Carlos Sá Mayoral (París, 1965), investigador, autor de Miguel de Unamuno ¿Muerte natural o crimen de Estado? y miembro de la Asociación Unamuno Elkartea AUE. La hipótesis de que el filósofo y escritor, fallecido de muerte repentina, fue asesinado por el franquismo la comenzó a plantear la escritora estadounidense Margaret Rudd en su obra El hereje solitario (1963). Hoy cobra más cuerpo.

Usted escribió un libro sobre qué pudo causar la muerte de Unamuno, y ahora la Universidad de Salamanca con apoyo de la UPV está abordando este asunto.

Es una iniciativa fantástica, al intentar esclarecer esas zonas oscuras del momento de la muerte de Unamuno y sumar en esta investigación. Yo me he pasado varios años de mi vida haciéndolo, bienvenido sea lo que nos ayude a ese esclarecimiento.

Pero usted se inclina por pensar que fue una muerte provocada.

Tras una visita de dos personas a la casa de Unamuno. En principio él no tenía una orden domiciliario, pero estaba seguido por soldados y policías desde el 12 de octubre. El 31 de diciembre estaba solo en casa, a excepción de Aurelia, la criada de la familia, que estaba en la cocina, un piso más abajo. Se reunieron Bartolomé de Aragón, Unamuno y una tercera persona. Y se oyeron voces y gritos.

¿Cuál era el motivo de la visita?

No está claro. Bartolomé de Aragón dio varias versiones a lo largo de su vida. Él era un profesor falangista que llegó a reivindicar a Lorca, a Juan Ramón Jiménez incluso a Alberti.

¿Pudo la discusión llevar a Unamuno a un infarto o derrame?

Pero deciden llamar a Alfonso Núñez, un médico represaliado, al que le habían metido una multa de 75.000 pesetas, en aquella época una fortuna, por sus ideas republicanas. Este señor, amigo de Unamuno, se encontró ese panorama. Yo entiendo que le llamaron para que hiciera lo que le mandasen.

¿Qué dejó escrito?

En su acta de defunción no consignó asesinato, lo que hubiera sido un suicidio, pero habla de hemorragia bulbar, que estadísticamente es muy difícil y que para poderla consignar tendría que haber visto el proceso de muerte o hacer una autopsia, lo que no se hizo. Habría sido mucho más fácil consignar un infarto, y con eso se hubiera acabado el problema sin levantar sospecha. Pero una hemorragia bulbar es siempre sospechosa de criminalidad. Él entendió que quizá pasó algo extraño en el bulbo raquideo, lo que se pretende en ciertos tipos de ejecución, y se colocó ahí, por si a futuro, cuando acabe la guerra alguien pueda ver que algo pasó. Hubo gritos y una zapatilla de Unamuno se quemó con el brasero. Y eso en criminalística son signos claros de violencia. Hubo violencia con toda seguridad en ese momento.

El asunto parece de novela de Agatha Christie.

Dada la magnitud del personaje tenían que hacer algo que pareciese una muerte natural. El Estado franquista no podía dejar a Unamuno vivo. Meterle en la cárcel hubiera sido un escándalo internacional, y le hicieron callar, pues hablaba con periodistas y criticaba la política franquista.

No está del todo claro qué dijo Unamuno dos meses antes en el célebre acto en el Paraninfo, pero fue polémico. Y dos cartas aportan contexto.

Nunca sabremos las palabras exactas en el Paraninfo. Debe haber transcripción taquigráfica de todo, pero no aparece. Pero sabemos las consecuencias. Al día siguiente del 12 de octubre le expulsaron del Ayuntamiento donde era concejal, y a los dos días del rectorado. No hace falta ser tan escrupulosos con qué dijo o dejó de decir, algo pasó. El propio Unamuno en su carta a Henry Miller cuenta la que se armó por decir que vencer no es convencer, criticando la violencia de los fascistas delante de ellos. Qué acto tan valiente, por cierto. Yo encontré esa carta y el informe que emitió el jefe del Servicio de Información Militar a Franco. Eso demuestra que Franco estaba detrás del seguimiento. ¿Por qué? Porque Unamuno era un tipo muy importante, y su mayor baza cultural. El 12 de octubre Unamuno fue al Paraninfo en representación de Franco. Este había hablado antes con él, se dio cuenta de que se le iba de las manos, y pensó que si Unamuno acudía por él el día de la puesta de largo del Estado Nacional le adularía, pero este siguió su propio guion.

El SMI cuenta a Franco que Unamuno quiere huir al extranjero.

A Unamuno le contaron que había orden de matarle si trataba de huir. Y once días después de la carta del jefe del SIM le vino la muerte en esas extrañas circunstancias.

¿Cómo ve las investigaciones en curso de la USAL?

Es posible que la intención sea hacer una necropsia del cadáver, es importante hacerla. Igual no sería determinante, porque pudo fallecer por formas de muerte que no dejan huella. Creo que hay suficientes pruebas circunstanciales en aquel contexto de guerra donde se mataba a cualquiera por mucho menos de lo que estaba haciendo Unamuno, para saber que lo mataron, haya o no necropsia. Bienvenida sea, otra cosa es si la familia tiene intención y que no tiene por qué dar ningún resultado en ciertos casos de muerte, como la asfixia, teniendo en cuenta además que han pasado 90 años. Si se hubiera hecho una autopsia en el momento de la muerte habría sido mucho más fácil determinar cosas.

Usted conoce a descendientes de Unamuno.

A bastantes de ellos. Pero por respeto no les pregunto. Además, será la decisión de toda la familia, y supongo que habrá varias sensibilidades, hay descendientes en Madrid, en Gijón, Salamanca, y supongo que por alguna parte más de España.

Un asesinato confirmaría el carácter brutal del régimen, y eso ya convierte el asunto en materia sensible, y más en estos momentos.

Pues efectivamente es un suma y sigue a la tragedia en esa guerra civil. En aquel momento, el autor más importante de España, también a nivel internacional, era don Miguel de Unamuno. Tuvo mayor trascendencia Lorca por su martirio por el franquismo. Estoy convencido de que Unamuno fue otro mártir, otro asesinado por el fascismo. Era un hombre muy valiente y no cejó de repetir donde podía que aquello era una salvajada. Es verdad que inicialmente dio un pequeño apoyo al golpe, pensando que iba a ser incruento. Vamos a ver si por fin derrumbamos esa escultura que han hecho algunos de un Unamuno franquista, absolutamente falsa, como ya demostró Margaret Rudd en su libro y como estamos intentando demostrar muchas otras personas. Clara Campoamor también estaba en contra de los excesos del Frente Popular, y Unamuno pensó que aquello sería un golpe como el de Primo de Rivera. Pero estos salvajes empezaron a lo bestia, y él hizo el acto más valiente de un intelectual en la Guerra Civil. Se puso a gritarles en la boca del lobo; tenía garantizada la muerte. Creo que él era consciente de lo que iba a pasar. Y reivindicó ser vasco y defendió la libertad y luchó contra el fascismo hasta las últimas consecuencias. La asociación Unamuno Elkartea está reivindicando en Bilbao su figura, porque aún queda alguna suspicacia. Vamos entre todos a conseguir que no haya ninguna. Hay suficientes datos para dejar claro que fue asesinado.

Usted reside en Salamanca, ciudad clave en la trayectoria de Unamuno. ¿Cómo se está viviendo allá esto?

Digamos que hay resistencia, cuando debates con ellos con seriedad no hay problema. El problema está en quienes no quieren debatir y piensan que es imposible que Franco quisiera matar a Unamuno. Angelito Franco... sabiendo el perfil de estas personas, que eran bastante psicópatas, a los que no les importaba matar prácticamente a ningún enemigo... pues Unamuno era un gran enemigo, porque su predicamento fuera de España habría hundido la credibilidad del Estado franquista, porque era el mayor intelectual que tenía Franco en aquel momento. Y esa eliminación no la iban a fiar a un solo hombre, que además no era ningún fascista salvaje, y hasta reivindicó a Lorca en un acto público.

Por eso mismo, cabría pensar que él no habría sido capaz de matarle.

Bartolomé de Aragón no era un furibundo fascista psicópata, no me cuadra que fuera el asesino. Después de esto tuvo un perfil muy bajo. Es verdad que progresó en el franquismo, pero ya no con ese perfil popular inicial. La posibilidad de que se sospechase de él le pesó toda su vida. Él estuvo ahí, pero como los que estuvieron en Montjuic fusilando a Companys, porque les tocaba. Seguramente participó de alguna manera, pero seguro que obligado. Y posiblemente más de testigo de una salvajada sobre la que tuvo que callar de por vida. Además la situación familiar de Aragón tampoco era sencilla. Su hermano, que era uno de los mayores masones de Huelva, siempre estuvo en la cuerda floja.