aludiendo a "esos barrancos que tienen un misterio de una profundidad o lejanía que pueden inducir cierto miedo y que invitan a entrar".
Pero no siempre todo es vida o muerte, agua o tierra. "La necesidad de la humedad y de la tierra al mismo tiempo es algo que me viene mucho en los cuadros de las nieblas", apunta el artista tudelano. "Me interesa esa entrevisión de la forma que no es nítida, y que en el resultado da lugar a una abstracción mas o menos icónica", añade Sueskun, quien lleva sus parajes al lienzo basándose en fotografías de esas vistas a las que vuelve una y otra vez. "Son lugares que ya me conozco bastante bien, montes a los que íbamos de críos a tirarnos pedruscazos, ríos en los que nos dábamos baños o nos mojábamos los pies, cogíamos renacuajos... Mi infancia ha estado ligada a esos riachuelos y acequias de riego. En Tudela, sobre todo antes, salías del casco urbano, dabas un paso y ya estabas en el campo", cuenta el autor, quien guarda un lugar en su obra para la Bardena, un paraje que, dice, "se puede redescubrir permanentemente". Así, redescubriendo y reinterpretando esa naturaleza "sobrecogedora", el artista huye de lo formal de una manera muy equilibrada para llevarnos hasta lo sublime. "A esos espectáculos que se producen cuando hay nieblas, tormentas, días nublados...".
Desde la memoria y desde esa sabiduría cultivada mirando arte y naturaleza, la obra de Javier Sueskun nos remite en muchos casos a Constable, Turner, Corot, a la Escuela de Barbizon y, cómo no, al Impresionismo, lenguaje que ronda en todos los temas del agua y que en algún cuadro en concreto nos recuerda a Monet. Sueskun, que en septiembre se jubila como profesor de Estética y Teoría de las Artes en la UPNA tras 40 años en la docencia, tiene ante sí la motivación de hacer a partir de entonces "todo el trabajo de pintor que no he podido realizar antes por falta de tiempo". Ya tiene senda por la que seguir caminando: la que lleva a la abstracción icónica "partiendo de la selección de determinados datos de la realidad, elementos que pueden ser aparenciales pero no son del todo representativos", dice. Esa tendencia está en sus últimos cuadros, y en ella quiere seguir experimentando Javier Sueskun. Un pintor que cree que hoy "no hay educación del gusto, y en el arte contemporáneo esto es especialmente sangrante. Se han hecho muchísimas estupideces", opina.