La comedia de situación Aida es probablemente el serial de más éxito y continuidad de los últimos cinco años gracias a la exhibición de sus vergüenzas vodevilescas en una galería de personajes que sólo pueden programarse en la cadena del italiano Vasile para mayor gloria de la desfachatez y el histrionismo hispanos. El desarrollo temporal de la serie ha gozado de un amplio y generoso elenco de actores que han dado vida a personajes rozando el esperpento, la exageración y el reduccionismo grotesco aderezado con textos escabrosos y llenos de matices xenófobos, machistas y mal educados. La palma de los personajes ficcionados la lleva un tal Mauricio, dueño de un establecimiento que se convierte en el transcurso de los capítulos en una especie de plaza pública por donde pululan los inventados protagonistas de una serie llena de cutrez y mal gusto. En ese establecimiento de licores y bebidas reina como señor absoluto de la barra del bar un tipo con bigote, mala leche, expresiones vejatorias para los emigrantes (Machupichu y términos similares). También hay sitio para los apelativos para el personal extranjero que atiende la barra del citado bar y que reciben capítulo sí y otro también, insultos, menosprecios y calificativos indignantes. Los guionistas tienen especial habilidad para construir personajes que lejos de ser de carne y hueso se cimentan en el expresionismo y la exageración de talantes y comportamientos extremos. Este Mauricio que comentamos es sin duda el estereotipo que debiera eliminarse o maquillarse porque sus expresiones y comportamientos rozan el código penal, sobrepasando la libertad de creación y expresión, que tienen unos límites y que el fascistoide tipo los rebasa con extraordinaria facilidad. Un muñeco deleznable, despreciable, de escaso valor, inconsistente y lleno de contravirtudes ciudadanas a no imitar. Vamos, un asquito.