Este miércoles 14 de enero se cumple un año del incendio que alejó a Pamplona de las estrellas.
Un triste suceso que ha marcado a la ciudad causando la pérdida de un referente en la divulgación y la educación científica y astronómica.
El fuego arrasó las estrellas
Eran las 7.13 horas de la mañana de aquel martes 14 de enero cuando la columna de humo blanco que salía de la cúpula del Planetario alertó a un vecino de Yamaguchi, que avisó de inmediato a SOSNavarra. Las llamas llevaban ardiendo desde antes del amanecer.
Por suerte, en ese momento en el edificio no había nadie. Pero lo más valioso de su interior estaba siendo arrasado. Por culpa de un fallo eléctrico, la sala de proyección de estrellas, Tornamira, y su platea con más de 200 butacas, ardían por los cuatro costados, y el hormigón que sostenía la cúpula –ya rota en parte por la fuerza de las llamas– alcanzaba por momentos los 400ºC de temperatura.
El fuego hacía estragos, y los bomberos le hacían frente, luchando para que evitar el colapso total de la cúpula. Lo lograron. El fuego comenzó a perder fuerza y la característica cúpula no se hundió.
La renovación, en proceso
Esa reconocible torre, que se ha podido mantener, seguirá siendo emblema del Planetario en su futura nueva etapa.
Para garantizar esos años venideros de actividad en el edificio se lleva trabajando desde finales del pasado agosto, y hace unas pocas semanas, justo antes de Navidad, se conoció la licitación del sistema de proyección y el equipamiento de la añorada Sala Tornamira, la más afectada por el incendio.
Tal y como informó entonces la sociedad pública de Gobierno de Navarra NICDO, que gestiona el Planetario, se prevé un plazo máximo de ejecución de 13 meses para este proyecto de renovación que cuenta con un presupuesto de casi 2,5 millones de euros.
Los trabajos permitirán recuperar la cúpula de proyección, de 20 metros de diámetro, de tipo hemisférico (180°), destinada a proyección fulldome y plenamente compatible con sistemas de proyección óptico-mecánicos (proyector de estrellas) y digitales; el proyector estelar optomecánico, que proporcionará una reproducción óptica precisa y realista del firmamento, y que se instalará sobre el elevador central –como en el anterior proyector ZEISS, que quedó completamente calcinado en el incendio–, retraíble bajo el suelo de la futura sala.
La Sala Tornamira era “la joya de la corona” de un edificio singular y emblemático en la ciudad, y referente a nivel estatal e incluso europeo
Además, el pliego de licitación recoge el suministro, instalación y puesta en marcha del software de simulación astronómica y del software necesario para la operación del sistema de planetario; así como el sistema de sonido envolvente en toda la sala; el sistema de iluminación general, ambiental, escénica y técnica para la sala y la cúpula de proyección; y la nueva consola de control, que se ubicará en la propia sala.
El futuro del Planetario: cruce entre ciencias y artes
La renovada Tornamira tendrá una configuración y unas dotaciones “flexibles e innovadoras”.
Eso es lo que NICDO ha detallado que se buscará en la reconstrucción del corazón del Planetario. La sala que se calcinó se había renovado ya en 2018 junto con el proyector ZEISS, capaz de reproducir un cielo estrellado de gran calidad con más de 9. 000 estrellas en una cúpula de proyecciones que, con 20 metros de diámetro, es de las mayores del mundo.
Esta sala que el incendio arrasó era “la joya de la corona” de un edificio singular y emblemático en la ciudad, y referente a nivel estatal e incluso europeo.
NICDO se propone convertir el Planetario en “un centro de referencia que fomente el cruce entre ciencias y artes"
Con su forma cilíndrica en tonos ocres y azules, el Planetario de Pamplona era el segundo más grande de los existentes en España de estas características.
Desde su inauguración el 26 de noviembre de 1993, el centro fue un punto de referencia para la divulgación astronómica en el Estado y Europa, organizando conferencias, proyecciones y eventos que han acercado el cosmos a miles de visitantes, desde escolares hasta astrónomos aficionados y expertos.
Su cúpula de proyección y su programa educativo lo convirtieron en un epicentro del conocimiento del universo en Navarra.
Una transformación que el incendio ha acelerado
Un espacio referente del que durante un año entero no se ha podido disfrutar, y que en la Comunidad foral han añorado especialmente los centros escolares, que no han podido sumar a su aprendizaje la Escuela de Estrellas, la actividad más exitosa y con mayor demanda de público de la historia del Planetario de Pamplona –que vuelve este 2026 aunque diferente, como propuesta itinerante–, y que durante el pasado ejercicio pretendía batir su récord llegando a más de 18.000 escolares.
El triste suceso del que se cumple ahora un año enseguida fue visto por el Gobierno de Navarra como un potencial “punto de inflexión”, una “oportunidad” para adecuar la futura infraestructura “a necesidades del siglo XXI”.
Así lo dijo poco después del incendio la consejera Rebeca Esnaola, añadiendo que la voluntad es impulsar una “renovación integral” en cuanto a usos y contenidos del Planetario; transformarlo en “un centro de referencia en el que la divulgación científica conviva con otras disciplinas como la creación audiovisual y la música”.
En otras palabras, que el Planetario pase de ser un espacio STEM a ser “una referencia STEAM” (Science, Technology, Engineering, Arts & Mathematics). Es decir, que abandone su perfil casi exclusivamente científico para apostar por una actividad que fomente el cruce entre ciencias y artes.
Un proyecto que NICDO ya había puesto en marcha unos meses antes del incendio, y en el que se enmarcó el cambio de dirección que puso fin a la etapa de 34 años al frente de la gestión de Javier Armentia, sin sustituto/a en su cargo. Desde entonces, el equipo científico del Planetario trabaja liderado por Paula Noya, como directora de Infraestructuras Culturales de NICDO.